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El Manifiesto. Análisis y comparación textual desde una perspectiva pragmalingüística

von Alexander Bauerkämper (Autor:in)
Seminararbeit 2011 26 Seiten

Zusammenfassung

En 1848 Karl Marx y Friedrich Engels formularon un llamamiento que haría tambalear las bases del panorama y de la atmósfera política en Europa y en todo el mundo: “¡Proletarios de todos los países, uníos!” (MARX/ENGELS 2005: 188).

Hoy, todavía sentimos la fuerza y el alcance humanista de estas palabras con las que los dos autores alemanes cerraron su Manifiesto del Partido Comunista. Éste se convirtió en uno de los documentos más revolucionarios e incisivos de la historia. Además el texto aportó mucho en la evolución de las expresiones (textuales o no) que hoy solemos llamar ‘manifiestos’. De tal modo que incluso se ha vuelto común referirse a dicha obra simplemente como El Manifiesto. Lo fundamental de estas observaciones para nosotros, pues, es precisamente el hecho que existan textos etiquetados como ‘manifiestos’ que pueden desarrollar un efecto excepcional en sus lectores y en la sociedad entera. Es por eso, por lo que nos llama la atención este ‘género’ discursivo. De ahí, que se nos plantea la cuestión de la clasificación y del funcionamiento de estos textos. ¿Cuáles son sus objetivos?, ¿con qué estrategias tratan de conseguirlos? y ¿cómo se reflejan en su realización lingüística?

Intentaremos, entonces, acercarnos a la respuesta de tales preguntas analizando dos presuntos discursos manifestarios del último siglo: El Manifiesto del Futurismo (1909), publicado por el italiano Filippo Tommaso Marinetti, así como el prólogo de la novela El reino de este mundo (1949) del escritor cubano Alejo Carpentier.

Puesto que existe ya, una multitud de estudios sobre estos textos ocupándose de aclarar sus posturas artísticas y los discursos correspondientes, nosotros queremos tomar como base de nuestro trabajo un enfoque más lingüístico e interno. No obstante, la comprensión de que una examinación meramente lingüística (en el sentido Saussuriano) no garantizara el entendimiento profundo de un texto, nos llevará a adoptar una perspectiva que quiere considerar niveles tanto intralingüísticos como extralingüísticos, para así obtener un mayor conocimiento sobre las funciones, metas y estrategias de los textos escogidos y de los manifiestos en general.

Leseprobe

Índice de contenido

1 Introducción

2 Una aproximación teórica: el manifiesto y sus formas

3 Análisis textual
3.1 ElManifiesto del Futurismo(1909)
3.2 El prólogo deEl reino de este mundo(1949)

4 Comparación y síntesis

5 Conclusión

6 Bibliografía

7 Apéndice
7.1 Esquema argumentativo delManifiesto del Futurismo
7.2 Esquema argumentativo delPrólogo

1 Introducción

En 1848 Karl Marx y Friedrich Engels formularon un llamamiento que haría tambalear las bases del panorama y de la atmósfera política en Europa y en todo el mundo: “¡Proletarios de todos los países, uníos!” (Marx/Engels 2005: 188). Hoy, todavía sentimos la fuerza y el alcance humanista de estas palabras con las que los dos autores alemanes cerraron su Manifiesto del Partido Comunista. Éste se convirtió en uno de los documentos más revolucionarios e incisivos de la historia. Además el texto aportó mucho en la evolución de las expresiones (textuales o no) que hoy solemos llamar ‘manifiestos’. De tal modo que incluso se ha vuelto común referirse a dicha obra simplemente como El Manifiesto. Lo fundamental de estas observaciones para nosotros, pues, es precisamente el hecho que existan textos etiquetados como ‘manifiestos’ que pueden desarrollar un efecto excepcional en sus lectores y en la sociedad entera. Es por eso, por lo que nos llama la atención este ‘género’ discursivo. De ahí, que se nos plantea la cuestión de la clasificación y del funcionamiento de estos textos. ¿Cuáles son sus objetivos?, ¿con qué estrategias tratan de conseguirlos? y ¿cómo se reflejan en su realización lingüística?

Intentaremos, entonces, acercarnos a la respuesta de tales preguntas analizando dos presuntos discursos manifestarios[1] del último siglo: El Manifiesto del Futurismo (1909), publicado por el italiano Filippo Tommaso Marinetti, así como el prólogo de la novela El reino de este mundo (1949) del escritor cubano Alejo Carpentier.

Puesto que existe ya, una multitud de estudios sobre estos textos ocupándose de aclarar sus posturas artísticas y los discursos correspondientes, nosotros queremos tomar como base de nuestro trabajo un enfoque más lingüístico e interno. No obstante, la comprensión de que una examinación meramente lingüística (en el sentido Saussuriano) no garantizara el entendimiento profundo de un texto, nos llevará a adoptar una perspectiva que quiere considerar niveles tanto intralingüísticos como extralingüísticos, para así obtener un mayor conocimiento sobre las funciones, metas y estrategias de los textos escogidos y de los manifiestos en general.

Para asegurar un procedimiento íntegro y para no caer en la arbitrariedad metodológica nos parece conveniente atenernos a las propuestas hechas por Catalina Fuentes Rodríguez en su libro Lingüística pragmática y Análisis del discurso. En el que desarrolla un modelo universal de análisis textual proponiendo una

[...] concepción de la Pragmática no como una disciplina sino como una perspectiva de estudio lingüístico. Es un modo de hacer Lingüística, incorporando todas las instrucciones del entorno, y analizando la interrelación mutua entre lo llamado intra y extralingüístico [...] explica o debe explicar la organización del texto (de todos los textos) en sus componentes. (Fuentes Rodríguez 2000: 9)

Aplicaremos este “modo de hacer Lingüística” en la parte de nuestro trabajo en la que analizaremos los dos textos tomados como ejemplos. Veremos las características que éstos tienen en común y aquellas que los distinguen. De ello intentaremos deducir unos postulados generales sobre las características decisivas y unificadoras de todos los textos del posible género ‘manifiesto’. Como se verá, lo que convierte un texto en un manifiesto no es tanto su estructura, su léxico o su morfosintaxis, sino más bien, su intención, su función, su recepción y muchos otros factores variables, a menudo más pragmáticos que lingüísticos. También se encontrarán características comunes en sus niveles intralingüísticos.

No obstante, antes de acercarnos a los análisis textuales nos parece preciso compendiar algunas palabras teóricas para delimitar nuestro objeto de investigación. Con ello entenderemos mejor las causas de su complejidad. Esto nos aportará ya, las primeras hipótesis, que tal vez apoyarán la comprensión de los textos que analizaremos después.

2 Una aproximación teórica: el manifiesto y sus formas

¿Qué es – o mejor dicho: qué puede ser – un manifiesto? En esta primera parte, queremos acercarnos a esta pregunta reflejando brevemente las posturas teóricas más importantes en cuanto a una definición convincente de la clase de texto del manifiesto. Luego podremos comprobar las tesis aquí hechas con los resultados de nuestros análisis textuales y clasificar los dos textos elegidos.

Para introducir este trabajo nos pareció preciso elegir el Manifiesto del Partido Comunista por su papel fundamental en la evolución de los textos titulados como ‘manifiestos’. El Manifiesto del Partido Comunista es, sin embargo, de ningún modo el primer manifiesto de la historia, puesto que ya antes se solían titular así algunos textos. Lo curioso es que – en distinción a nuestro entendimiento contemporáneo del manifiesto – éstos eran textos publicados por instituciones (políticas) del poder y de la autoridad. Se trataba, entonces, de discursos verticales emitidos ‘desde arriba hacia abajo’ (manifiestos de imposición) y no al revés, como en el caso del Manifiesto del Partido Comunista que sería, pues, un manifiesto de oposición[2].

Aparte del manifiesto creado por Marx y Engels los más importantes y conocidos son los manifiestos de las vanguardias históricas del siglo XX. ¿Qué tienen en común todos estos textos? Es su “peculiar tipo de toma de posición que revela una voluntad explícita de intervención” (Sobrino Freire 2001) y todos los aspectos que acompañan este posicionamiento en el tiempo, espacio y contexto correspondiente. Debe existir un estado rechazado A y un estado deseado B. En un acto ilocutorio la intención del autor es proponer o promover el estado B. De ahí,

[...] el discurso manifestario denota, por una parte, una conciencia de pertenencia a un campo y, dentro de este, a una posición y, por otra, una voluntad expresa de intervención en el repertorio. Esta intervención puede pretender dos objetivos: la conservación de determinadas normas (por medio de un acto de adhesión a lo establecido y/o de oposición a lo nuevo) o la modificación de las mismas (por medio de un acto de oposición a lo establecido y/o de adhesión a lo nuevo). (Sobrino Freire 2001)

Es ésta ya, una definición completa de las diferentes clases de discursos manifestarios. Pero sobre todo se refiere a aspectos extralingüísticos, contextuales, relativos a la recepción – pragmáticos. Lo cual es preciso porque:

La heterogeneidad formal que revisten los textos que desempeñan la función manifiesto [...] hace imposible el establecimiento de pautas generales que permitan identificar este tipo discursivo [...].[...] es aconsejable, por un lado, actuar con cautela a la hora de considerar aquellos textos que se presentan explícitamente como “manifiestos” y, por otro, atender asimismo a los discursos que no incluyen tal índice. (Sobrino Freire 2001)[3]

Suponemos, pues, que hay dos tipos de manifiestos primarios: (A) Los discursos manifestarios de tipo explícito (indicándolo ya en el título) y, (B) los discursos manifestarios implícitos (aquellos que cumplen la “función manifiesto” y que tienen una intencionalidad más o menos obvia). Además, existe un tipo (C) de manifiestos secundarios: Son textos literarios u obras de otras artes que se convierten por su recepción en manifiestos aunque, “en su origen, no implicaban esta intención”. En este caso “conviene hablar de un ‘efecto manifiesto‘, que depende del contexto ideológico e histórico” (Abastado 1980: 4-5).

3 Análisis textual

A continuación analizaremos los dos manifiestos[4] ya mencionados. Siguiendo las declaraciones teóricas planteadas en el apartado anterior, podemos clasificar el Manifiesto del Futurismo como perteneciente al tipo de los discursos manifestarios explícitos (A). Por lo que respecta al prólogo de Alejo Carpentier, se demostrará que, por sus características clasifica claramente como un discurso manifestario del tipo implícito (B).

La heterogeneidad de ambos textos exigirá que nuestro análisis cumpla un cierto grado de flexibilidad y que tengan en cuenta los diferentes enfoques según cada texto. No obstante, es preciso, iluminar sobre todo sus estrategias de persuasión y argumentación porque – como suponemos anteriormente – lo que une todos los textos del presunto género de los manifiestos, es exactamente su búsqueda de convencer a sus lectores y provocar su afirmación. La cuestión será, entonces, ¿cuáles son estas estrategias en los diferentes textos? y ¿cómo se distinguen o parecen? Intentaremos pues, examinar nuestros manifiestos en todos sus niveles pragmalingüísticos y finalmente sintetizar los resultados para contestar estas preguntas , así como la comprensión de la dimensión total de los textos manifiestos.

3.1 El Manifiesto del Futurismo (1909)

El Manifiesto del Futurismo fue publicado por primera vez en 1909 y produjo en seguida un discurso muy polémico en el mundo de la literatura y del arte. Con palabras poderosas y violentas el poeta italiano Filippo Tommaso Marinetti, había creado uno de los manifiestos artísticos más impactantes de todos los tiempos, en el cual se niega a atribuir algún valor a lo pasado y “canta el amor al peligro” y a “la belleza de la velocidad”. Sin embargo, pocas semanas más tarde el escritor nicaragüense Rubén Darío, a pesar de estar de acuerdo con el tono básico del manifiesto, constató en un artículo:

Lo único que yo encuentro inútil es el manifiesto […], no creo que su manifiesto haga más que animar a un buen número de imitadores a hacer “futurismo” a ultranza, muchos, seguramente, como sucede siempre, sin tener el talento ni el verbo del iniciador. (Darío 1988: 6)

Hoy se podría decir que Darío tuvo razón. Había muchísimos jóvenes artistas que se afiliaron al Futurismo de Marinetti, entre ellos tal vez – o muy probablemente – algunos con poco talento, pero, es indudable que este texto fue de una gran fuerza (absorbente o repugnante) en aquella época. También todavía hoy el lector se emociona o turba mucho cuando lo lee. Ahora nos dedicaremos a analizar y conocer los procedimientos y estrategias (lingüísticos) que crean este efecto impresionante.

A) Análisis extralingüístico

Siguiendo las propuestas del modelo pragmalingüístico de Catalina Fuentes Rodríguez, al principio hay que iluminar la situación [5] de nuestro texto que significa en primer lugar acl a rar el contexto social del texto, su dimensión de intertextualidad, su canal de transmisión y las circunstancias comunicativas, pues, en resumen, todo lo extralingüístico que pueda ser necesario para entender el texto. Suponemos que basta con comunicar que, el texto apareció en una revista italiana cinco años antes de la primera guerra mundial y que prácticamente no hay señales de intertextualidad directa[6].

Las entidades afectadas por el acto comunicativo que representa el texto examinado son las siguientes: El locutor [7] es el mismo Marinetti, autor y firmante del texto. El enunciador del texto es una multitud indistinta de Futuristas. El autor utiliza el “nosotros” para hacerse el representante de un grupo unido, para generar la impresión de una solidaridad colectiva, así como para distanciarse de los otros, los viejos retrógrados y amantes del pasado (“profesores”, “arqueólogos”, “anticuarios”). Los auditores son todos los lectores del texto y los que se enteran de su contenido de ‘segunda mano’ [8] . La identificación de los alocutarios es muy compleja. No está perfectamente claro, a quién se dirige el texto porque no lo comunica explícitamente, pero, es de suponer que en su mayor parte sean los jóvenes artistas y los (futuros) futuristas. En relación a esto hay una serie de oraciones muy interesantes que pueden servir de ejemplo para entender mejor la virtuosa capacidad del Manifiesto del Futurismo en primer lugar de llegar a sus posibles alocutarios, así como para atraer a todos sus lectores:

Pero no lo queremos nosotros, nosotros los jóvenes, los fuertes y vivientes futuristas ! Vengan pues, los buenos incendiarios con los dedos carbonizados! Helos aquí!... Helos aquí!... Prended fuego […]

“Los fuertes y vivientes futuristas” parecen invitar a todos los que podrían potencialmente afiliarse a su grupo, ya mandándoles una prueba de su fuerza con este manifiesto.

Pero hay otra singularidad en cuanto a los alocutarios del texto: En el penúltimo párrafo el locutor parece dirigirse ya no a los suyos, sino precisamente a los viejos, los que podrían tener “objeciones”, lo que le provoca a reaccionar de manera casi infantil (“Vuestras objeciones? Basta! Basta! […] Qué importa?... Pero no queremos oír!”). Además es aquí la única vez que se utiliza la primera persona singular (“Las conozco!”). Como antes se trata de uno de los enunciados más apelativos, exclamativos y espontáneos, lo cual se refleja en la puntuación.

Pues, para sumar, es difícil identificar a los alocutarios del texto, ya que varían entre las secuencias y al mismo tiempo siempre se quedan escondidos detrás de la fachada metafórica. Sin embargo, aunque sea complejo el análisis de su funcionamiento, el lector se da cuenta automáticamente – según su grado de identificación o rechazo – cuando el texto se dirige a él y cuando a los de la otra agrupación.

También la identificación del destinatario resulta interesante. En general el destinatario corresponde a los alocutarios. No obstante, ocurre que el mismo locutor se transforma en destinatario. Eso es, por ejemplo, el caso cuando el “locutor formule él mismo las preguntas a las que tiene ganas o se cree obligado a responder” (Ducrot 1984: 138) como lo hace cuando pregunta: “Qué se puede hallar en un viejo cuadro [...]?” y responde: “Admirar un viejo cuadro es derramar nuestra sensibilidad”. Incluso la respuesta ya la había dado en la pregunta misma: “Qué se puede hallar en un viejo cuadro sino la contorsión penosa del artista [cursiva mía]?”. Hay más y diferentes ejemplos de la variación del destinatario. No es necesario enumerarlos, pues, el efecto de este procedimiento es el mismo en todos los casos: el acercamiento mutuo entre autor y lector.

B) Análisis intralingüístico

Hasta ahora nos hemos dedicado a la descripción y al análisis particularmente extralingüísticos. A continuación examinaremos nuestro texto en cuanto a sus diferentes niveles de organización lingüística (cf. Fuentes Rodríguez 2000: 49-57 y 137-190).

El Manifiesto del Futurismo es un texto heterogéneo. Eso quiere decir que su organización argumentativa es construida por más de una secuencia, puesto que hay secuencias e xpositivas, narrativas e instructivas. Sin embargo, el tipo de secuencia que predomina es indudablemente el expositivo (deliberativo), por lo cual se puede clasificar el texto completo como expositivo. Es de una dimensión argumentativa, poética. Las secuencias se mueven en un dominio enunciativo monologal y monológico [9]. Vamos a ver, entonces, el esquema secuencial del texto:

Abbildung in dieser Leseprobe nicht enthalten[10] [11]

De momento queremos intentar explicar este esquema provisional. Luego lo ampliaremos y combinaremos con otros aspectos micro y macroestructural del texto lo cual es imprescindible para representar la estructura argumentativa de manera adecuada.

La primera secuencia (S1) es expositiva deliberativa y comprende los párrafos 1 hasta 18. Define las ideas y pensamientos de los Futuristas, contiene un catálogo de demandas y valora (encomio del futuro y futurismo) o desvaloriza (desprecio hacia el pasado y sus aficionados). Predomina el presente y los verbos declarativos (“queremos”, “declaramos”) especialmente en la primera parte de la secuencia (P1-11). La secuencia tiene una dimensión poética lo cual se refleja en el uso particular del lenguaje: Abundan las metáforas y otros recursos estilísticos (repeticiones, comparaciones, interjecciones,...) y un léxico. Además el texto juega con la ironía, el sarcasmo y el drasticismo (p.ej. P18) y utiliza en general una lenguaje acelerado y agresivo. En este sentido el lenguaje del texto refleja perfectamente su contenido y las exigencias del locutor: “queremos exaltar el movimiento agresivo, el insomnio febril, el paso gimnástico, el salto peligroso, la bofetada y el puñetazo”. Estas observaciones sobre la dimensión poética son válidas no solo para esta secuencia sino también para todas las demás. Lo mismo es el caso con su dimensión argumentativa, ya que todas las secuencias tienen alguna importancia para la estructura argumentativa como demostraremos.

La segunda secuencia (S2) es más corta – se trata solo de un párrafo (P15) – y es indudablemente instructiva (“Prended fuego”, “Desviad”, “Socavad”) y poética. Visto aislado este párrafo no parece tener una dimensión argumentativa, pero en el contexto del conjunto textual gana una gran importancia apelativa y persuasiva como se verá.

La tercera secuencia (S3) no es fácil de segmentar, ya que muestra una cualidad muy heterogénea. Sin embargo, la entendemos en su nivel más bajo como expositiva (deliberativa, poética, argumentativa). Comienza con el enunciado descriptivo “Los de más edad entre nosotros tienen apenas treinta años”. De ésta noción el locutor deduce que a los futuristas les quedan por lo menos “diez años para cumplir nuestra tarea”. Para apoyar la argumentación del texto, para demostrar la perseverancia de los futuristas, así como su consciencia de las consecuencias futuras el locutor exige “que los más jóvenes y más valientes nos arrojen el cesto” cuando cumplen cuarenta años. A continuación nos cuenta en una subsecuencia narrativa (de “Ellos vendrán [...]” hasta “[...] en sus ojos”) como sucederá ello. Dentro de esta subsecuencia hay unas oraciones que podríamos comprender como una subsubsecuencia expositiva descriptiva (“en una noche de invierno, en pleno campo, bajo un triste cobertizo [...]”. Esto no debe sorprendernos demasiado, ya que se trata de una descripción subordinada como aparece típicamente en un texto narrativo. Luego, para volver a la secuencia principal expositiva (S3), utiliza un recurso muy interesante: Concluye la narración violenta del futuro destrozo de los futuristas de hoy con una de las ideas centrales del texto (“Porque el arte no puede ser más que violencia, crueldad e injusticia”) y repite la frase anterior de la narración (“Los de más edad entre nosotros...”), lo cual crea un marco perfecto, abrazando esa narración-visión. Es una digresión, un episodio corto en el pensamiento general del texto, de ahí claramente una secuencia insertada o subordinada. Los últimos cuatro párrafos (P23-26) entendemos, entonces, como vuelta a nuestra secuencia básica (S3). Sin embargo, encontramos aquí secuencias cortas de instrucción (“Miradnos!”, “Guardaos [...]”, “Levantad [...]”) y – tal vez – incluso de narración (“[...] lanzamos una vez más nuestro desafío insolente a las estrellas!”.En suma, S3 se caracteriza sobre todo por su heterogeneidad y sus subsecuencias insertadas.

Ahora queremos intentar desarrollar un esquema más global del Manifiesto del Futurismo incluyendo, si es posible, todos los aspectos de todos los niveles lingüísticos, para así entender la organización argumentativa global del texto. Proponemos entonces, un esquema detallado que satisface las exigencias de la complejidad del texto. Se encuentra en el apéndice (7.1, pág. I).

[...]


[1] Adoptamos el término ‘discurso manifestario’ de Sobrino Freire (2001).

[2] Sobre la génesis del manifiesto así como sobre los términos manifiesto de oposición y manifiesto de imposición véase Demers/McMurray (1986: 23-24) y Sobrino Freire (2001).

[3] Sobrino Freire (2000) entiende “que desempeña la función manifiesto, en términos generales, toda declaración explícita de principios artísticos o literarios, hecha pública con el objetivo de intervenir sobre algún aspecto del repertorio vigente”. La categoría de función la presta utiliza siguiendo a lo sugerido por Mangone/Warley (1993: 19)

[4] Son dos discursos manifestarios artísticos. Hemos decidido no incluir un manifiesto político para no rebasar los límites de nuestro marco de investigación. Pero, es importante advertir que un manifiesto – sea político o no – siempre puede utilizar un lenguaje poético – o no – sin parecer inadecuado como prueba por ejemplo el texto sobresalientemente poético del EZLN (1996), el Manifiesto Zapatista en Náhuatl.

[5] En lo sucesivo escribiremos los términos técnicos en cursiva cuando mencionados aquí por primera vez. Si no damos otra indicación se tratará de la terminología utilizada por Fuentes Rodríguez (2000).

[6] No hay citas. No obstante, se podría llamar la atención a que el texto aluda a La Gioconda (también conocido como La Mona Lisa) o La Victoria de Samotracia que es una escultura griega de una figura femenina (la diosa de la victoria, Niké) parcialmente desnuda. Esas menciones funcionan parcialmente como citas. Además hay una oración de habla indirecta (“Que no somos, dice, [!] más que el resumen y la prolongación de nuestros antepasados”). Seguro que, en cualquier caso, habría que añadir que el nivel intertextual del texto también está constituido por su título, en el cual se inscribe a la tradición textual del género de los manifiestos.

[7] Utilizaremos los conceptos del locutor, enunciador, auditor, alocutario y del destinatario como en Ducrot (1984: 136-140).

[8] Eso es el caso de todo texto escrito. Por lo tanto no será necesario definir los auditores de los próximos dos textos analizados.

[9] Como hemos visto en el análisis de la intertextualidad y del destinatario del texto, éste muestra un cierto tipo de polifonía. Además podríamos admitir que por ejemplo la pregunta “Vuestras objeciones?” da lugar a la voz de los críticos. Sin embargo, opinamos que sería desproporcionado clasificarlo solo por esa razón como dialógico.

[10] Los párrafos P1 – P11 consisten en una enumeración de las posturas centrales del manifiesto. Son acotadas con las cifras correspondientes (1., 2., 3. etcétera). Se trata de un procedimiento bastante típico de los discursos manifestarios. Véase por ejemplo el Primer Manifiesto Nadaísta (Arango 1958), el Manifiesto Estridentista (Maples Arce 1958) o el Manifiesto Hartista (Desconocido 2011). En el caso del Manifiesto del Futurismo la literatura secundaria incluso suele oprimir la parte que sigue a la enumeración aunque de este modo se pierde más de la mitad del texto. Nos ocuparemos de este fenómeno más abajo.

[11] En todas las secuencias expositivas además de las deliberativas también hay partes descriptivas. Porque éstas no son muy abundantes y porque por regla general no abarcan más que una oración no las señalaremos. Un ejemplo sería: “Los de más edad entre nosotros tienen apenas treinta años” (P20 o P23).

Details

Seiten
26
Jahr
2011
ISBN (eBook)
9783668050976
ISBN (Paperback)
9783668050983
Dateigröße
688 KB
Sprache
Spanisch
Institution / Hochschule
Universidad de Sevilla – Departamento de Lengua Española, Lingüística y Teoría de la Literatura
Erscheinungsdatum
2015 (September)
Note
1,0
Schlagworte
Karl Marx Friedrich Engels Kommunistisches Manifest Manifiesto del Partido Comunista Alejo Carpentier Tommaso Marinetti El reino de este mundo Futurismus Manifiesto del Futurismo Diskursanalyse Pragmalinguistik Linguistik

Autor

  • Alexander Bauerkämper (Autor:in)

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Titel: El Manifiesto. Análisis y comparación textual desde una perspectiva pragmalingüística