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Experiencia religiosa y patología

Tratamiento en la dinámica de la patología de la experiencia Religiosa

Magisterarbeit 2011 138 Seiten

Psychologie - Religionspsychologie

Leseprobe

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

CAPITULO I
EL PROBLEMA DE DIOS
1.1 Neurosis Religiosa
1.1.1 Dios: Una fantasía mental
1.1.2. El dios ausente
1.1.3 El dios sádico y castigador
1.2. Dios: ¿Una realidad espiritual?
1.2.1 Libertad: expresión humana
1.3. Dios y La belleza del hombre

CAPITULO II
PECADO Y CULPA
2.1. Don de Sanación
2.1.1. Un conflicto humano
a. Tormento del pasado
b. Culpabilidad interior
2.1.2. Una realidad Divina: sanación del corazón
2.2. El demonio
2.2.1. El conflicto emocional no perdonado
a. Fantasmas mentales
2.2.2. Trascendencia del mal

CAPITULO III
EXPERIENCIA RELIGIOSA
3.1. Un refugio de los sufrimientos
3.2. La ilusión del exorcismo
3.2.1. Una solución de los dolores internos.
3.2.2. Una solución de los escapes mentales
3.3. La religión: un refugio del Yo

CAPITULO IV
METODOLOGÍA Y RESULTADOS
BREVE ANÁLISIS DE ALGUNOS CASOS
- Un Dios irreal
- Los fantasmas del pasado
- Falsa convicción
- La vida interior y su análisis
- Una dirección espiritual

CAPITULO V

CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA

INTRODUCCIÓN

Desde un principio la humanidad ha procurado descubrir en lo profundo de su interior, de su sentimiento, de su pensamiento y de su espiritualidad algo que le permita encontrarse y guiarse al más allá de la vida natural. Intensión que le ha encerrado en un mundo donde intenta revelar a Dios en todos los ámbitos personales y sociales posibles que integren su vida personal. No importa el tipo de mentalidad para involucrarse a lo divino, sea constructiva o destructiva, lo único importante es sentirse bien con Dios.

La mayor parte de las circunstancias en la vida personal han confundido la experiencia espiritual mística con la patología mental. Mezcla un acontecimiento deteriorado de la vida psicológica con la práctica religiosa al considerar realidad divina. Se transforma en carga destructiva y deteriorante para el ser humano, llena de dolor, de sufrimiento, de melancolía, de angustia y de nostalgia.

El individuo crea refugios mentales por medio de la experiencia religiosa. Los momentos rotos, destruidos, desgarrados, deteriorados y traumáticos ayudan a fabricar dioses buenos y malos que perjudican la vida personal, social, familiar y eclesial del individuo. Fundamentaré esta investigación en el análisis que hacen Carl Roger, Jordi Front, José Bonet, Agustín caballero, Carlos Domínguez y José Castillo. Punto de vista que comienza con el análisis del primer capítulo: la presencia divina en la vida del sujeto, el cual se transforma en problema sin entender el sentido y el significado divino a nivel unitario o comunitario –trino-. Dios es la representación mental de los progenitores. En la mentalidad cristiana la figura de Dios juega dos papeles importantes con la concepción psicológica del Padre y de la Madre; la imagen de María también contiene una connotación maternal para el creyente; ellos son los protectores y los regidores de la vida humana. La destreza mental de esta imagen –Dios- encierra al sujeto en un mundo con sentido mágico de poder, de lujo económico, de bienestar personal y de autoridad jerárquica.

La confusión en el aspecto filosófico y espiritual de la imagen divina crea un conflicto en el significado y en la concepción de la figura mental creada sobre este Dios. Encierra al ser humano en una neurosis religiosa generada por la creencia visceral sobre una deidad llena de estructuras moralizantes que deterioran las conductas humanas en torno a la vida personal y comunitaria. Crea en el intelecto del sujeto fantasías sobre un dios castigador y sádico que satisface necesidades individuales y egoístas del sujeto como algo mágico y fantástico, por medio de sacrificios que simbolizan el tributo a culpas cometidas y calman la cólera divina.

Es una deidad ausente que existe fuera de la realidad del hombre. Lo único que busca es satisfacer su afán personal con legalismos en el proceder humano, encierra la vida del individuo en plegarias ficticias llenas de melancolía, de nostalgia y de angustia. El inconsciente del sujeto juega el papel de niño: Dios es la figura paterna/materna que no escucha, quiere encontrarse amado y protegido por ellos, quiere existir en ellos y por ellos pero habita ausente de sí mismo, como persona, como hijo y como creyente, se sumerge cada vez más en su “yo” falso y deteriorado que le permite subsistir en un aislamiento total. Dios es castigador, ausente y sádico que pide la muerte del hijo para calmar su sed, su ira y su enojo. Él involucra al sujeto en la práctica religiosa llena de rituales simbólicos que calman el dolor, el sufrimiento y la angustia.

Dios se transforma en mito y fantasía humana que ayuda a desarrollar el complejo de Edipo en el individuo. Vive un enamoramiento con la madre –templo- que lo acoge, lo escucha y lo protege. Esta imagen es el refugio espiritualizado del sujeto que pone todas sus limitaciones humanas en la concepción eterna de Dios. El hombre sigue creando fantasmas mentales, sus demonios, los cuales no le permiten vivir en libertad de su ser. El ser humano no desarrolla y no comprende que la verdadera riqueza está en su libertad interior, en su ser autentico, en descubrir su “Yo” real y conciso. La belleza humana está en el sujeto que se descubra, se encuentre y viva para sí una vida plena con todas sus limitaciones y complejidades personales.

El declive del ser humano como persona, como individuo introduce al segundo capítulo. Llega a considerarse para sí como el ser más indigno y deteriorado de la naturaleza como creatura de Dios. Se entierra muchas ocasiones en el fatalismo de su existencia por los errores cometidos –pecados-. Siente que Dios no le perdona sus flaquezas con facilidad, esto le mantiene en incertidumbre sobre su historia personal, le sumerge en angustia y nostalgia de sus actos, intenta superar su pasado y añora un futuro incierto para conocer. Destruye toda relación intra y extra-personal que puede gozar, se arruina a sí mismo y destroza la vida de los demás, de su pareja, hermanos, familia, trabajo, estudios y comunidad.

Establece continuamente nuevos métodos de sentirse perdonado y amado por los demás, especialmente por Dios. Alberga un mundo lleno de fanatismo y ritualismo de purificación, destruye la mentalidad de compañerismo y se transforma en centro de admiración y desarrollo espiritual de los demás, con su “Yo” falso cimenta un narcisista y un fanático por excelencia. Al no sentirse sanado por la supuesta experiencia religiosa que imagina poseer, busca nuevas ademanes de sanar su “Yo” deteriorado y destruido. Si logra ser parte fundamental de un grupo religioso imagina que tiene poderes mágicos y supra-naturales de sanación con lo que fabrica un caparazón de insolencia, orgullo y soberbia.

Son mentalidades psicológicas deterioradas en la experiencia religiosa con mayor énfasis el mesianismo y el chamanismo. Los grandes poderes se ubican en sus manos y en sus palabras, son únicos de él; manipula a Dios a su antojo, a su manera en el lugar y el tiempo que él desea y necesita. Este tipo de dios es consecuencia de un pasado que no se supera en forma positiva y encierra tormentos en la mente del individuo. Demuestra una conjugación de “Yoes”, de la personalidad deteriorada en su comportamiento, en sus acciones instantáneas e inconscientes y sus tics destructivos.

La culpabilidad interna de sí mismo por todas sus caídas y errores no le permiten integrar su “yo real”. No puede descubrir con facilidad la salud interna de su corazón para ser una persona que trasciende y se integra a lo divino, desde su limitación no se acepta como ser humano. Al no poder experimentarse como ser integro observa en cada circunstancia negativa la presencia y la acción del maligno, del demonio. Satanás es el tentador de su vida que impide el encuentro pleno con Dios, él descompone la vida religiosa del sujeto, es base fundamental para que el individuo permanezca en continuo sufrimiento y dolor por la culpa y el pecado cometido. El hombre lucha inagotablemente en contra de las imágenes fantasiosas que surgen del conflicto emocional que no le permite perdonarse.

Para avanzar a un tercer capítulo donde la experiencia religiosa de cualquier dimensión y orientación espiritual permite al sujeto tratar de eliminar los velos, las partes oscuras de la mente que no admiten explorar la dimensión sobre-natural. La vivencia religiosa se presenta de manera experiencial y experimental. Trata de confiar en algo extra-personal de carácter místico al cual mira que actúa de forma magnífica y fantástica. La mentalidad estropeada en la costumbre religiosa genera un abanico de patologías psicológicas que son un refugio de sentimientos deteriorados de la vida personal del individuo. Este tipo de pensamiento asfixia y desfigura la vida y refuerza la doble personalidad que desintegra al sujeto.

Para restablecer la ruptura y el conflicto interno de la personalidad, el sujeto practica todo tipo de sanación y de limpias con brujos, chamanes, curanderos. Esta visión permite recurrir a pastores de ambos grupos, sea católico –sacerdote- o de alguna religión –protestante/no católico-, para que le realice un ritual de exorcismo, para expulsar los demonios que causan los dolores internos y le destruyen la vida. Elabora ritos de liberación y purificación, oraciones, plegarias, suplicas dirigidas a un dios mágico y fantástico para que lo libere de ataduras malignas presente en su historia, como la mala suerte, enfermedades, dolores, y así obtener bienestar económico, laboral, familiar y social. En este ámbito el personaje que realiza este tipo de curación psico-espiritual tiene una función importante en la vida del individuo, ya que puede motivar a la manipulación de la mente y de los dolores internos del enfermo.

La intelectualización de la práctica religiosa hace que el sujeto realice un exorcismo (sacerdote, pastor no católico, chaman, brujo, etcétera), son la proyección de sus dolores internos hacia el individuo necesitado de sanación. Él mira en los acontecimientos del cliente la imagen de un dios despótico y sádico que se satisface con el dolor humano: hay que sufrir intensamente en esta vida para ser feliz en la eternidad. Tiene la idea de ser elegido por dios obteniendo el poder para deteriorar a los demás y que puede condenar y juzgar sin medida, se cree superior a todos en cualquier ámbito, posee la palabra de Dios en su vida, es el perfecto prototipo del creyente, es la admiración y la alabanza del mundo. Es un narcisista por excelencia que se enamora de sus manos, de sus actos y de sí mismo. Presenta una falsa humildad y un egocentrismo en los acontecimientos de su vida intima.

En el entendimiento del hombre se presenta una lucha de poderes entre los dioses. Los dioses buenos ayudan a realizar los propósitos positivos y espirituales de los sujetos, los dioses malos –demonios- destruyen la vida del sujeto y de la humanidad sin permitir una subsistencia plena de la felicidad prometida por Dios. La experiencia religiosa se transforma en el escondite del “Yo” interno deteriorado y destruido, es la guarida de las enfermedades mentales. El sujeto vive en una adicción interna de dolores, de sufrimientos, de angustias, de penas, de tristezas y toda ruptura psico-spiritual que no le permite establecer una salud emocional consigo mismo, con el otro y con lo divino.

Una terapia psicológica o psico-espiritual no es porque el ser humano esté loco, demente o fuera de su cordura, sino para tener una salud mental más armonizada. Descubre la riqueza como persona digna de su propia naturaleza humana como un ser que falla y cae, como un ente que trasciende hacia lo divino y descubre la presencia de Dios real en su vida espiritual de creyente.

CAPITULO I
EL PROBLEMA DE DIOS

A lo largo de la historia de la humanidad han surgido grandes dificultades para dar a conocer quién es Dios. Un nombre que en sí abarca muchos títulos en las diferentes culturas y religiones (no viene al caso nombrarlos puesto que no es un tratado de Teología Divina). Lo más importante es el análisis que se presenta dentro de la cultura Cristiana. La dimensión que se percibe a Dios está en dos connotaciones muy importantes: Los hermanos separados –cristianos protestantes de la Iglesia católica- le reconocen con el apelativo de Dios único –uno e indivisible, Jehovah-. Para la cultura Cristiana Católica no es simplemente un Dios –uno- sino es un Dios que se conforma por tres personas distintas –trino- y se conoce con el nombre de Santísima Trinidad -Padre (Yahvé), Hijo (Jesús) y Espíritu santo (Paráclito)-.

Los modos de ver a Dios por estos dos caminos distintos adentran al sujeto a una problemática mental-psicológica e histórico personal. La fijación del individuo en la figura de un Dios-paterno y un Dios-materno. La visión protestante que se fija exclusivamente en la figura Dios-paterno realza el control patriarcal; la figura del varón como parte fundamental y exclusiva en torno al desarrollo de la sociedad familiar y cultural. El complejo patricéntrico es una estructura psíquica en que la relación de uno con el padre (o sus equivalentes psicológicos) es la relación central[1]. Dicha perspectiva proporciona un mayor énfasis al predominio de la figura del padre y con esto fundamenta la organización individual cerrada.

La connotación de la figura paterna dentro de la religión cristiana protestante se encuentra en dificultad con la figura materna de Dios, no sólo por considerar únicamente a Dios como varón sino de manera especial con la figura de la mujer “María”. Esta dimensión divina no acepta el símbolo femenino sobre todo el vínculo -Madre de Dios- de María en ningún ámbito. Siendo una contraposición de la religión, los Cristianos Católicos aceptan plenamente la imagen maternal de María como la “Madre de Dios” y la “Madre-Virgen”. Dos visones que llevan relaciones muy importantes en la psicología humana dentro de la experiencia religiosa del individuo, de manera especial en la estructura psíquica del creyente que se presenta como hijo en la filiación intimo-maternal de María. Puesto que, el elemento femenino-materno cuenta como un factor de primer orden en la experiencia religiosa general[2].

La imagen maternal de la Mujer –la Virgen María- que es elegida por Dios para ser Madre de su Hijo, encerrando una visión de identificación profunda referente al sujeto que no mira en ella simplemente a la “Mujer-Virgen” sino también a la “Mujer-Pura”. La mujer es creador… ella se deja amar, acoge; en ese aspecto está representada por María, que puede presentarse como signo de la feminidad maternal de Dios que es el Espíritu Santo[3]. A diferencia de la concepción Protestante que no acepta estos títulos en María, como mujer “Madre, Virgen y Pura”. Enclaustrándose en un patriarcado absolutista y dominador.

En la persona de María se concentra una profunda visión humana y divina referente a la cultura y proyección del ser humano. El proceder especial de dicha visión que surge en ella, es, siendo creatura de Dios es elegida entre la humanidad para ser exaltada a la divinidad (coronada como diosa) por medio de Jesús -Dios Hijo-. Es el panorama y la unión psicológica del hijo que ama a la madre percatándose que es parte integrante y complementaria de ella. La fantasía de la madre-virgen se ha sobrepuesto e impuesto sobre la figura de María de Nazaret, convirtiéndola en pantalla para la proyección de los deseos infantiles más inconscientes[4]. Anhelos íntimos que reflejan la relación edípica del sujeto frente a la madre.

La concepción católico-trinitaria sobre Dios -Padre, Hijo y Espíritu Santo- asigna un realce a la noción fecundativa-materna por medio de la creación. La expresión amorosa del <<Padre>> que origina todo por amor a la humanidad. En su dialogo creador “hagamos al Hombre a nuestra imagen y semejanza... Dios creó varón y mujer, los creó” (Cf. Gen. 2, 1-4). La imagen de este Dios-creador que nos ofrece este relato es tan masculino como femenino que fecunda, engendra y otorga la vida al ser humano.

Estas tres personas que conforman al Dios –trino y uno- mantienen al sujeto en un abismo mental de confusión. No sólo dentro de la experiencia religiosa sino en la manera de concebir y aceptar este aspecto en la práctica personal del creyente. Esta estructura trinitaria está fuera de la realidad espiritual de una concepción religiosa-monoteísta sobre Dios en referencia al hombre. El cuestionamiento continuo y sin respuesta sobre cómo puede ser que Dios -Padre- se encarne en toda su esencia en el Hijo –Jesús-, y a la misma vez es parte integrante de una tercera persona -Espíritu Santo-, y aún así continúe siendo uno sin división alguna. Esto le sostiene al ser humano en problema sobre cómo entender a este Dios.

Tenemos como resultado la manera espiritual-teológica de concebir la imagen divina del Dios Trino y uno: La encarnación está contenida en la manifestación plena del Padre, en el Hijo, con el Espíritu Santo. Implica que le asigna una nueva dirección a la concepción y concepto de “Dios” en este plano de la teología mas no presenta la solución. El problema continúa como experiencia personal/monoteísta del individuo referente a Dios –uno-. Pues bien, Jung encuentra aquí un rasgo muy significativo: la trinidad ofrece dos novedades significativas. 1) No es una trinidad sexual, fundada en el padre-madre, pues en ella no existe una figura femenina, ni masculina, pues un padre sin madre ya no es masculino. 2) Es trinidad y no cuaternidad, en contra de lo que pide el equilibrio psicológico, que pide siempre que se cumpla y complete la complexio oppositorum, hecha de la oposición masculino-femenino, en lo paterno filia[5].

Este esquema que trata de explicar la existencia de Dios en su esencia, en su Ser trinidad, es un problema porque no es fácil captar el mensaje psicológico, filosófico o teológico de dicha imagen. El hombre no está preparado mental, ni experiencialmente para comprender el sentido de este componente trinitario -Padre, Hijo y Espíritu Santo-. La estructura trinitaria se sale de la concepción monoteísta de Dios -uno- y se transforma en una concepción politeísta de Dios -tres-.

De esta manera, tenemos dos caminos diferentes para saber acoger este problema mental y racional sobre dicho Dios –uno y trino-. El aspecto teológico -mundo ideal- que mezcla la “fe” en Dios: dogma y creencia absoluta sin refutación alguna sobre dicho contenido, para atribuir su sentido y su significado total a este problema, ayuda a encontrar gran variedad de explicaciones y contenidos para facilitar y conocer la idea del concepto de Dios. Por el otro lado, tenemos el mundo de la ciencia filosófica: el concepto y el contenido de la palabra “Dios” ha sufrido una mutación a lo largo de la historia de la humanidad, es algo que no se puede verificar a plenitud, queda opaca esta palabra para la razón-filosófica, la cual, lleva a una negación de dicho concepto. Así, la Palabra “Dios” y su considerar, Francisco Piñón Gaytán, en su libro Concepto y problema de Dios: una reflexión filosófica (2001: 164-166): nos expone con más claridad sobre la razón de este problema:

- Tanto en términos filosóficos y teológicos, es más lo que no conocemos de lo que conocemos de Dios.
- En Filosofía, de Dios no podemos decir casi nada, por la palidez de los conceptos.
- El concepto de Dios es un concepto analógico por excelencia. Es decir, subraya la diferencia y relativiza la identidad con todos los demás seres.
- La razón sigue buscando creer para entender.
- Toda reflexión de Dios borda un sobre una tradición previa
- La razón discute de manera sistemática y ordenada
- En teología, por el concepto de divinidad es inalcanzable y las palabras faltan.
- Utiliza la palabra Dios como discurso explicativo sobre la fe en Dios.
La fe como:
- Asentamiento de la razón, como elpís (esperanza), es decir, como razón para esperar.
- Como conocimiento fundamental, básico, que propone una explicación global donde reconocer la realidad.

Con esta pequeña pauta se puede dar cuenta que el problema de “Dios” en el campo teológico está resuelto; puesto que, el concepto de Dios como dogma de fe es la causa eficiente -creador-, es la fuente del existir humano y del cosmos. En el ámbito filosófico “Dios” sigue siendo un problema mental-racional, ya que no es fácil concebir su presencia material ni su sentido de Ser sin la existencia humana. Es el recurso que nos comparte Nietzsche en su libro “Ecce Homo”. (2005. 38). Dios es eso, una pregunta enorme, una falta de consideración para nosotros los pensadores. Diré más: es una prohibición intolerable; la prohibición de pensar.

También cuando la razón no resiste el espejismo dialéctico y confunde el ideal trascendente de la totalidad de los predicados con un principio constitutivo del conocimiento objetivo, cae en una trampa que lleva acometer varios errores (Ibíd. Francisco Piñón. Pg. 148):

a. “Realiza” o “reifica” la totalidad, es decir, hace de ella un objeto.
b. Hipostatiza o “substancializa” a dicho objeto, es decir, lo afirma como objeto existente fuere del sujeto pensante.
c. Lo personifica, es decir, lo considera como persona individual.

El interés racional de encontrar el objetivo y la plenitud de las cosas, en especial en el argumento –Dios- como totalidad y origen de la naturaleza hace que los individuos se sumerjan más a la indagación de contenidos y de predicados posibles para aclarar su contenido. Kant nos presenta un nuevo paradigma teológico racional que consta de cuatro partes: la idea de la divinidad como totalidad es doble –perfecta y real-, su interés racional por el conocimiento pleno presupone tanto el modelo como el origen de todos los predicados posibles. Precisamente la idea de un ser perfectísimo y realísimo es a lo que Kant llama idea trascendental (Ibíd. Pg. 149):

1) Rechaza todo intento de conocer objetivamente a Dios, en especial demostrar su existencia.
2) Sustituye el puesto de Dios considerado por lo que él denomina idea trascendental. Así, pues, Dios es la idea racional del conocimiento objetivo, mas no es una idea conocida objetivamente.
3) Abre el camino a una teología moral; pues no será ya la razón teórica el lugar primario en que se plantea la cuestión de Dios, sino que será ahora la razón práctica y la razón moral el ámbito en que puede formularse legítimamente la cuestión.
4) A la luz de la teología filosófica y de su creencia moral en Dios, Kant propone una interpretación de ciertos enunciados y principios fundamentales de la revelación judeocristiana, interpretación; en la cual, el concepto de mal radical juega un papel fundamental.

Caminando un instante por el mundo de la psique encontramos dos líneas diferentes que orientan la dirección de las pulsiones internas del sujeto, es decir, un estudio de la psicología con lineamiento religioso y otra dirección no religiosa. La psicología de la religión y psicología aplicada trata de mirar y entender la presencia de Dios: como el compendio que guía hacia la realización plena del individuo, como la comprensión del misterio histórico del desarrollo humano. Por lo tanto, la palabra –Dios- es la imagen que designa la presencia del ser supra-terrenal, omnipotente, omnisapiente, creador, salvador, etcétera, como parte integrante de la experiencia religiosa personal y de la vivencia cultural. Dios es misterio. No es posible expresar el misterio de Dios ni el misterio del hombre en conceptos científicos, exactos y precisos. Necesitamos servirnos de imágenes y símbolos[6].

El problema continúa para nuestro entendimiento al tratar concebir a Dios y su presencia en las tres personas. Sobre todo en el carácter espacio-temporal y terrenal de la Paternidad de Dios. Puesto que a lo largo de la historia de la religión han presentado a Dios-Padre con una imagen terrorífica y temible: el asesino, el cruel, el celoso, el guerrero, el condenador y el castigador frente a sus hijos desobedientes, “Porque Yahvé tu Dios es un fuego devorador, un Dios celoso” (Dt. 4, 24). Perfil paternal aterrador que genera bloqueos y problemas en la concepción psíquica-mental, consciente e inconsciente, del creyente. El inconsciente está ahí siempre y, de una manera u otra, determina y colorea cualquier tipo de formulación consciente, religiosa o no[7].

Nuestra vida con la personalidad aterradora y divina de Dios-padre está llena de fantasías mentales. Es un dios engendrado en diferentes maneras y formas, en gustos y disgustos, bueno y malo, fabricado a la medida personal que permite sentirse realizado y satisfecho con la imaginación. Esta figura mental afecta de acuerdo a la profundidad y al contenido de las circunstancias -crisis- presentes en la vida cotidiana. Perjudica la experiencia religiosa que conjuga la experiencia personal con la vida familiar, comunitaria, social y eclesial. La reacción frente a dicha situación será del procedimiento funcional o disfuncional de acuerdo al grado de intensidad, duración y frecuencia con el que se percibe y se acepta dicho acontecimiento. Situación que nos comparte Freud: la religión como patología, y del monoteísmo como una obsesión por el padre con quien el individuo no ha resuelto la relación originaria. En su pensamiento, la religión es la perfecta coartada para resolver la ausencia del padre[8].

El argumento patriarcal-monoteísta de Dios que enseña la cultura Judía y que a través del tiempo heredó la religión Cristiana está presente en los apelativos bíblicos de -el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, el Dios de nuestros primeros padres-. El modelo –paternal- del varón fuerte, leal, elegido, protector y guía está presente en la vida infantil del individuo. Esta estructura patriarcal-organizativa ha jugado un papel muy importante en la historia de las culturas, porque ha dejando en segundo plano –subordinación- la percepción de la mujer bajo el señorío del varón. Entorno a la concepción religiosa de Dios, el problema psicológico del hijo –creyente- no comprende la representación paterna de Dios sin la figura materna que es el mismo Dios. Al constituir la imagen paternal una función y un polo, no adquiere todo su valor sino en una relación dialéctica con la figura de maternal[9]. De esta manera, el fenómeno religioso será, en una síntesis, una proyección social que tiene una fuerza propia como superestructura de la consciencia y, en concreto, en todo el código moral que se impone al yo y que reprime sus instintos y pulsiones originarias[10].

Continuando con el análisis en la psicología de tinte no religiosa como el psicoanálisis hace referencia especial a la figura del Hijo -Jesús Cristo-: Dios encarnado y nacido de una Mujer, la Virgen María, idealizando de modo más sublime la percepción maternal de la mujer; reactiva de mejor manera la mentalidad del individuo con una relación más íntima y profunda en la filiación del Hijo -único y elegido- con referencia a la madre -virgen- que no es poseída por el padre. El lazo de unidad íntima-profunda existente entre el hijo y la madre -complejo de Edipo-, es lo que el sujeto proyecta desde su inconsciente al símbolo materno y sus equivalentes que no desaparecen de la psique humana. El complejo matricéntrico, en cambio, se caracteriza por un sentimiento de confianza optimista en el amor incondicional de la madre, sentimientos de culpa más escasos, un superyó mucho más débil y una mayor capacidad para el placer y la dicha[11].

Conocer sobre la imagen divina en el aspecto femenino que no se concibe con facilidad dentro de la cultura y de la religión Cristiana, es un enigma entorno a la experiencia religiosa del individuo. Es la incógnita que no permite comprender plenamente la concepción y la fecundidad -aspecto propio y único de la mujer- en sentido divino. A pesar que la pedagogía religiosa utiliza dentro de las imágenes una de los símbolos más sutiles para personificar la presencia del Espíritu Santo -la paloma-, la cual sustenta el emblema alusivo más fálico femenino y delicado no es aceptado como Dios-femenino dentro de la religión cristiana. La paloma, atribuido de la diosa-madre, es asumida en la cultura neotestamentaria como atributo del Espíritu Santo. La paloma es un símbolo tierno y materno…donde se posa ella, se gesta vida. Así, ocurre con el Ruah Yahvé (‘el Espíritu de Dios’)[12].

La inimaginable riqueza femenina del amor, Dios en su sentido fecundo es para con toda la humanidad. Al hablar del amor de Dios es la presencia más sublime de la feminidad enriquecedora y fértil que otorga vida al cosmos, al universo y de modo especial a la psique humana. No es posible omitir de Dios la parte fértil -aspecto maternal- de su existencia, porque él establece completamente con su palabra (Cf. Gen. 1, 1-2, 4), y todo lo que él crea es bueno, es maravilloso. Por lo que, la paternidad de Dios tampoco podría ser comprendida sin la referencia, explícita o implícita, al elemento materno y femenino[13]. Porque el amor de una madre es vivificante, es unificador, es imparcial y sobre todo reconciliador. Es el perfil paterno de Dios que no puede existir sin el tinte femenino –materno- que ofrece la vida, es la fuente vital que adentra al ser humano desde su concepción religiosa en la relación simbiótica hombre-Dios hacia el vínculo unificador más íntimo, madre-hijo.

En el entorno religioso la figura de María llega a ser el arquetipo de unidad entre el hombre-cosmos, el hombre-naturaleza y manera especial el hombre-Dios. Desde la antigüedad ella está arraigada en el contexto psicológico-popular de la cultura occidental. La presencia de María como la madre y sus diferentes apariciones a lo largo de la historia en la humanidad deja una gran huella en lo profundo del pensamiento religioso del pueblo. La persona de María llega a ser la doncella más venerada, retratada y reverenciada a lo largo de la historia de las mujeres en el campo divino y humano. Por lo tanto, la figura de María-Madre encierra un factor de primer orden en el culto cristiano católico dentro de la práctica religiosa general.

María, una humilde mujer que por suerte o por desgracia le toco vivir en la Palestina del siglo I, madre de un líder de masas que llegaría a ser aclamado por sus seguidores como el “hijo de Dios”, y sin más pretensiones que sobrevivir con resignación y lo más dignamente posible en una difícil sociedad de forma autoritaria por el varón, nunca pudo llegar a imaginarse que su figura recordada para siempre, y menos aún sería convertida en una divinidad venerada por millones de personas de todo el mundo[14].

Ella constituye la fuente de proyección del ser humano a la madre amada. El amor materno de María hacia el hijo desprotegido se presenta en su máximo esplendor en la experiencia religiosa. Ella es uno de los focos de sumo interés dentro de la vida psíquico-espiritual del ser humano. María se convierte en el punto de anclaje de la humanización del amor en Occidente[15]. La figura de la Madre-Virgen profundiza mucho más el vínculo psicológico del creyente -hijo- con la protección de la madre anhelada. En especial la idea de María como madre en el contexto religioso frente al hijo alimenta, nutre y ofrece nueva vida –salvación- al ser humano que sufre su caída –pecado-. La madre –María- encamina a su amado hijo a disfrutar la esperanza, el sueño anhelado, apreciar la grandeza de la redención y del amor maternal –el cielo-.

La virginidad simboliza también el estar disponible. Para la mujer virgen, para el hombre virgen, la palabra es más importante que la carne. En este caso, la Palabra de Dios es más importante que la carne. Por eso, la Iglesia quiere que María sea Virgen antes y después del parto, como si hubiese alumbrado una palabra, como si lo que salió de ella fuera una palabra, la Palabra de Dios, el Verbo y no una masa de carne que hubiese surgido, en el espacio, a través de su cuerpo carnal de progenitora. De este modo, el fantasma edípico de la madre-virgen encontraría en quien se identifica con Jesús, la posibilidad de redimir y trascender su apego fetal, oral y carnal de individuo llevado, alumbrado y alimentado por su madre humana[16].

Por último, la creencia religiosa de los pueblos occidentales aceptó la persona de María como la gran fuente en la espiritualidad popular que gira en torno a la Madre-divina. La representación de protectora y mediadora constituye un primer plano en la veneración divina de los pueblos. Su imagen, posibilita el acceso al lenguaje y también a las figuras que se encuentran más allá de sus fronteras: el silencio, la música o la pintura[17]. Lo contrapuesto a la exaltación de María, la Madre-virgen, es la parte negativa que recibe sobre la concepción de la mujer en una sociedad machista-patriarcal. Visión destructiva que deja la imagen mutilada de un modo esencial. Porque si la grandeza de María la hace “Única”, su unicidad conlleva un precio muy importante: la exacerbación del masoquismo[18]. Omite el cuerpo femenino limitando a un ocultamiento de la sexualidad.

La mujer permanece en constante lucha entre el pecado y la santificación. Ícono patológico que conserva en pugna continúa a la imagen de la mujer: Eva –Pecado- y María –redención-. El modelo mariano –la pura- encuadra a la mujer en estándares de comportamiento que limita y deteriora la presencia femenina en los ámbitos culturales, sociológicos y religiosos. Resalta muy profundo el personaje de la mujer -Virgen- entregada a Dios, con la promesa de salvación y de glorificación al final, después de permanecer y soportar el tiempo de sufrimiento y de dolor. En ella radica el símbolo de la madre protectora que viene del cielo para reunir a sus hijos –los creyentes- en la gloria del Padre, es decir, en el ceno materno. En lo espiritual, inspira, en lo material protege. María significa siempre la actitud pura del alma que sustrae a la pasión de este mundo y que escucha el logos que viene del cielo, y recibe la Revelación, en el interior del alma. –Raúl Ortega[19] -

En conclusión se diría que la problemática de Dios en sentido paterno-materno, está presente en la percepción inconsciente del sujeto. El ser humano busca constantemente una relación plena y un encuentro real con el objeto amado. El símbolo del padre y de la madre son desfigurados por los acontecimientos reales y cotidianos –positivos o negativos- que vive el individuo en su entrono familiar. El sujeto fabrica un escondite psicológico en la experiencia religiosa, de manera especial fomenta una manipulación en la relación intra-personal y extra-personal en nombre de Dios. Porque desde el momento en el que a Dios le pensamos tanto a partir de la simbología femenina como de la masculina y lo experimentamos tanto como Madre o como Padre, la figura de María dejara de considerar para sí sola esa dimensión fundamental de la feminidad y se le devolverá a Dios todos esos aspectos maternales que, en una escisión muy discutible, quedaron todos polarizados en la figura de la madre de Jesús[20].

La intención de esta parte es ofrecer una breve visión sobre el cómo las situaciones conflictivas de los seres humanos afecta de manera directa en la experiencia religiosa. En primer lugar, la neurosis religiosa como efecto de los conflictos personales no reparados en el sujeto. Tiene un concepto distorsionado de dios, que se encuentra ausente en los momentos críticos del individuo; también presenta una representación de dios castigador y sádico en las circunstancias difíciles –pecados- que engloba la naturaleza humana.

La comprensión de la libertad humana como expresión vital y referente interno del crecimiento personal frente al cosmos, al universo y lo trascendente -Dios-. La independencia del ser humano como demostración de la salud interna que ayuda a reflejar un estilo más autentico en la experiencia espiritual, como individuo independiente y social. Es libre cuando, disponiendo de un conocimiento claro y distinto sobre lo bueno o lo verdadero, se inclina por lo mejor y por lo más verdadero[21]. Para finalizar, en la imagen del Dios auténtico el ser humano debe encontrar su propia e intima experiencia particular, como individuo construye su porvenir y la belleza humana de su madurez individual. Implica que el ser humano no está libre de sucesos de dolor y sufrimiento sino que conserva un espíritu firme que le permite sobrellevar mejor su vida personal. No son las cosas mismas las que al hombre alborotan y espantan, sino las opiniones engañosas que el hombre tiene de las mismas cosas. –Epicteto, traducido por Quevedo[22] -.

1.1 Neurosis Religiosa:

Al hablar de religión nos percatamos que es un ámbito muy amplio dentro de la cultura humana. El individuo ha poseído constantemente esa proyección interna a indagar y unirse con lo trascendente en especial con Dios. Así la religión es el enfoque dinámico de valores que invitan al ser humano a comportarse y a vivir acorde a ciertos principios y creencias delimitados . La religión en sentido genérico, es el complejo de las relaciones que unen al hombre con Dios y de los deberes que de ellos derivan. La religión toma diversos aspectos, según el modo como se concibe y se siente la divinidad, y cómo uno cree poder ponerse en contacto con ella[23].

Entonces la historicidad de la vida humana está ligada a estándares de valoración ética y moral que conforma el marco de la estructura religiosa. La práctica religiosa está guiada por determinadas formas de comportamiento como costumbres culturales, está centrada en la condición limitado-temporal de la existencia del individuo. La perspectiva de la religión contribuye que la historia del hombre ya no esté orientada por una ciega necesidad de satisfacciones individuales que deforman y enferman la relación del individuo con el mundo; está enfocada en su visión por lograr la unión con lo trascendente; construye un proyecto como el puente que le une a Dios. Dicha experiencia le permite descubrir en lo divino el componente de su realización personal y de su salud mental. Idea que comparte G. Jung (1932): me parece que las neurosis han aumentado considerablemente, en proporción directa a la decadencia de la vida religiosa, aun que no existan estadísticas que puedan demostrarlo[24].

Siguiendo la concepción del psicoanálisis, para Freud, la estructura neurótica tiene su origen básico en un conflicto de naturaleza sexual infantil no desarrollada que sufre el sujeto en relación con la madre: La estructura neurótica tendría entonces su base en el conflicto que se forma entre las pulsiones sexuales propias de la situación edípica y el superyó, que tiene como consecuencia la angustia de castración[25]. La experiencia religiosa en todos sus componentes como los ritos, las reglas, la forma y la estructura son acogidas por el individuo como el molde esencial de su personalidad, como base de cumplimiento y defensa que ayuda a esconder las tendencias deformadas del sujeto neurótico obsesivo. La misma neurosis obsesiva de la persona, en el fondo, era una especie de religión privada, una religión personal creada por el neurótico mismo. –Freud[26] -.

Este tipo de vida religiosa es llenado en lo profundo de su estructura con un contenido de reglas éticas moralizantes. Son la base perfecta donde el sujeto con tendencia neurótico-obsesiva puede ocultar de mejor forma su visión y su vida en la supuesta relación con lo divino –Dios-. La religión es una creencia en un poder divino, omnipotente, omnipresente y omnisciente, a quien se debe adorar y obedecer como creador del universo; creencia que envuelve un código de ética y moral, o sea, una norma de conducta para distinguir entre el bien y el mal[27]. Normas de comportamiento que son acogidas a cabalidad y rigidez. Ellas son la mejor guía mental para la conducta del individuo neurótico. Es decir, la experiencia religiosa del sujeto sin una buena salud mental no le permite vivir en plena libertad. Él vivirá en constante conflicto, disgusto, reproche, presión y deterioro interno personal.

El proceso de conocerse a sí como persona, le ayuda a descubrir sus propios límites, los conflictos internos deterioran paulatinamente su comportamiento y sus actos. Exterioriza un shock al no aceptar el proceso de ruptura con el objeto amado, es un acontecimiento de muerte de sus deseos e impulsos internos. Le conserva en momentos de dolor y sufrimiento con las distintas circunstancias que surgen en su vida. Alimenta en su pensamiento unos mecanismos de protección, los cuales, son la mejor forma de defenderse del exterior. En este proceso de refugio el más destacado es la concepción y la elaboración rígida de prácticas religiosas. Transforma estos tipos de rituales en el mejor escondite para ocultar una cadena neurótica de conflictos psicológicos.

La neurosis no es, pues una enfermedad-estado, aunque sean muy abundantes los trastornos subjetivos que el sujeto manifiesta. La neurosis, o mejor el neuroticismo, es una dimensión de la personalidad a lo largo de la cual cada sujeto ocupa una determinada posición en función de la responsabilidad de su organismo, de la historia biográfica y conflictiva que tuviera, de su mayor o menor grado de condicionalidad, de su tolerancia a la frustración, de las situaciones ansiógenas a las que esporádica o crónicamente está sometido, de la vulnerabilidad de su organismo a la ansiedad[28].

En el transcurso de la historia, la religión ha influido mucho en la dinámica evolutiva del pensamiento y en la personalidad de los seres humanos. Las prácticas religiosas han determinado las conductas humanas dentro de la cultura y de la sociedad en general. Por tal motivo, la religión se ha transformado en un arma de doble filo en la vida psíquica del hombre; es la manifestación de aspectos tanto emocionales como de orientaciones conductuales de la personalidad, en torno a sus creencias, prácticas de piedad espiritual dentro de un entorno social y eclesial. Las prácticas religiosas en muchas estructuras son las causantes de fijaciones y de refugios para un sinnúmero de patologías psicológicas. La neurosis carecería de objetivo y de sentido si no fuera un huir del Absoluto y casi una nostalgia del Absoluto… La neurosis es un engaño de sí mismo, pero también una tímida tentativa en dirección hacia la verdad, una nostalgia hacia la comunidad. –Igor Caruso[29] -

Continuando con este aspecto, me gustaría tomar la forma clínica que propone Bernardo Stamateas, en su libro Aconsejamiento pastoral, (2008: 154-172) que propone cinco tipos específicos de neurosis que contienen de alguna manera su propia etiología.

a. Neurosis de <<huida>>: Se caracteriza por la sistematización de la angustia sobre personas, cosas o situaciones que transforman en objeto de terror. El miedo a determinados lugares, cosas o personas producen pánico en el sujeto, siendo evitados en una serie de <<actos preventivos>>. El síntoma por excelencia en esta estructura es la fobia -agorafobia o claustrofobia-, el temor irracional, el cual aparece en una serie de sentimientos depresivos y angustiantes. El sujeto está siempre en alerta, con actitud de <<huida>> frente a lo peligroso, utilizando elementos contrafóbicos que le ayuda a apaciguar su fobia.
b. Neurosis de angustia: La palabra angustia significa etimológicamente <<yo estrangulo>>, <<estrechez>>. Es una emoción displacentera que aparece en el sujeto sin causa aparente que la genere. Todo es negro y oscuro, todo lo escuchado produce angustia y dolor. Puede descargar su angustia en su constante hablar.
c. Neurosis Neurasténica: La palabra neurastenia significa <<falta de fuerzas en los nervios>> o <<debilidad en los nervios>>, con su principal síntoma la debilidad y el cansancio, aparece también con temblores, debilidad corporal, cansancio, fatiga constante, alteraciones en la respiración, etc.
d. Neurosis histérica: En una teoría sexual dice que lo característico en la histeria es una necesidad sexual superior a lo normal, pero a la vez una repulsa de todo lo sexual. Así aparece un conflicto, por un lado el apremio del instinto y por otro la repulsa del mismo. El mecanismo por excelencia en la histeria es de depresión, entendido por tal el proceso (realizado en forma inconsciente) de desalojar de la consciencia todo hecho, pensamiento o impulso que resulte prohibidos para el yo. Lo sexual tiene un papel predominante en la histeria, pero también consideramos que estos sujetos adolecen de gratificaciones afectivas sanas en su pasado, las cuales se transforma en una búsqueda enferma de reconocimiento. El vacío espiritual y relacional aparece tempranamente en su vida.
e. Neurosis obsesiva: Freud, definió la estructura obsesiva como una estructura de personalidad manifestada por fenómenos compulsivos tales como: ideas, sentimientos e impulsos que aparecen automáticamente (sin ningún motivo aparente) y de forma continua (persistentes) en la consciencia del sujeto, siendo vividos como repugnantes o sin sentido, contra los cuales lucha a través de rituales o realiza intentos de todo tipo para suprimirlos. Produce un círculo vicioso; la obsesión provoca angustia, y la angustia provoca más obsesión.

Comparto también desde otro ángulo, la visión de la neurosis religiosa que afecta al ser humano: la perspectiva de la (RET) -Terapia Emotiva Racional-, al referirse sobre la neurosis: Se puede definir como una reacción o respuesta emocional y conductualmente disfuncional, generada por la percepción evaluativa de un estimulo[30]. Advierte que todos los seres humanos somos neuróticos. Desde el punto de vista religioso: somos personas que reaccionamos de una determinada manera, positiva o negativa -castigo o perdón-, frente a cada circunstancia o situación en referencia a la imagen paternal de Dios. Pero la neurosis religiosa se caracteriza por el contenido religioso que mantiene dicha situación. La neurosis religiosa está generada por creencias viscerales de carácter religioso sobre Dios, el pecado la salvación, la otra vida, etc.[31]

El tipo de neurosis que se desarrolla en torno a la imagen impuesta de un Dios –castigador/salvador-, transmitido por la mala formación religiosa a lo largo de la historia espiritual-humana. El sujeto adquiere determinadas fijaciones o acciones, sean de índole fóbico, obsesivo o histérico de acuerdo a los distintos casos de conflicto interno, los cuales, deforman la experiencia religiosa personal en la relación Dios-hombre. La neurosis, siendo <<patológica>>, conlleva <<ceremonias>> de un orden inferior al de las empleadas en la observancia religiosa, aunque formalmente la acción ceremonial se materialice de manera semejante en ambos casos[32]. Se conserva dentro de estos ritualismos religiosos algunos ejemplos, ellos nos ayudaran a comprender de mejor manera este prototipo de estructura: el modo y el estilo de peinarse, la posición de mantener las manos juntas, la contextura de caminar procesionalmente, la manera de pararse -tipo militar- en los ceremoniales, el tipo de vestimenta como distintivo.

La imagen utilizada de Dios dentro de la patología es la proyección interna, para encontrar un refugio a la no aceptación personal, es el pañuelo donde se puede calmar los dolores, los sufrimientos y las penas que atormentan y destruyen. La expresión externa de moralismo y rigidez son la solución rápida a una vida llena de problemas. La figura de Dios en esta experiencia religiosa patológica retiene una connotación del Padre castigador, legalista, condenador, sádico y juez, que reclama el sacrificio de su hijo –creyente- para calmar su ira y su enojo. La religión se presta en su doble vertiente de ilusión protectora y de lugar camuflado para perpetuar el conflicto paterno[33]. El buen comportamiento por estructuras impuestas y por el ritualismo bien lucido engendra la figura idealizada de este dios, al progenitorno deteriorado;es decir, el creador bondadoso, pasivo, tierno, confiable, protector y de modo especial el padre que ama al hijo.

En la visión neurótica religiosa la característica obsesiva también se introduce: formula plegarias continuas –imploradas al oído de Dios- con el anhelo que escuche sus peticiones, ruegos, y la suplica incesante a modo de anestesia para calmar dolores y sufrimientos internos que le perturban constantemente y que no le permiten vivir. En ciertos ambientes religiosos se evidencia más fácilmente la neurosis obsesiva, pero también el obsesivo es frecuentemente atraído, no por la religión sino por sus formas “externas”, es decir, aquellas reglas (leyes, mandamientos, preceptos), que le ayudan a satisfacer la necesidad de atenuar el sentido de culpa inconsciente[34]. Con el ritualismo legalizante el sujeto se olvida de su realidad individual. Adquiere un rigorismo absoluto de tensión -forma de oración-, puesto que siente culpabilidad por todo lo que sucede en su interior y en su entorno (como puede ser en la familia, en el templo, en el trabajo, en el colegio); es decir, fabrica mecanismos de defensa hacia los entornos en que se siente en constante peligro. La oración es una especie de recompensa-pago para calmar la ira de Dios. Por tal motivo, el individuo al no orar siente el castigo de Dios -desesperación interna- que le aniquila en su ámbito personal, laboral y familiar.

Por otro lado, la fobia que emerge en el contexto del individuo neurótico no está fuera de la realidad de la vida religiosa. El problema que emite es referente a los mecanismos histéricos disociados del sujeto, la represión incompleta. El sujeto orienta su ansiedad hacia objetos externos que puede ser un animal o algún otro objeto. En muchos casos de experiencia religiosa, la fobia se establece hacia la unión matrimonial –varón o mujer- (no se trata a la unión conyugal sino el mensaje al objeto externo). En el caso de una mujer dirá: “todos los hombres son malos y perversos, mi padre es perverso”. De igual forma el hombre expresará: “todas las mujeres no sirven y no saben amar, mi madre no me ama”. Son reacciones inconscientes que manifiesta la situación hostil que vive el individuo en su hogar -matrimonio de sus progenitores-. Hay un sin números de fobias, puesto que todas son características por la presencia de temores irracionales y exageración hacia cualquier objeto, y hacia cualesquiera situaciones o funciones corporalesEl objeto fóbico se convierte en estimulo condicionado, y la neurosis (trastorno) fóbica es de hecho, una respuesta aprendida[35].

Por lo tanto, la neurosis religiosa está presente en los acontecimientos internos del sujeto. A través de la experiencia religiosa el individuo añora la salvación del “yo interno” destruido; siente con seguridad que su culpa será perdonada por el ideal de Dios –el padre bueno-. La culpabilidad que siente el individuo –creyente- sobre las faltas cometidas -pecados- le conserva en permanente sufrimiento, angustia y dolor al no poder realizar algo favorable en su pasado para evitar su fracaso -caer en tentación-; es el pensamiento que le sumerge en tortura continua sobre su futuro, le hace sentirse castigado, regañado y condenado por Dios –el padre que ama- por sus delitos consumados.

1.1.1 Dios: Una fantasía mental

El ser humano a lo largo de su historia se ha interrogado sobre la realidad de Dios. Será Dios una creación o una fantasía que satisface las necesidades y los deseos evolutivos más profundos del individuo. Es una pregunta que siempre ha colocado al hombre en jaque-mate sobre su existencia terrenal y supra-terrenal. Problema que no ha sido resuelto en su totalidad por el pensamiento humano, ciencia o religión. La visión teológica ubica en distinta orientación al nombre de “Dios”, la fuente de creación, mas no resuelve dicho dilema. En la religiosidad humana la palabra Dios, o Señor, definen el objeto propio del deseo último del hombre, como deseo de conocimiento del origen y del sentimiento pleno y total de la existencia[36]. El anhelo profundo que tiene el individuo consigo mismo de descubrirse es el intento más pleno de expresar su interioridad con el encuentro de este dios en su vida práctica. Dios es tan sólo la esencia del sentimiento puesta en un ser distinto del hombre. -Feuerbach-[37].

Los seres humanos somos entes sensibles-limitados. Los hombres buscan constantemente integrase y satisfacer sus necesidades individuales en el mundo natural y material que les rodea. Tienen conciencia de estar en medio de la naturaleza con otros seres que son a la vez idénticos y diferentes a él. Es percepción de sí mismo, de mirarse y de reconocerse como ser limitado y finito. Le nace el impulso interno de ser alguien que quiere ir más allá de su género, de su especie, de su mundo. La religión es sólo el fruto de la consciencia de lo infinito, pero con un objeto equivocado[38]. La doctrina se transforma y adquiere el tinte de ser la ilusión más colosal que proyecta el ser humano desde su esencia psicológica. La confesión religiosa es la guarida más camuflada y segura de las supremas ilusiones. Dios no es otra cosa, que la imagen del hombre pero sin sus limitaciones[39].

La razón humana está programada y construida por la historia personal del individuo. Es la acumulación de todos los proyectos, los sueños, la vida, el pasado, el presente y los anhelos al futuro. Cada uno de los acaecimientos experimentados se almacena en la mente del individuo, de modo especial en el inconsciente. A menudo se siente afectado por los momentos más radicales de la experiencia cotidiana, positivos o negativos. Tipos de prácticas que en la mente y en la psique están propensos a ser afectados por las circunstancias consideradas negativas, como pueden ser los sentimientos de caída, de fracaso, de temor, de culpa, de miedo. Perjudica de modo especial al comportamiento y las acciones humanas. El fantasma del viejo pensamiento sigue con nosotros. Tiende a hacer entrar en escena su influencia junto con nuestra voluntad, nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestro comportamiento[40].

La vida es una fabricación de recuerdos. En la medida que se deja que los recuerdos afecten la historia personal, en especial los lazos familiares con los progenitores –papá/mamá-, se crea la fantasía mental en torno a los padres añorados, extrañados y deseados. La experiencia religiosa se transforma en el eje principal de búsqueda, de la imagen paterna que nuestro inconsciente añora. La práctica religiosa es una destreza personal: conserva en una lucha continua referente al perfil paterno –bueno/malo-; fluye en la dualidad de sentimientos infantiles en torno al padre-amor/odio-; el símbolo del “padre amado” causa alegría y felicidad; la figura del “padre odiado” infunde dolor, angustia y sufrimiento. Estas sensaciones de amor-odio que residen en el interior humano, orientan a cimentar una doble dirección de vida –construcción/destrucción-, en determinados refugios que deterioran la imagen real del padre. La cuestión que se plantea entonces, es la dirección más sana o más patológica, más elaborada o más primitiva, más madura o más regresiva o infantil en la que se está produciendo esa ineludible determinación inconsciente[41]. Forman en el pensamiento, fantasías que ayudan a refugiarse de los dolores y los sufrimientos.

Los recuerdos primitivos distorsionan el presente. En la medida que se añora los sucesos del pasado afectan de manera profunda o leve. Desfiguran los proyectos de vida planeados –el futuro-, de acuerdo a la intensidad ubicada para aferrarse psicológicamente al pasado. La manifestación religiosa-espiritual y la proyección amorosa a la percepción de Dios se transforman en consuelo, en medicina, en especial en droga –somnífero- que calma los dolores y el padecimiento que no son sanados en la historia personal. Lo cual, invita a fabricar en la idea del sujeto una fantasía –dios-, como la evocación del ídolo mudo del inconsciente: así nos comparte Bécquer, en su rima 50[42]:

Lo que el salvaje que con torpe mano

Hace de un tronco a su propio dios,

Y luego ante su forma se arrodilla,

Eso hicimos tú y yo.

Dimos formas reales a un fantasma,

De la mente ridícula invención,

y hecho el ídolo ya, sacrificamos

En ese altar nuestro amor.

La cimentación mental de dios es de acuerdo a las circunstancias, a las ilusiones de los deseos y los anhelos no superados. La experiencia religiosa se transforma de este procedimiento en “opio del pueblo” como lo promulgaba Marx. Se puede adormecer los dolores, las penas, los sufrimientos, los ideales, los sueños, los pensamientos y las nostalgias de la vida pasada. Por lo tanto, el ser humano vive de manera adormecida, fragmentada, deteriorada y sin poner en riesgo su verdadera naturaleza interna. Le permite ocultar la realidad humana con sus límites, sus problemas y sus proyectos en un mundo superficial que construye la neurosis y el éxtasis mental, como nos comparte Erasmo: su única certidumbre es que fueron profundamente felices en el éxtasis y lamentan haber recobrado la razón, de modo que nada les es tan grato como gozar ininterrumpidamente de su especial locura[43].

Aquí, la alucinación se hace presente. El concepto de dios es el albergue continuo de la escisión interna del individuo; es proyección opaca de la oscuridad mental, ostentación de la sombra y de la penumbra humana, prohibición para encontrar la realidad existencial del hombre, bloqueo para vivificar la riqueza humana, eje de constante remordimiento de culpa, tortura interna por el pecado cometido de sí mismo y del otro–Adán-, realidad distorsionada de su actualidad interior, rechazo de la existencia intima y del proyecto personal de vida. Es la objetividad infantil de la figura de dio, idea que permanece estancada en la mente del sujeto, que no le permite desarrollar una vida como ser único, maduro y auténtico. El <<desliz>> es realmente explicito: se pasa resueltamente, del <<pecado original>> al <<pecado del mundo>>. La escapatoria queda algo más camuflada: se elimina el problema del niño para preocuparse exclusivamente por el adulto, al que se hace a la vez participe activo y víctima del pecado del mundo[44].

La culpabilidad interna de todos los fracasos y errores que el hombre siente desde su pasado, le hostigan continuamente en la vida. Con el pensamiento centrado en el pecado y en la mancha, el sujeto frente al ideal paterno de Dios busca con desesperación los caminos que apacigüen la ira y el castigo divino-eterno. Él puede imponer la condena al individuo por medio de su mano poderosa que merece como recompensa por los pecados cometidos. Mentalidad religiosa que permite caer al ser humanoen un abismo sin fondo de remordimiento, de tortura y de masoquismo interno. Los creyentes, al dirigir toda su fuerza espiritual hacia las cosas menos familiares a los sentidos, acaban por quedar como embotados y asombrados[45]. Esta relación del hombre con Dios se transforma cada vez más en sufrimiento, en desgaste emocional, mental y psicológico. De manera especial encierra al hombre en un caos espiritual. Transforma toda la experiencia religiosa en una patología espiritual que humilla y deteriora la riqueza humana frente a la concepción de lo divino.

Esta fantasía divina que el ser humano fabrica como respuesta a su patología mental, es la mejor solución que encuentra para su mundo interno dividido. Es la castración absoluta y total que sufre el individuo en la infancia por parte del padre, que combate psicológicamente por ganar el amor de la madre. La imagen de refugio es ahora para él un dios que a la vez es padre y madre. La vida neurótica que experimenta en la experiencia religiosa es tan peligrosa y tan denigrante para el ser humano que se tortura con humillación, desamor y des-autoestima frente a los demás. Es la declaración del odio interno que lo exterioriza y lo experimenta en el objeto -el prójimo-.

1.1.2 El dios ausente

En la actualidad el hombre con mentalidad religiosa no es capaz de vivir sin una muleta psicológica en la cual apoye todo su proyecto de vida. El sujeto se adentra en un doble juego referente a la imagen de un ser trascendente -Dios-. Niega su existencia para buscar desesperadamente su presencia y su acción. Es el juego a las escondidas en el paraíso mental del individuo, que día a día se formula la interrogante divina: <<sintió los pasos del Señor, y se escondieron… Él, pregunta: dónde estás… el individuo responde: escuché que venías, tuve miedo y me escondí…>>; es el encuentro del hombre consigo mismo, con su “yo” verdadero y real; es decir, el espíritu no es más ni menos que una forma, un aspecto de la evolución de la materia[46]. Hablando en dialecto espiritual, la presencia de Dios está en lo más íntimo de la vida del ser humano; es decir, es la unidad indisoluble de su “Ser persona”.

La vida religiosa se transforma en el lugar -campo- que se cultiva gran cantidad de frutos que destruyen o construyen al ser humano. La experiencia religiosa habrá de ser tenida en cuenta como un factor más, entre otros muchos, los que juegan en el medio ambiente del sujeto en cuestión[47]. La confesión religiosa como cueva de muchas patologías, impone el modelo de un dios, que cada vez hace más ausente la vida del individuo. La percepción de Dios, que en muchas ocasiones la religión aporta, está totalmente ausente de la naturaleza humana; el sujeto no se conoce y no se encuentra consigo mismo porque se considera desterrado del paraíso celestial -la felicidad- por los pecados cometidos.

Dios no está presente en la vida humana. Es la divinidad ausente de la suplica, de la plegaria. Es la deidad que nunca escucha al ser humano que es infeliz por su caída. Teológicamente, con expresión dolorosa, el hombre clama al igual que “Jesús” en la cruz: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?” Frase que determina la ausencia total del creador en la fuerza psíquica del individuo. La tradición cristiana ha encerrado el proyecto de vida en este camino mal trecho con dolor y sufrimiento. El hombre a causa del pecado es alejado, es indigno de contemplar la mirada divina del Padre. Cuando una persona vive escondida tras un disfraz, sus sentimientos reprimidos se acumulan hasta un punto crítico, a partir del cual cualquier inocente puede hacerlos estallar[48]. La culpabilidad del pecado original, cometido por la caída Adámica, mantiene al sujeto en la alteridad psicológica del castigo eterno. Para Dios: la naturaleza humana no tiene sentido, porque permanece manchada; no descubre su perdón, ni tampoco su presencia.

Qué ser humano no ha experimentado esta situación dolorosa –la ausencia de Dios- a lo largo de su existencia. El desgarre que siente el hombre en lo más profundo de su corazón, es, sufrir sin medida la soledad que se presenta al ser abandonado por su protector, su creador y su progenitor -el Padre-. Despojo total de su presencia. Es lo que no posibilita al individuo interiorizarse y no le permite ser él mismo, visión que comparte Nietzsche: la salvación de la humanidad depende más de la nutrición que de una simple curiosidad teológica[49]. Dios va mucho más allá de un simple tratado mental y ritos espiritualizantes que hacen renunciar la propia personalidad, y que sirven como droga somnífera; se afirma que concede el encuentro del sujeto con su propia experiencia natural, psicológico-humana y trascendental.

Aspecto fuertemente conocido en la mentalidad del fanático que devora la divinidad[50]. El sujeto dentro de la práctica religiosa a sus creencias, sus dogmas y sus propias ideas piadosas los convierte en un fetiche -neurótico fóbico-. Defiende su esquema mental-psicológico a toda costa contra la percepción de cualquier peligro inminente. Reduce el sentido del perfil de dios, a un simple aliado de todos sus deseos y anhelos internos. Su actitud sectarista y mesiánica prescindirá siempre su relación con otros[51]. Es una regresión psicológica del individuo al estado primitivo de su infancia que le invita a satisfacer los deseos y los anhelos no obtenidos; como expresa Hans Küng[52] con sus aportaciones valiosas del psicoanálisis: la religión es una vuelta a estructuras infantiles, una regresión a los deseos de la niñez, cuando Dios es utilizado para satisfacer nuestros deseos egoístas, y cuando ponemos a Dios como sustituto de lo que nosotros mismos podemos hacer.

Qué tipo de divinidad forma y trasmite la inteligencia del hombre. Un dios mental construido de la ilusión, o el Dios de Cristo que permite al individuo desarrollarse como persona libre y auténtica en su mundo natural. Una deidad con estructura psíquica antropomórfica, con posición y cargo jerárquico institucional, castigador, juez, guerrero, egoísta, exclusivista, selectivo, solitario y ausente. Existen moldes de dioses son dañinos y patológicos en la historia humana, proyecciones de la figura paternal que castra y deteriora la existencia del sujeto –el hijo-. Modelo que coarta la vida del individuo, que no permite desarrollarse como un ser libre, pleno y existente . Es evidente que la responsabilidad exige respeto a las leyes y normas necesarias para el bien común y que determinadas posiciones de corte anarquista esconden la misma tentación de omnipotencia que luego descubrimos en ciertos tipos de personalidades autoritarias[53]. Se encarcela en un mesianismo que no permite reconocer la debilidad humana como parte del crecimiento personal; estructurado en normas y leyes impuestas que moralizan la conducta y la mente de los hombres sin dejar libertad a la exteriorización rica del ser.

Personalidades con ambivalencias primitivas de una infancia deteriorada y no superada. Exhibe una patología neurótica religiosa y espiritual. La personalidad con madurez psico-afectiva presenta con libertad el mundo interno de su ser humano. Ayuda al sujeto a tener una mejor salud personal para afrontar, valorar y superar el temor a la idea -estampa del pensamiento- del padre autoritario y temible.

La madurez y la “sanidad” religiosa habría que considerarla, pues, como un ideal a conquistar, una “utopía” que eficazmente debe mover hacia una mayor realización y plenitud, que, sin embargo, nunca será absoluto. Y, en este sentido, habría que concluir que asumir esos condicionamientos inherentes a la misma condición humana será un signo de madurez y de realismo saludable[54].

El nombre de “Dios”, en la experiencia mental psico-religiosa, pone en un juego dinámico la imagen infantil sobre el padre. El lugar del padre que debe permanecer vacio (<<no llames a nadie padre, ni maestro ni director>>), forzado por tanto a una superación de cualquier tipo de nostalgia paterna <<pues hay que dejar que los muertos entierren a sus muertos>>[55], gestos y acciones que destruyen la dinámica psicosexual del individuo: la relación del hijo con la figura del padre ausente y vacio. Por otro lado, en el entrono psicológico deja interrogantes sobre la privación constante del padre, la desacralización del entorno familiar y sobre todo la personalidad digna de la mujer –la madre-.

Deja como único refugio a todo acontecimiento acaecido del individuo, el nombre de Dios. La huida a toda existencia humana deteriora y destruye la riqueza del hombre en sí mismo; busca amparo en el nombre de dios, sin darse cuenta que esta en la misma grandeza interno-personal. La terapia gestáltica dice : “sólo cuando somos lo que somos, podemos, decir que estamos vivos”. Para hacer esto es necesario mirar el despertar de la consciencia, en sentido de realidad y responsabilidad, lo que en el fondo significa: capacidad de experimentar[56]. El ser humano debe experimentar -diciendo en sentido teológico- su resurrección. El hombre está invitado a vivir en plenitud; a un encuentro integrador con su entorno, con la naturaleza, con el cosmos y en especial con su “Yo verdadero”.

[...]


[1] FROMM. Erich. “La crisis del psicoanálisis”. Ediciones Paidos S.A. Buenos Aires- Argentina. 2000 Pg. 154.

[2] [2] DOMÍNGUEZ, Morano Carlos, S.J. “Experiencia Cristiana y Psicoanálisis”. Editorial Sal Terrae, Santander, Cantabria –España. Edición 2005. Pg. 103

[3] PIKAZA. Xabier. “Enquiridion Trinitatis: Textos básicos sobre el Dios de los cristianos”. Editorial Secretariado Trinitario. Salamanca- España. 2005.Pg. 547

[4] Ibíd. “Experiencia Cristiana y Psicoanálisis”. Pg. 126- 127

[5] Ibíd. 541

[6] Grün. Anselm. “Evangelio y psicología profunda”. Ediciones narcea. Madrid- España. 2007. Pg. 23

[7] Ibíd. “Experiencia Cristiana y Psicoanálisis”. Pg. 18

[8] MENDOZA. Carlos, Álvarez. “El dios otro: un acercamiento a lo sagrado en el mundo postmoderno”. Universidad iberoamericana. México- México. 2008. Pg. 93-94.

[9] Ibíd. Pg. 53

[10] Ibíd. Pg. 92

[11] Ibíd. “La crisis del psicoanálisis”. Pg. 158

[12] LLIDÓ. Joan, i Herrero. “Huellas del espíritu en la prehistoria castellonense”. Biblioteca de les Aules. Versión castellana. Valencia- España. 1999. Pg. 330

[13] Ibíd. “Experiencia Cristiana y Psicoanálisis”. 53

[14] GARRIDO. Moisés, Vázquez. VÁZQUEZ. Moisés, Garrido. “El negocio de la Virgen: Tramas políticas y económicas de milagros y curaciones”. Ediciones Nowtilus. Madrid- España. 2004. Pg. 20

[15] Ibíd. “Experiencia Cristiana y Psicoanálisis”. Pg. 117

[16] Ibíd. Pg. 112-113

[17] Ibíd. Pg. 118

[18] Ibíd. Pg. 119

[19] Ibíd. “El negocio de la Virgen: Tramas políticas y económicas de milagros y curaciones”. Pg. 21

[20] Ibíd. “Experiencia Cristiana y Psicoanálisis”. Pg. 130

[21] CABEDO. Salvador, Manuel. “Filosofía y cultura de la tolerancia”. Publicaciones de la Universidad Jaume I. 2006. Pg. 150

[22] BONET. José Vicente. “Teología del Gusano”. Editorial Sal Terrae. Santander- España. 2000. Pg. 24

[23] MORÁN. Roberto, E. “Educandos con desórdenes emocionales y conductuales”. Editorial Universidad de Puerto Rico. San Juan- Puerto Rico. 2006. Pg. 60

[24] IONATO. Pasquale. “Psicoterapia y problemática religiosa”. Editorial San Pablo. Bogotá-Colombia. 1995. Pg. 22

[25] LLEDO. José Luis, Sandoval. “La exploración psicodinámica en salud mental”. Editorial Club Universitario. Alicante- España. 2009. Pg. 65

[26] Ibíd. “Psicoterapia y problemática religiosa”. Pg. 46

[27] Ibíd. Pg. 60

[28] MONDRAGÓN. Jasone, Lasagabaster. “Psicología de la Xunta de Galicia”. Editorial Mad. S.L. Sevilla- España. 2006.Pg. 443

[29] Ibíd. “Psicoterapia y problemática religiosa”. Pg. 28

[30] Ibíd. “Teología del Gusano”. Pg. 24

[31] Ibíd. Pg. 26

[32] FLETCHER. Agnus. “Alegoría: teoría de un modo simbólico”. Ediciones Akal. Madrid- España. 2002. Pg. 332

[33] Ibíd. “Experiencia Cristiana y Psicoanálisis”. Pg. 18

[34] Ibíd. “Psicoterapia y problemática religiosa”. Pg. 46

[35] Ibíd. “Educandos con desórdenes emocionales y conductuales”. Pg. 196- 197

[36] PIÑON. Francisco, Gaytán. “Concepto y problema de Dios: una reflexión filosófica”. Editorial Plaza Valdez. S.A. de C.V. México- México. 2001. Pg. 39

[37] GALCERÁ. David. “Hay alguien ahí: debates en torno a la existencia de Dios”. Editorial Clie. Barcelona-España. 2008. Pg. 163

[38] Ibíd. Pg. 164

[39] Ibíd. Pg. 164.

[40] WRIGHT. Norman, H. “Un vacio llamado papá”. Editorial Betania. Nashville- Estados Unidos. 2006. Pg. 140

[41] Ibíd. “Experiencia Cristiana y Psicoanálisis”. Pg. 18

[42] MONROY. Juan Antonio. “Entre la vida y la muerte”. Editorial Clie. Barcelona-España. 1994. Pg. 92

[43] ROTTERDAM. Erasmo De. “Elogio de la locura”. Editores mexicanos unidos, S.A. México- México. 2006. Pg. 134

[44] VARONE. Francois. “El Dios sádico: AMA Dios el sufrimiento?”. Editorial Sal Terrae. Bilbao- España. 1988. Pg. 196

[45] Ibíd. Pg. 131

[46] NIETZSCHE, Frederick. “Ecce Homo” Editores mexicanos unidos, S.A. México- México. 2005. Pg. 42

[47] Ibíd. “Experiencia Cristiana y Psicoanálisis”. Pg. 156

[48] ROGERS. Carl. R. “El proceso de convertirse en persona”. Editorial Paidos. Barcelona- España. 2006. Pg. 278

[49] Ibíd. “Ecce Homo” Pg. 38

[50] Ibíd. “Experiencia Cristiana y Psicoanálisis”. Pg. 160

[51] Ibíd. Pg. 159

[52] Ibíd. “Hay alguien ahí: debates en torno a la existencia de Dios”. Pg. 212

[53] Ibíd. Pg. 40

[54] Ibíd. Pg. 157

[55] Ibíd. “Experiencia Cristiana y Psicoanálisis”. Pg. 145

[56] Ibíd. “Psicoterapia y problemática religiosa”. Pg. 179

Details

Seiten
138
Jahr
2011
ISBN (eBook)
9783656236542
ISBN (Buch)
9783656238522
Dateigröße
1 MB
Sprache
Spanisch
Katalognummer
v197484
Institution / Hochschule
Atlantic International University
Note
Schlagworte
experiencia religiosa patologia tratamiento

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Titel: Experiencia religiosa y patología