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Hacia un entendimiento más humano y estructural de la ciudadanía globalizada

Fachbuch 2013 46 Seiten

Sozialwissenschaften allgemein

Leseprobe

Índice

Prólogo

Introducción

Los Derechos de Ciudadanía Universal y de libre movilización, como humanización simétrica de los códigos identitarios. Hacia un mundo con derechos mucho más justos de ciudadanía y migración.

El Índice de Desarrollo Humano y la dimensión de lo laboral. El IDH desde una perspectiva de grupos diferenciados y ante la segmentación social

El conocimiento y su relación con el ejercicio de la ciudadanía.

Sobre el autor del presente libro

Prólogo

En un mundo de identidades y actores fragmentados, que solo encuentran en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) su pivote de articulación (Mora y Anaya: 2013), el concepto de ciudadanía bien podría presentarse como un elemento articulador. Un elemento que puede ir más allá de las características más superficiales de los individuos y que puede llegar incluso a garantizar la igualdad entre las personas. No obstante, hoy en día la ciudadanía es vista meramente como un conjunto o un corpus normativo determinado, más que como una práctica humana y siempre se requiere de ciertos requisitos y ciertos documentos para que alguien pueda comprobar plenamente su condición de ciudadano.

Todas las personas, se dice, somos ciudadanos del mundo, y, partiendo de allí, una meta a nivel global debería ser la de eliminar, por ejemplo, la pobreza y la desigualdad, y conseguir (o siquiera el intentar conseguir), el bienestar para todos los seres humanos que compartimos este mundo y vivimos en las distintas sociedades que en él subsisten. No obstante, el ancho mundo social de hoy tiene, entre muchos otros, tres problemas en los cuales se centra el análisis reflexivo e indagador del presente libro. Uno de ellos es la discriminación y las nuevas formas de racización que cada nuevo día surgen, y que tienden a excluir a ciertos grupos humanos. Otro problema a mencionar, son los enfoques con los cuales se intenta erradicar la pobreza y obtener el mayor bienestar para todas las personas. Entre dichos enfoques, cabe decir, destaca el que posee, a mi modo de ver un tanto limitado, el Índice de Desarrollo Humano (IDH). Finalmente, un problema más que se presentará en las siguientes líneas, es el de que hoy en día, y muy probablemente desde siempre, los distintos discursos simbólicos se han empleado principalmente para mantener ciertas instancias de poder y de dominio. Es decir, parece que el conocimiento y la creación simbólica en general, se encuentran inmersos en un paradigma social y abarcador que los presentan más como instrumentos de poder que como formas de expresión humana.

Finalmente, hay que poner en relieve, o siquiera mencionar por ahora, que hay un fenómeno que parece entrelazar perfectamente los tres problemas anteriores. Dicho fenómeno tiene que ver con el hecho de que en los tiempos actuales los atributos naturales de las personas son determinantes a la hora de excluirlas, de darles oportunidades o no, de darles un empleo y de que puedan mejorar así, y mediante otros factores, su bienestar, y de que puedan o no acceder a ciertas instancias de creación simbólica y a la plena participación y construcción de lo político, lo cultural y lo social. Sí, atributos como la edad, el género (cualquiera de los dos tipos de género, para el marco de ideas que menciono), la raza, y hasta otros elementos que también osan presentarse como algo esencialmente natural, más que como una construcción discursiva, como, por ejemplo, la nacionalidad, son los que hoy por hoy son tenidos en cuenta a la hora de discriminar o a la hora de quitarles oportunidades a las personas.

La pregunta que se quiere reflejar en este corto y breve libro, partiendo de las cuestiones anteriores, es la de si un adecuado concepto de ciudadanía, que sea ampliado y mucho más abarcador que el que subsiste en estas fechas, pueda de alguna forma dejar atrás las diferencias sobre las cuales se les quitan oportunidades a ciertas personas.

Una de las ideas que estarán a lo largo y ancho de este texto, es la de que para entender cómo debería ser una ciudadanía mucho más abarcadora y global, se debe entender a las sociedades como un conjunto, o como un todo. De ahí que lo que se busque sea un entendimiento siquiera un poco más estructural, no de la ciudadanía en sí, sino de los problemas que deberían instar a ampliar o a revisar el entendimiento que se tiene sobre dicho concepto. Acerca del estructuralismo, por cierto, hay que decir que este es una perspectiva metodológica que nace en las primeras décadas del siglo XX como una corriente cultural caracterizada por concebir cualquier objeto de estudio como un todo, por considerar que los miembros se relacionan entre sí y con el todo de tal manera que la modificación de uno de ellos modifica también los restantes y por tratar de descubrir el sistema relacional latente en todo conjunto social (Rico Ortega, 1996). Desde dicha perspectiva, por tanto, se analizará reflexivamente una de las cuestiones de mayor trascendentalidad al momento de hablar de la estructura normativa de las actuales sociedades, y dicha cuestión no es otra más que la que ya se ha mencionado varias veces en líneas anteriores, es decir, la cuestión de la ciudadanía.

Cabe añadir, para finalizar este prólogo y darle paso a las reflexiones que siguen, producto de una previa investigación académica, que algunas cuestiones como la diferencia, el reconocimiento de derechos, las políticas públicas, el entendimiento del desarrollo humano, e incluso muchas veces hasta las mismas emociones, se construyen en torno a la forma en la cual se entiende el concepto aun sumamente complejo y sin consenso, de la ciudadanía. Debido a ello el problema de la ciudadanía es clave en cuanto a lo que se refiere a la construcción de un mundo mejor y más equitativo. Más aún si vamos a hablar de una ciudadanía globalizada, es decir, de una ciudadanía que abarque el mayor número de redes y fenómenos interdependientes, en lo que vendría a hacer un mundo informatizado que va más allá de las viejas limitaciones del espacio físico. Una ciudadanía que nos permita acercarnos a su vez a un desarrollo humano global. No olvidemos, al respecto, que Desarrollo Humano, al menos desde la visión hegemónica de hoy en día, significa crear un entorno en el cual las personas puedan hacer plenamente realidad sus posibilidades y vivir en forma plena, productiva y creadora de acuerdo con sus necesidades e intereses (PNUD: 2002).

Referencias bibliográficas

- Mora Heredia, Juan y Anaya Montoya, Lilia. (2013). De la ciudadanía social al individuo fragmentado. Política y Cultura, primavera 2013, núm. 39, pp. 201-227.
- Rico Ortega, Agustin. (1996). Boletín académico, Escola Técnico Superior de Arquitectura de Coruña : 20, 17-19.
- PNUD. (2002). Informe sobre Desarrollo Humano 2000. Editores Mundi-Prensa. México.

Introducción

El problema de la ciudadanía es hoy en día un problema crucial y neurálgico no solo a la hora de velar por los derechos de las personas, y para que dichos derechos sean plenamente reconocidos, sino a la hora de buscar lineamientos estructurales que nos permitan erradicar los focos de pobreza que imperan en el mundo y a la hora de tratar de entender a las actuales sociedades en su forma más globalizada. Ello es así no solo por la importancia que tiene hoy por hoy el ámbito urbano sobre el ámbito rural, sino debido a la forma en la que la vida humana depende actualmente de las distintas instituciones que nos pueden brindar o no salud, educación, empleo, seguridades ontológicas ante las distintas incertidumbres del mundo, e incluso, nuestra propia y adecuada incorporación en la sociedad actual. Una sociedad humana dependiente y estrechamente ligada a los efectos de la globalización.

No obstante, el problema de la ciudadanía es cada vez más complejo, no solo a causa de la dificultad que aún persiste para conceptualizarla de una forma univoca y precisa, sino a los distintos enfoques desde los cuales es entendida y tratada. Uno de los problemas de dichos enfoques, por ejemplo, se presenta, o más bien se hace patente, cuando se escucha hablar de que la ciudadanía no se está aplicando a la vivencia ciudadana sino a los nacidos en un determinado territorio nacional (Suárez-Navaz: 2007). Sí, lamentablemente, la ciudadanía hoy en día no es un elemento propio del actuar humano sino un elemento o una dimensión que debe ser reconocida por ciertas instituciones como lo es el Estado. De esa forma los distintos Estados tienen, dentro del ejercicio de su soberanía, la potestad de regular el ingreso y salida de personas de su territorio. Aun cuando para algunos teóricos y analistas de lo social, dicha práctica va en contra del Art. 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, el cual reconoce que "Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado" (Salgado: 2003: p. 4).

Se ha llegado a decir además, que uno de los problemas de los enfoques actuales en la conceptualización de la ciudadanía, es que se la piensa únicamente como un conjunto de normas que regulan la pertenencia y la titularidad de derechos en una determinada sociedad (Suárez-Navaz: 2007). De forma que a los distintos Estados les preocupa que las personas nacidas en sus territorios tengan en regla todos sus documentos ciudadanos, para poder de alguna forma incorporarlos al sistema educativo o de salud, entre otros. De modo que un primer problema acerca de la cuestión de la ciudadanía, parece estar en el conjunto de normas que se requiere para ser ciudadano. Pero muchos autores ya nos han indicado que la ciudadanía es un actuar intrínseca e indisolublemente humano. Un asunto que aclara bastante el panorama porque amplia el concepto de ciudadanía y lo lleva a contornos más universales, pero que por otra parte lo vuelve mucho más complejo e incluso un tanto ambiguo. De ahí la necesidad de reflexionar sobre dicho concepto, y la necesidad de pensar lo que implica, en múltiples aspectos de la vida individual y social, que efectivamente se llegue a reconocer como un actuar humano.

En el presento libro, más que llegar a una conceptualización en sí de la ciudadanía, busco una aproximación hacia un terreno mucho más estructural sobre dicha cuestión. Una aproximación que nos permita entender la ciudadanía en un marco más relacional, y no solo desde el marco normativo desde el que hoy es vista. No obstante, hay que aceptar que el demostrar una pertenencia a un determinado grupo, siempre ha sido la mejor forma de gozar de los posibles beneficios que ello puede o no acarrear. Por lo tanto, hay que pensar la ciudadanía desde un enfoque mucho más relacional, como un actuar propiamente humano, y, sin embargo, seguirla considerando en cuanto a sus elementos más normativos de titularidad de derechos. Es decir, hay que ampliar el horizonte mismo de lo que significa ser ciudadano, para de esa forma se puedan ampliar las ventajas institucionales y reguladoras que derivan de dicha condición. Hay que universalizar la ciudadanía y hacerla más abarcadora, para universalizar y hacer más abarcadores con ello, los distintos derechos.

Es cierto que la ciudadanía no es solo un conjunto normativo dirigido hacia ciertos fines organizativos en los distintos Estados, pero una adecuada comprensión de ella, y una adecuada orientación, bien podrían hacer de la ciudadanía el mejor de los patrones para normativizar la vida social. No obstante, hay que aclarar que hoy en día la ciudadanía, a pesar de que así es considerada, es decir, como un patrón ideo para garantizar y regular los derechos de las personas, no podría ser, de la forma tan burocrática en la que hoy es entendida, dicho patrón tan requerido y anhelado.

Al respecto, en el camino hacia un entendimiento mucho más estructural de la ciudadanía, en el este texto se presentarán tres artículos que poseen mi estilo académico distintivito de problematizar ciertos aspectos de la realidad desde un enfoque esencialmente reflexivo. El primero de ellos habla acerca de una nueva forma de considerar a la ciudadanía e incluso a las mismas migraciones humanas, ya que las normativas ciudadanas no son concebidas de igual forma en todas partes, y los distintos tránsitos o migraciones que se presentan en el mundo de hoy dan cuenta de ello. También se habla en dicho artículo, siempre desde un punto de vista reflexivo y problematizador, acerca de la importancia de que los preceptos y las juridicidades de los distintos Estados, se pongan al servicio de la ciudadanía, y no esta al servicio de unas normativas locales o de unos intereses de innegable índole particularista y electoral. Unas normativas y unos intereses que muchas veces tienden a socavar la dignidad humana y todos los derechos que se derivan de dicha condición. El título de este primer artículo mencionado y puesto en cuestión, es el de Los Derechos de Ciudadanía Universal y de libre movilización, como humanización simétrica de los códigos identitarios. Hacia un mundo con derechos mucho más justos de ciudadanía y migración.

En un segundo artículo hablo sobre la forma en la que Naciones Unidas ha venido implementando el indicador llamado Índice de Desarrollo Humano, para desde una crítica a dicho empleo acercarme a algunos lineamientos estructurales que bien podrían ayudar a combatir la pobreza y la desigualdad en el mundo. El título de dicho artículo es el de El Índice de Desarrollo Humano y la dimensión de lo laboral. El IDH desde una perspectiva de grupos diferenciados y ante la segmentación social.

Finamente en el último artículo, titulado El conocimiento y su relación con el ejercicio de la ciudadanía, se hablará sobre el más persistente y vigente de los paradigmas de occidente, es decir, el poder, en relación con el conocimiento, y cómo ello afecta el entendimiento que existe o puede llegar a existir ante el ejercicio de la ciudadanía, y la capacidad que dicho concepto podría tener al momento de hablar de igualdad.

Referencias bibliográficas:

- Salgado, Judhit (2003): “Discriminación, racismo y xenofobia”. En: Revista Aportes Andinos, Nº 7. Globalización, migración y derechos humanos. Octubre.
- Suárez-Navaz, Liliana; Macià Pareja, Raquel y Moreno García, Ángela (eds) (2007): La lucha de los sin papeles y la extensión de la ciudadanía. Madrid: Traficantes de sueños.

Los Derechos de Ciudadanía Universal y de libre moviliza-ción, como humanización simétrica de los códigos identitarios. Hacia un mundo con derechos mucho más justos de ciudada-nía y migración

Resumen: la globalización es una tendencia homogeneizadora a gran escala que posee un impulso totalizador realmente enorme, no obstante, el concepto de ciudadanía es aplicado de forma localista y, peor aún, utilizado con intereses políticos y electorales, es decir, intereses de innegable índole particularista. Debido a ello, en este texto se presenta la idea de una ciudadanía globalizada como aquella que anteponga la condición humana a cualquier otro tipo de identidad. Una ciudadanía que rompa no solo con el concepto de frontera y permita la libre movilidad de los migrantes, sino que se adscriba como el elemento más esencial o siquiera de los más esenciales de los distintos códigos sociales y culturales. Es decir, el concepto de ciudadanía requiere toda una transformación filosófica y epistemológica, por la cual no sea entendida como un elemento de la juridicidad, sino como un elemento propiamente humano capaz de construir juridicidad. El presente artículo, en suma, presenta la idea de que este mundo necesita lo que yo llamo una “ética cultural del reconocimiento humano y ciudadano”, y, con ello, toda una trasformación estructural que facilite dicha ética sobre la base de la igualdad económica y social, más que por sobre la desigual y desregularizada estructura laboral que tiene hoy el mundo. Una idea que por ahora solo busca abrir un nuevo debate y acercarse de forma reflexiva a nuevos problemas y a nuevos matices de viejos y continuados problemas de nunca acabar en lo que al entendimiento de lo humano se refiere.

Introducción

Los enfoques normativos y reguladores con los que se maneja la aplicabilidad del concepto de ciudadanía, por parte de los Estados y las distintas juridicidades, en la actualidad, acarrean serias contradicciones y problemas éticos que llevan a la deshumanización de las personas. Son muchos los problemas que se pueden encontrar en torno al uso histórico que se ha hecho de un concepto tan abstracto y tan inmerso en una gran cantidad de paradigmas y miradas diversas como lo es el de “ciudadanía”. Entre dichos problemas y contradicciones, podemos enumerar, por ahora, los siguientes: es un hecho que en un mundo globalizado, en el plano de lo local, la condición de ciudadano o ciudadana ha sufrido una instrumentalización económica y electoralista por parte de una gran cantidad de actores e instituciones de variada conformación. Unos actores y unas instituciones que se resguardan en discursos universalistas en pro de sus propios intereses. Un ejemplo de esto, es que los discursos que defienden una ciudadanía plena y promotora de derechos, hacen que el concepto de ciudadanía sea politizado. La ciudadanía, de hecho, es politizada por los discursos de derecha y por los de izquierda. Unos discursos que instrumentalizan su concepto sin llevarlo propiamente hablando a una práctica universal, es decir, el concepto de ciudadanía es objeto de intereses de innegables matices particularistas y de fines locales muy detallados y precisos.

Otro problema realmente palpable, es el hecho de que muchas políticas públicas fallan por el poco interés que en ellas ponen los mismos “ciudadanos” (Blaug, 2012) aun cuando en los últimos años ha habido un giro participativo que ha politizado a muchas de las sociedades actuales (Valderrama, 2013). En torno a ello se podría decir que los ciudadanos están mucho más politizados que conscientes de su propia condición ciudadana, y cuando la gran mayoría de personas piensa en dicha condición, lo hacen desde una perspectiva política y no como una cualidad eminentemente humana. De ahí que sin disminuir el compromiso con lo político, se deba ampliar el compromiso con lo humano y de ahí que, a manera de propuesta reflexiva, yo diga que se requiera de una “ética cultural del reconocimiento humano y ciudadano”. Un concepto que será esbozado algunas líneas más adelante.

Finalmente, en lo que respecta a esta introducción, hay que decir que existen muchísimos problemas más que afectan a lo que podría ser el más idóneo de los conceptos sociales, en cuanto a su capacidad de contener dentro de sí lo humano y los derechos y deberes que ello representa. Sí, hay muchísimos problemas más que el concepto de ciudadanía enfrenta hoy por hoy, y, por si fuera poco, dicho concepto también se halla inmerso dentro de varias contradicciones estructurales de preocupante naturaleza. Una de ellas tiene que ver muy intrínseca y estrechamente con los tránsitos y los desplazamientos. Para la gran mayoría de los analistas sociales, es el extranjero quien define la era de la globalización, no obstante, en la práctica, lo que se encuentra es que los Estados defienden y abogan por el pleno reconocimiento de la cualidad ciudadana hacia sus miembros, es decir, hacia el interior, mientras que hacia el exterior, desconoce muchas veces la condición de ciudadanos de quienes llegan si cumplir con unos determinados requisitos (Bello, 2012). Una contradicción sumamente grave que desliza la condición de ciudadano al ejercicio de las prácticas jurídicas locales. Por lo tanto, en las próximas líneas se hablará del hecho de que el concepto de ciudadanía, o siquiera su comprensión, debe ir más a allá de aquellos problemas y contradicciones, y hacerse mucho más global, y, a su vez, mucho más humano.

La idea de ciudadanía como pertenencia a una comunidad y como pertenencia a una sociedad globalizada

El término ciudadano se refiere principalmente a la definición de la identidad que tienen las personas en el espacio público (Thiebaut, 1998, citado por Anchustegui 2012), o al menos así se entiende en los marcos epistémicos y conceptuales más usuales. Partiendo de allí, Marshall sostiene que la ciudadanía es aquel estatus que se concede a los miembros de pleno derecho de una comunidad (citado por Anchustegui, 2012). En este sentido, nos dice un autor como Esteban Anchustegui, la ciudadanía resulta ser un estatus esencialmente formal. Un estatus que otorga directamente una comunidad o una sociedad a todos aquellos que cumplen con la virtud o requisito indispensable de pertenecer a ella. Un estatus que, siendo político, nos dice el autor mencionado, tiene condicionantes o requisitos extrapolíticos como el nacimiento, o la residencia, entre muchos otros. “Así, el ciudadano se define por oposición al extranjero, al que es ajeno a la ciudad, y también frente al meteco: aquel que, aun residiendo en la ciudad, no es considerado un miembro pleno de la misma” (Anchustegui, 2012, p. 63).

De modo que el concepto de ciudadanía, tal y como se ha podido apreciar, se encuentra íntima y estrechamente ligado al entorno espacial, ya sea para referirnos a los límites que se circunscriben dentro de un determinado Estado, o dentro de todo aquello que de una u otra forma configura el espacio de lo público. Al respecto, la idea presentada en este artículo, es la de que hoy en día las fronteras se han diluido en algunos ámbitos de la vida humana a causa de la globalización y, más exactamente, a causa de las tecnologías de la información (TIC), que posibilitan la comunicación en tiempo real y el intercambio de conocimiento más allá de barreras idiomáticas o espaciales. De forma que las sociedades de hoy viven en un nuevo tipo de comunidad mucho más amplia y abarcadora que cualquiera que alguien hubiera pensado siglos atrás que pudiera ser posible. Se trata de la denominada Aldea Global, en el sentido en que la entiende el sociólogo canadiense Marshall McLuhan (1968).

De esta forma, tenemos que hoy en día existe un nuevo tipo de pertenencia, por lo que el concepto mismo de ciudadanía también debería adquirir nuevos tipos de definición, o siquiera un entendimiento más acorde a los tiempos actuales. Porque el espacio de lo público y lo político se ha mezclado incluso con el del hogar, ya que desde casa podemos, si así lo queremos, con un mero clic en un foro de Internet, por ejemplo, dar una crítica u opinión y participar así de la configuración política de las distintas sociedades y ejercer incluso de esa forma el ejercicio de una ciudadanía participativa (Guerrero, 2013). La globalización, además, como se verá más adelante, también afecta a otras esferas, como la económica, e incluso ha llegado a afectar negativamente a una gran cantidad de grupos humanos a causa de una desigual estructura de lo laboral que divide al mundo en países desarrollados y en países en vías de desarrollo. De ahí, que sea necesario adaptar el concepto de ciudadanía a un mundo globalizado y con ello dotarla de una universalidad tal que reconozca ciertos derechos imprescindibles. No solo los derechos que se derivan de pertenecer a la especie humana sino de vivir sobre la faz de este mundo.

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Details

Seiten
46
Jahr
2013
ISBN (eBook)
9783656539292
Dateigröße
675 KB
Sprache
Spanisch
Katalognummer
v264508
Institution / Hochschule
Universidad Nacional de Colombia
Note
ninguna
Schlagworte
ciudadanía estudio social reflexión sociología enfoque estructural

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