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Herramientas para la Intervención Psicosocial en el Desarrollo Humano en el Oriente Cubano, desde una Perspectiva Integradora

Fachbuch 2017 237 Seiten

Psychologie - Sozialpsychologie

Leseprobe

Listado de los artículos que conforman el Libro.

- Introducción General del Libro.

- Un Enfoque Dialéctico de la Intervención Psicosocial. Clara Ofelia Suárez, Maria del Toro, Yolanda Mercerón y Adonis Lucas Verdecia.

- El electivismo crítico en la tradición del pensamiento psicológico cubano. Asel Viguera.

- Programa de Intervención Psicológica para prevenir la violencia de género en un grupo de adolescentes femeninas con desviación de la conducta. Yorkys Santana, Jennifer Cruz y Nober Luis Torres.

- La percepción de riesgo ante ITS/VIH/SIDA en jóvenes universitarios. Una alternativa psicosocial para su estudio. María del Carmen Martínez, Yorkys Santana y Dayana Marrupe.

- Programa de intervención para potenciar la participación comunitaria en jóvenes de la comunidad 30 de Noviembre. Dayana Marrupe, Yorkys Santana y María del Carmen Martínez.

- Violencia entre escolares: un acercamiento desde la Intervención Psicosocial. Katia Legrá, Bertha Maura Martínez y Eliana Gladis Díaz.

- Función de la Familia en la Reinserción Social de Adolescentes de la EFI “Antonio Maceo” en Santiago de Cuba. Ileana Alea y Yarlenis Mestre.

- Programa de intervención que promueva la solución del dilema rol e identidad en mujeres prostitutas, desde las particularidades de los mecanismos de objetivación y anclaje en el contexto comunitario. Trinidad Cañamero.

- La intervención comunitaria en la conservación del patrimonio cultural. Experiencia del Proyecto VLIR UO, P4. Margarita Victoria Hernández y Neris Rodríguez.

- Propuesta de un programa de intervención psicosocial para potenciar el proceso de comunicación educativa en la relación maestros-alumnos. Yilian González y Meglis Rivero.

- Intervención psicosocial con docentes de secundaria básica en Cuba. La perspectiva de género en la orientación vocacional. Lixandra Baute y Rosa María Reyes.

- Dinámica de la intervención psicosocial en el contexto organizacional. Angel Deroncele.

- Hacia un enfoque psicosocial efectivo de autodesarrollo del sujeto. La subjetividad y la organización laboral. Rosendo López, Angel Deroncele, Katiuska Cardero y Katia Legrá.

- Miradas psicológicas al pensamiento martiano: improntas en las subjetividades de adolescentes comisores de conductas desviadas. Idaliana Aleaga.

Inclusión, Vulnerabilidad y pobreza. Factores socioculturales para su comprensión desde comunidades santiagueras. Alicia Martínez, Elpidio Expósito, Alisa Natividad Delgado y Maite Castellanos.

- Conclusiones generales del libro.

Introducción General del Libro.

En Cuba la proyección de las ciencias sociales se han movido de las acciones diagnósticas a las intervenciones psicosociales en las diferentes etapas evolutivas de los hombres y mujeres, en las instituciones, los grupos informales y las comunidades, lo que ha permitido que la ciencia no solo emerja como alternativas de aprendizaje y/o reproducción científica en las academias, sino que permite desarrollar estrategias de cambio y transformación con estas instancias sociales, propuestas prácticas que precisa el Proyecto Social Cubano y las nuevas alternativas para mantener la soberanía del País, su idiosincrasia, cultura, economía y bienestar social, así como la posibilidad de seguir avanzando en la construcción de un mundo mejor.

Comprendemos la intervención psicosocial como un proceso mediacional, que va orientado a la búsqueda de la autonomía de los grupos y personas involucradas en las alternativas de solución a las diferentes problemáticas, donde la categoría psicosocial juega un papel importante pues articula todas las áreas hacia un contenido más social y más humano, donde son centrales las relaciones humanas entre los integrantes de un proyecto, su relación familiar, relación de grupos, relación de parejas, relación con la comunidad y otros.

En este libro usted podrá encontrar modelos, metodologías, programas, experiencias, estrategias y alternativas de acciones para el cambio social, siempre en función de mejorar las relaciones sociales en toda su expresión, para llegar a la construcción y reconstrucción de los sujetos que participan en cada una de las esferas de la vida cotidiana.

El objetivo de esta compilación es producir alternativas para el cambio individual, grupal, institucional y comunitario, desde la ciencia y la profesión, brindando herramientas psicosociales que logren potenciar el desarrollo humano y la sociedad.

Constituye también una invitación a no quedarse conformes con caracterizar los diferentes procesos o fenómenos sociales, sino a transformarlos y producir los cambios necesarios para su mejor expresión en nuestro complejo mundo.

Un Enfoque Dialéctico de la Intervención Psicosocial

Autores.

Doctora en Ciencias Psicológicas Clara Ofelia Suárez Rodríguez. Licenciada en Psicología por la Universidad de la Habana Cuba. Profesora Titular, Consultante de la Universidad de Oriente. Coordinadora - Investigadora de Proyectos Universitarios e integrante de las red Familia y Desarrollo Humano Email – csuarez@uo.edu.cu

Doctora en Ciencias Pedagógicas María del Toro Sánchez. Licenciada en Psicología por la Universidad “Vladimir Ilich Lenin”. Tashkent. Profesora Titular de la Universidad de Oriente. Investigadora de proyectos Universitarios e integrante de la red Familia y desarrollo Humano. Email – mtoro@uo.edu.cu

Doctora en Ciencias Pedagógicas Yolanda Mercerón Figarola. Licenciada en Psicología por la Universidad Central “Martha Abreu”. Cuba. Profesora Titular de la Universidad de Oriente. Coordinadora e investigadora de proyectos universitarios, integrante de la red Familia y desarrollo Humano. Email ymerceron@uo.edu.cu

Doctor en Ciencias Filosóficas Adonis Lucas Verdecia Ortiz. Profesor Titular, Consultante de la Universidad de Oriente. Licenciado en Biología por la Universidad de Oriente. Coordinador e investigador de proyectos universitarios, integrante de la red Familia y desarrollo Humano. Email- adonis@uo.edu.cu

Introducción.

El modelo de la intervención psicosocial que se propone en el presente trabajo se sustenta en la unidad dialéctica ciencia profesión, es expresión de las relaciones esenciales que configuran el quehacer de las llamadas profesiones de ayuda en las ciencias sociales, en particular en nuestras investigaciones la Psicología, la Pedagogía y la Sociología, las que en su dinámica dan lugar a transformaciones de carácter esencial en el objeto estudiado. La intervención psicosocial, se explica en los planos de la profesión y formativo, para llegar a su modelación como un proceso de construcción y reconstrucción de los sujetos que participan.

En el modelo se revelan las regularidades del proceso de la ayuda y el método para la intervención en el caso (entendiendo como tal un sujeto, grupo, comunidad o institución) que dinamiza al sujeto, desde la unidad de análisis para la comprensión del desarrollo de estos, considerando el contexto y la situación social.

Se entiende la intervención psicosocial como un proceso mediacional, que va orientado a la búsqueda de la autonomía de los grupos y personas involucradas en las alternativas de solución a las diferentes problemáticas, donde la categoría psicosocial juega un papel importante pues articula todas las áreas hacia un contenido más social y más humano, donde son centrales las relaciones humanas entre los integrantes de un proyecto, su relación familiar, relación de grupos, relación de parejas, relación con la comunidad y otros. Es significativo el hecho de que la intervención psicosocial integra una intervención psicológica con una intervención social; la primera centrada en el individuo y la segunda dirigida tanto a comunidades como a organizaciones e instituciones. (Rizo, 2009).

Consideramos la intervención como una actuación profesional que, desde la perspectiva de las ciencias sociales, se dirige de manera programada y sistemática, con la iniciativa o apoyo institucional, a la comunidad, organización, colectivo o grupo para proporcionarles ayuda, asesoramiento, acompañamiento y hasta tratamiento, con el objeto de informar, advertir, asesorar, acompañar, aconsejar comportamientos para optimizar los adecuados.

En la intervención la educación desempeña un rol fundamental en los distintos momentos del proceso, al inicio como diagnóstico para desarrollar el diseño de la intervención, durante el proceso para supervisar y redefinir objetivos y/o procedimientos, y al finalizar como valoración para explicar su funcionalidad e impacto.

Parte de un referente teórico, de tal forma que una modalidad de intervención se vincula a un determinado marco conceptual que, ligado a una serie de aportes teóricos y empíricos relacionados con el contexto, genera formas típicas de intervención Sánchez y Morales (2002).

La intervención es un proceso que da cuenta de los contextos, de la historia, de la situación, y en general de procesos que permean al sujeto singular o colectivo, compromete un accionar que representa el sentido de las relaciones representadas, es decir, simbólicas, es un movimiento intencional que se construye en la relación, cuándo ésta es significada, generada por procesos interactivos.

Desarrollo.

Existen diversos enfoques en el estudio de la intervención psicosocial en estrecha relación con el desempeño profesional, de igual modo resulta complejo lo relativo a su formación. Debido a la diversidad de enfoques teóricos en la determinación de sus regularidades y su naturaleza, se precisa diferenciar aquellos que han aportado más a su comprensión.

Destaca en este sentido la importancia que tiene este tipo de intervención en cuanto al compromiso que asume el profesional con el contexto social de los sujetos de la intervención. Se inscriben en esta perspectiva los trabajos de A. Sánchez y Morales (2002) en los que se enfatiza en la idea de generar un conocimiento por el profesional que sea aplicado en la práctica e incorporado a la intervención psicosocial. Los autores en esta propuesta refieren los trabajos de Rothman y Thomas, 1994 (citado por Sánchez y Morales) que consideran estas ideas como áreas de un modelo de intervención psicosocial.

A su vez Sánchez Vidal y Morales también enfatizan, en el artículo mencionado, la postura de Horstein (1975), al sintetizar la intervención psicosocial como proceso de investigación básica u orientada, de orientación y de tecnología social, justamente esto último por los instrumentos técnicos de cambio que se crean y aplican. Es indudable que aún considerando que esta práctica interventiva ha crecido y madurado de manera significativa en los últimos tiempos, los anteriores son tres aspectos que actualmente están presentes y resumen muy bien la esencia de nuestro quehacer profesional en este campo.

Por su parte, autores como Bueno y Rizo subrayan que una intervención de este tipo sintetiza la relación de lo social y lo personal en el desarrollo del sujeto, la dinamiza en el sentido de promover un cambio social que hace posible el cambio personal ( Bueno 2005, Rizo 2009).

Considerando estos referentes en la explicación de la intervención psicosocial es que subrayamos la necesidad en este proceso de que el sujeto deba comprenderse en relación con otros, ya que es en esas relaciones que las situaciones vitales adquieren sentido, debe entenderse desde su racionalidad, desde su contexto para comprender su situación. Lo anterior señala que la intervención no se expresa exclusivamente desde la lógica del profesional que interviene sino que es un proceso interactivo, de intercambio. La afirmación anterior da cuenta de la diferencia entre intervención como un dispositivo de poder del que interviene y la intervención psicosocial que representa un diálogo constructivo entre este y los sujetos de la intervención.

Se insiste por ello en la idea de que la intervención psicosocial en tanto una relación de ayuda es solicitada, a partir de una toma de conciencia por parte de los sujetos de la intervención, de lo que necesitan, dado que es la comunidad, el grupo o el sujeto quien acentuará el proceso de cambio y quien lo validará desde los acuerdos construidos en torno a las acciones iniciales de los profesionales que intervienen, al mismo tiempo cesa cuando esta ayuda no es necesaria, en tanto y como resultado de la acción, los sujetos autogestionan la satisfacción de sus necesidades; así el proceso supone brindar niveles de ayuda en correspondencia con las necesidades de los sujetos de la intervención, Vigotsky, (1989).

Por consiguiente, la definición de la intervención psicosocial hace referencia a la posibilidad del sujeto de activar todo el conjunto de recursos potenciales y cualidades de carácter tanto cognitivo como motivacional, para responder a una determinada situación concreta, lo que explica el carácter dinámico, situacional y actual de esta categoría.

Moscovici 1970, 1984 (citado por Rizo, 2009) propone el concepto de “Interacción Social” como unidad de análisis de la acción psicosocial. La interacción entendida como la relación entre el individuo y la sociedad, entre lo psicológico y lo sociológico.

De esta manera, surge la posibilidad de centrar el objeto de la aproximación psicosocial en los procesos de interacción, entendidos estos como concepto que pone de manifiesto el carácter dialéctico de la relación entre el individuo y la sociedad. La interacción puede ser concebida como lo que surge del reencuentro de las personas, es un fenómeno emergente en las acciones humanas Mucchielli 1994, citado por Rizo, (2009).

Desde la perspectiva de autores como Blanco y Rodríguez, la intervención remite a una actividad dirigida a la solución de un problema práctico que abordamos con la ayuda imprescindible de una estructura conceptual (Blanco y Rodríguez, 2007).

Esta perspectiva precisa la idea de que la intervención no es asistencial, sino que busca promover procesos de participación social, media entre los sujetos y la estructura institucional desde la que se interviene, enfatizando con ello en el lugar y la importancia de la aprehensión por el psicólogo del contexto social.

Se necesita de la participación activa y constructiva de parte de los sujetos el empoderamiento y la toma de decisiones en una acción contextualizada en la que se valoran los elementos presentes en la interacción, desde una perspectiva de desarrollo de capacidades y potencialidades de los seres humanos, en la cual el cambio es posible.

La comprensión del sujeto en la intervención psicosocial

Todo proceso interventivo presupone una comunidad de sujetos que se comunican e interactúan. Los sujetos logran entenderse entre sí a través de la práctica comunicativa que intersubjetivamente comparten. (Habermas, 2001).

Los sujetos son vistos como actores que buscan entenderse sobre una situación de acción, para poder así de común acuerdo, coordinar sus planes y sus acciones. Estos participan en un proceso de interpretación que se refiere primordialmente a la negociación de definiciones de la situación, susceptibles de consenso. En la acción comunicativa, los rendimientos interpretativos para construir los procesos cooperativos, representan su mecanismo de coordinación, aunque esta acción no se agota en este acto de entendimiento realizado en términos de interpretación.

Todo proceso de entendimiento, desde el modelo en cuestión, tiene lugar sobre el trasfondo de una comprensión que cuenta con un referente cultural. El acervo cultural, que los participantes en la interacción utilizan en cada caso para sus interpretaciones, queda puesto a prueba.

El sujeto social existe en virtud de la intencionalidad de su praxis y de realizar el proyecto de su propia existencia, por lo que la intervención psicosocial tiene un sentido y direccionalidad existencial, fuera de la cual no es analizable. Este sujeto social va a estar a su vez configurado tanto por la objetividad de sus determinaciones como por la subjetividad de sus representaciones. Unas y otras se van a articular en el marco de la sociedad histórica concreta en que este vive y se desarrolla condicionando su formación.

A partir de la consideración de González Rey( 1999 )en torno al lugar del sujeto, esta práctica viene dada por la finalidad de introducir cambios dirigidos a desarrollar la capacidad - en los individuos y grupos - de orientación intencionada hacia objetivos definidos por sus propios intereses, los que en una fase madura de su desarrollo, deben realizarse en un proyecto y acción consecuentes.

Desde este análisis, la relación de ayuda es identificada como intercambio social que apunta a la necesidad de comprender el contexto en que esta se establece, desde sus comprender la problemática de los sujetos y brindar la ayuda necesaria para que este encuentre las alternativas de solución a sus problemas.

Las profesiones en sus orígenes dan cuenta de una necesidad social que justifica su surgimiento y desarrollo, aquellas esencias que permiten configurar una profesión y definir el problema que resuelve, sus puntos de partida, su objeto, objetivo, los modos de actuar y las competencias que la distinguen. Esas esencias en la conformación de una profesión constituyen sus unidades de análisis.

Una unidad es un producto que contrario al de los elementos, conserva las propiedades mínimas esenciales del todo. La unidad de análisis se constituye en una parte esencial en la que está presente ese todo, lo que posibilita analizar desde ella el proceso en cuestión, en su totalidad. Las unidades de análisis, se van revelando en el contexto en que se desempeña el profesional.

Las profesiones “de ayuda” como es el caso de la Psicología surgen de la necesidad de potenciar a los sujetos a un nivel psicológico y social, hacia la búsqueda de alternativas de solución de sus problemas, este propósito se logra en su nivel más esencial a través del diagnóstico, la intervención y la investigación. En estas profesiones la intervención psicosocial es esencial e integra el diagnóstico y sobre esa base, con sus particularidades para cada disciplina, se le identifica como unidad de análisis de la profesión (Suárez, Del Toro y Mercerón, 2015).

El diagnóstico es un proceso permanente que se encamina, de acuerdo con el enfoque histórico cultural, a la determinación del nivel de desarrollo alcanzado por los sujetos sociales en su contexto, que indaga acerca de la relación de ajuste entre las exigencias que se le plantean y las condiciones de la vida. El diagnóstico más efectivo, es aquel en el que el sujeto es protagonista y permite su expresión auténtica.

La intervención por su parte, en íntima relación dialéctica con el diagnóstico transcurre como un auténtico proceso de comunicación, donde los profesionales y los sujetos participan de interrelaciones flexibles que permiten la comprensión y construcción compartida del significado de las vivencias y experiencias.

El interés fundamental de la intervención está en el desarrollo de las potencialidades existentes en cada sujeto y en los grupos, se trata de que estos concienticen sus propios recursos y se relacionen con los otros en un proceso de participación activa. Esto la convierte en la unidad de análisis de estas profesiones, ya que promueve un marco de referencia vivencial que permitirá a los sujetos ante todo, experimentar las relaciones y enriquecer la visión de ellos mismos y de los otros con los que se relacionan, determinar sus fortalezas y debilidades y la manera en que estas entran en sus expectativas de vida, para el afrontamiento de sus problemas.

La intervención psicosocial por sus características, se expresa siempre en su vínculo indisoluble con el diagnóstico. Ambos procesos conforman una unidad, desde la que es posible identificar aquellos rasgos fundamentales de la profesión.

Por otro lado, el conocimiento científico no es solamente un referente para el hacer profesional, la profesión en si misma requiere de la constante actualización y profundización en la ciencia, al ser el profesional ante todo un investigador que interviene, investigando. El proceso de intervención psicosocial, por las particularidades de la ciencia, es eminentemente investigativo, el profesional responde en su desempeño a la necesidad de profundizar en el caso, para descubrir el verdadero problema.

La investigación, en este sentido, es esencial, y por tanto se constituye, junto a la intervención profesional, en unidad de análisis de las profesiones “de ayuda”. En su vínculo, ambas unidades configuran puntos de partida en la concepción de la formación del profesional.

Tanto desde la esfera investigativa, como en la práctica profesional, se pretende comprender al sujeto y su comportamiento para promover las alternativas de solución a los problemas, es por eso que el profesional para su desempeño necesita realizar una profundización en los factores que atañen al desarrollo del sujeto y de la situación social en el contexto en este que se encuentra inmerso.

De esta manera en la intervención, el proceso de análisis del caso, transcurre en un camino teórico que va desde el conocimiento de las leyes, teorías y regularidades del desarrollo individual y social hasta la expresión de dichas características en la concreción de lo particular, en el caso. La comprensión del problema en el caso, da cuenta de un proceso de análisis dinámico y divergente donde las regularidades de la ciencia se expresan de acuerdo a las particularidades del caso en cuestión.

El desarrollo es un movimiento dinámico, de lo simple a lo complejo, de lo inferior a lo superior, de lo viejo a lo nuevo, su fuente es el automovimiento que parte del surgimiento y solución de las contradicciones internas, en relación mutua con el medio circundante. La comprensión del contexto, de la situación social, significa ante todo la asunción de un pensamiento dinámico, es un tipo de contenido cuya comprensión radica en la capacidad que despliega el interventor para percibir el movimiento dentro del fenómeno social, se necesita tomar en cuenta todos los elementos que intervienen y todos los factores que en su historia han ido modelando el camino del desarrollo, para determinar el momento en que se encuentra que van dibujando las necesidades subyacentes en la demanda del caso.

En este análisis un lugar esencial lo ocupa la categoría crisis, sus movimientos dinámicos, sus fuerzas internas, su funcionamiento y expresión son elementos cuyo análisis y comprensión se encuentran en el núcleo de la comprensión de un sujeto y de una situación social.

Se propone la categoría desarrollo como un núcleo de conocimiento que se constituye en un eje transversal en el proceso de intervención psicosocial, es decir, su comprensión, dominio y aplicación atraviesa todo este proceso. La comprensión del desarrollo individual y social moviliza los recursos cognitivos del que interviene para la devenir del proceso de intervención. Las unidades de análisis por su trascendencia, devienen núcleos integradores, que configuran la intervención del profesional.

La intervención psicosocial es convocar, es promover la amplitud del análisis, llamar la atención sobre lo que el sujeto no está percibiendo, acompañar en una indagación y en una experiencia emocional. En la intervención, se ayuda a los sujetos directamente, el caso también puede ser la institución, el grupo, la organización, pero la relación, la actuación profesional, la ayuda es de sujeto a sujeto. Incluso cuando se realiza en grupo, el impacto enfatizado es sobre el individuo. La idea del carácter individualizado no niega la necesidad de la regularidad, del establecimiento de ciertos referentes. Y en este sentido las prácticas concretas en la intervención requieren de la construcción de esos esquemas, en términos de indicadores que faciliten ese acto creativo individual y social antes referido.

El proceso de intervención es un proceso de investigación social, que sintetiza la relación que se establece entre el diagnóstico y la intervención; de tal manera que la mediación social el profesional la realiza sobre la base de la relación ciencia y profesión, lo que significa comprender el desarrollo individual y social a través del diagnóstico, la intervención psicosocial y la investigación, como unidades de análisis cuyo fin es ayudar a las personas.

Teniendo en cuenta las regularidades de la profesión, reveladas en su relación con la ciencia, se expresa la capacidad de investigación, diagnóstico e intervención psicosocial, desde la perspectiva del desarrollo individual y social y a partir de la demanda del caso, con carácter reflexivo-creativo, profundo sentido humanista y ético profesional que se manifiesta en el compromiso con los sujetos, en la intervención del caso.

La intervención de manera particular en el proceso de su construcción implica a los otros, en tanto se construye en la interacción, esto conlleva, una responsabilidad ética, que resulta de la asunción de determinados valores, reflejo de la significatividad social y de sentido que se ha constituido acerca de la actividad que se realiza, de manera que la intervención del caso tiene una connotación axiológica.

Se distingue la intervención por la forma de actuación en el objeto de la profesión y está relacionada con las representaciones internas, construidas en la interacción con el caso en cuestión. En el transcurso de la intervención, las representaciones permiten ir penetrando en la esencia de la actividad que se realiza, identificando las contradicciones que la dinamizan para la toma de decisiones, con respecto a las alternativas de solución de los problemas.

El componente metacognitivo garantiza la regulación y control del proceso y su dominio consciente mediante la reflexión del conocimiento y la retroalimentación de la actividad que se realiza. Esto posibilita la elaboración, planificación, control, evaluación y corrección de las estrategias que se despliegan en cada uno de los momentos de construcción del caso durante la intervención.

El factor motivacional se erige en aspecto dinamizador en tanto las necesidades, los intereses, las expectativas y los motivos estimulan el comportamiento profesional y por lo tanto, la actitud ante el caso. Se reflejan los valores que se asumen: atendiendo a las particularidades del caso, resultan esenciales la perseverancia, el compromiso, la crítica científica y la autocrítica, la honestidad y la audacia y en especial la creatividad entre otros. Estas cualidades otorgan un determinado sello a la actuación del profesional. Se destaca la creatividad por el carácter siempre particular y único que representa cada caso al que se le da intervención, el caso requiere en su intervención originalidad en la aplicación de conocimientos y habilidades, de manera que los indicadores de la creatividad resultan recursos indispensables en la intervención.

En síntesis la interacción de los componentes precisados compromete el comportamiento competente. Los mismos constituyen fuente de información y de retroalimentación cognitiva, metacognitiva, motivacional y personológica que, a su vez, permiten al sujeto elaborar representaciones, identificar las contradicciones que se generan en el proceso de enfrentamiento de cada caso, y tomar decisiones, funciones inherentes al sujeto que expresan el nivel de autorregulación profesional.

El proceso de intervención en un orden epistemológico descansa en la lógica de la investigación cualitativa que se asume como un eje epistemológico (la relación entre la interpretación de datos, construcción de indicadores y formulación de categorías) (González, 1999)articulador de los aspectos esenciales que la sustentan. Se precisan el resto de los presupuestos epistemológicos en los siguientes.

1. La sistematización, a partir de los referentes asumidos de los procesos genéricos de la investigación, problematizar sobre los datos del caso, teorizar acerca de las relaciones entre sus datos y conceptualizar en su intervención, mediante una estrategia como síntesis de la relación entre intervención-investigación y la comprensión del desarrollo.
2. El enfoque interdisciplinario de las ciencias sociales en la intervención, que ofrece una visión más completa del mismo y mayores posibilidades para su análisis, lo que permite niveles de esencialidad y profundidad en la aproximación al problema a resolver.
3. El sistema de interacciones y relaciones de los sujetos, que se sintetiza en los grupos a los que pertenece y constituye su contexto formativo.

Los aspectos básicos señalados se sistematizan en el proceso de establecimiento de relaciones, que permiten abordar la intervención. La lógica de la intervención psicosocial, responde una dinámica que va desde los presupuestos más generales de la ciencia (leyes y principios) a lo particular dado en las regularidades del desarrollo individual y social y lo singular, referido a las particularidades del caso concreto.

La construcción de indicadores resultado de la generalización, da cuenta de la particularización al caso, así como la formulación de categorías explicativas de la problemática por lo que fundamentan la intervención.

La interpretación, como proceso importante en la intervención, está matizada por la discriminación consciente de sus elementos relevantes, se trata de un espacio de reflexión para alcanzar una argumentación de los juicios y razonamientos acerca del mismo. Deviene recurso esencial en esta dimensión pues alcanza en ella su máxima expresión, en tanto es síntesis de las relaciones entre el sentido que tiene para el sujeto el conflicto que presenta y las construcciones que el profesional hace acerca del mismo, al tiempo que se transforma en instrumento para la realización de acciones estratégicas vinculadas al caso.

En este sentido, el contexto social constituye el referente para la interpretación de lo planteado en la intervención, ya que a partir de esto se penetra en su esencia, en la dinámica del desarrollo social, comprender el desarrollo, por tanto, depende de cómo a través de la interpretación profesional se dinamice la relación contradictoria que se establece entre lo general, dado en el contexto y lo particular de los sujetos en el caso, expresado a través de las necesidades.

La comprensión, como proceso cognitivo de alto nivel, es valorada como un proceso constructivo, en el que el nuevo conocimiento se relaciona con los anteriores, lo que condiciona los mecanismos de análisis, búsqueda, activación y ajuste entre las diversas fuentes de conocimientos, entendidos en términos de procesamiento.

En este sentido, se revela la lógica integradora de la intervención psicosocial, cuya dinámica es la siguiente:

- Se establece a partir de las relaciones entre los referentes teórico-conceptuales más generales que han sido asumidos (paradigmas, teorías y enfoques en las Ciencias Sociales), las regularidades del desarrollo individual y social en cada caso .
- Sintetiza la relación esencial que se establece entre lo interventivo y lo investigativo en la Psicología Social, como expresión de la contradicción fundamental ciencia –profesión.
- En ella subyace la dinámica de la relación y la aplicación del contenido disciplinar e interdisciplinar en la configuración de las unidades de análisis en la intervención psicosocial.

Conclusiones.

1. Las unidades de análisis de la profesión se configuran por la relación esencial que se establece entre la investigación y la intervención psicosocial como expresión de la relación dialéctica fundamental entre ciencia y profesión, que es dinamizada por la comprensión que tiene el profesional del desarrollo de los sujetos de la intervención, el contexto y la situación social de los sujetos, en la intervención del caso.
2. La dinámica de la intervención psicosocial transcurre desde la sistematización de la unidad de análisis para la comprensión del desarrollo y la situación social en el caso, a partir de la relación que expresa la lógica integradora de la intervención psicosocial, en la que los presupuestos teóricos de las ciencias sociales se particularizan en el caso único.
3. La dinámica desde la comprensión del desarrollo y la situación social vinculada al caso, se logra a partir de la unidad de análisis como lo esencial que da cuenta de toda la problemática del sujeto.
4. La unidad para la comprensión del desarrollo y la situación social en el caso, se constituye en un eje articulador del resto de las unidades en el proceso de intervención psicosocial, a partir de lo cual se integran los contenidos propios de la ciencia y los de la profesión.

Referencias Bibliográficas.

- Blanco A. Valera S. (2006) Los fundamentos de la intervención psicosocial. En: Blanco, A; y Rodríguez Marín J. Intervención Psicosocial. Madrid. Prentice Hall.
- González Rey F. (1999). Investigación cualitativa en Psicología: rumbos y desafíos Edit. Sao Pablo.
- Habermas, J. (2001).”Teoría de la acción comunicativa .Racionalidad de la acción y racionalidad social”. Editorial Taurus, España
- Rizzo A. (2009) Aproximación teórica a la intervención Psicosocial. Revista electrónica de Psicología social Poiesis No 17. 07.2009 FUMLAM.
- http:\\www.fumlam.edu.co\poiesis.
- Sánchez A. y Morales F (2002) “Acción psicológica e intervención psicosocial”. En Acción Social, Madrid España.
- Psicológica No 1(2002), Pág. 11.-42. Universidad de Barcelona
- Suárez C., Del Toro M., Mercerón Y (2015). Propuesta de intervención psicosocial en las prácticas parentales con escolares adolescentes y su relación con la sintomatología depresiva” publicado en Revista Disdascalia, Centro universitario de las Tunas.
- Vigotsky L (1989).Obras completas. Ediciones revolucionarias. La Habana.

El electivismo crítico en la tradición del pensamiento psicológico cubano

Autor.

Lic. Asel Viguera Moreno.Licenciado en Psicología. Profesor de Psicología. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Oriente. aviguera@uo.edu.cu

Introducción.

Comprender el significado histórico de la gestación de ideas psicológicas en la ideología y la Filosofía y su trascendencia, así como el surgir de la Psicología en América Latina, remite al proceso de formación y liberación de las naciones acontecido en la primera mitad del siglo XIX, excepto los casos de Cuba y Puerto Rico en que comenzó a finales de esa misma centuria. Surge en ese momento una conciencia nacional y un pensar psicológico autónomo, desde los problemas locales (Segura, 2003). A ello se le agrega que las poblaciones originarias ya habían elaborado ideas relacionadas con la psique, permitiendo que el pensamiento europeo no se depositara como tabla rasa en los nativos. Ello devino en que “… los latinoamericanos, además de ser precursores en algunas áreas, vieron nacer la ciencia psicológica como árbol vigoroso con raíces propias” (De la Torre, 1998, p. 4275).

Sobre esta constitución de la psicología latinoamericana y de otros espacios como Asia y África, ha aparecido en la historiografía desde los finales del pasado siglo una concepción que pretende explicar tales procesos de conformación. Se trata del término “indigenisation” indigenización y la tipificación “indigenous psychology”, psicología indígena o “indigenisation movement”, movimiento de indigenización (Adair, 1992; Brock, Mueller, Schrott, Kappelhoff, Mar &Goldberg, 2012; Carpintero, 2012; Danziger, 1993; Mebarki, 2012; Naidoo, Olowu, Gilbert &Akotia, 2002; Sinha, 1986, 1993, 1994). Términos que intentan explicar los procesos de importación de teorías y prácticas psicológicas, la manera en que se asimilan, aplican y transforman en contextos sociales específicos, por la necesidad de aclimatar las teorías y sistemas contemporáneos implicados en el desarrollo de la profesionalización de la psicología.

La dificultad de tales definiciones estriba, a nuestro entender, en que la idea de indigenización puede generar interpretaciones anuladoras del reconocimiento de producciones autóctonas si se concentran solo en lo allegadizo y su asimilación. Resultaría en colonización intelectual o “imperialismo cultural” a pesar de reconocerse, por ejemplo, que los primeros cincuenta años de psicología norteamericana implicaron cierta indigenización de corrientes europeas (Danziger, 1993). Se suprimiría la posibilidad de revelar el aporte y origen de ideas psicológicas en la ideología y la filosofía autóctona, su papel en tanto elaboraciones autóctonas, en relación a las teorías y los sistemas europeos y norteamericanos. Ante ello se plantea la pugna entre dependencia e identidad (De la Torre, 1986, 1991, 1997, 1998) como un referente historiográfico que pone de manifiesto las contradicciones por las que atraviesa la conformación de una tradición de pensamiento, en este caso el latinoamericano y en relación al presente artículo, el cubano.

Relacionado con estas concepciones Danziger (1993) defiende la tesis de que al expandirse el desarrollo de la disciplina psicológica y decaer el liderazgo norteamericano, ha resaltado el interés de disímiles contextos por sus tradiciones (De la Torre, 1991, 1997, 1998; Klappenbach, 2012; Lima, 2012; Mogaji, Bellaj, Akotia & Mkhize, 2012; Naidoo, Olowu, Gilbert &Akotia, 2002). Como resultado, los psicólogos e historiadores de diferentes localidades muestran insatisfacción con la historiografía norteamericana y europea (Danziger, 1993; Merani, 1976; Miranda & Torres, 2012). Ello demanda una historiografía crítica y constructiva pensada desde los aludidos contextos locales.

De esta manera, tal análisis cobra significado en relación a la ausencia de “…sistematización histórica de las realizaciones de la psicología en Cuba…” (González, 2013, p. 27). Aparece además la necesidad declarada de producir “…una Historia de la Psicología en Cuba (…), que tanta falta nos hace…” (Corral, 2003a, p. 196). Y en esta misma dirección se apunta: la “…historia completa de la psicología cubana sigue siendo una de mis actuales preocupaciones” (De la Torre, 2009, p. 3).

Para esta empresa es necesario, en primer término, una actualización sobre el devenir del debate historiográfico en Psicología de cara al contexto cubano. Para qué una historia de la psicología, cuál se ha enseñado y cómo ha sido concebida: el alcance y posibilidad de esa historia de la psicología en Cuba a la luz de las transformaciones de los métodos, las concepciones, objetos y productos de los historiadores (Aguirre, 2011). La posibilidad de pensar “otra historia”que complemente el historiar tradicional que a su vez abra la necesidad de fundamentar una concepción alternativa a la tradicional.

En esa dirección se ha de concebir la Psicología no solo como ciencia que logra su independencia a finales del XIX, además la impronta de las ideas psicológicas de pensadores cubanos (filósofos, pedagogos), y las presentes en diferentes prácticas sociales (mágico-religiosas, jurídicas, médicas, pedagógicas). La manera en que las ideas psicológicas en la ideología y la filosofía en el contexto cubano se han relacionado con la tradición de pensamiento filosófico y psicológico arribado desde Europa y Estados Unidos.

Desarrollo.

Qué estructuras de pensamiento se mantienen en el tránsito hacia la psicología como ciencia independiente y cómo se asimilan las teorías y los sistemas en las prácticas psicológicas, dada la impronta que ha tenido el mito del origen de la ciencia psicológica con la introducción del método experimental de Wundt como legitimante de la producción científica.

Lo anterior se puede resumir en una pregunta retomando la proclama deEbbinghaus: qué han significado históricamente las ideas psicológicas en la ideología y en la filosofía (el extenso pasado) en la ciencia y la profesión psicológica (la corta historia) en Cuba. Última etapa (de finales del XIX a la actualidad) que ha significado cierta ruptura y abandono por lo que queda al margen lo no científico. Las ideas psicológicas dan paso a la ciencia, la cual destierra lo entendido como “doxa” en los cánones decimonónicos. Así se registra el “origen milagroso”, narrando que en el principio la obra salió de la mano del creador -Wundt- y es necesario cantar una teogonía al invocar el acontecimiento. Ello opaca las desviaciones ínfimas, los accidentes y fallos de apreciación que han producido lo que es válido en el presente (Foucault, 1992).

Tomando como basamento lo antes planteado, el presente artículo tiene como propósito revelar una de las principales características del pensamiento psicológico cubano en su devenir: la crítica electiva. Para ello se caracterizan brevemente las diferentes etapas por las que ha atravesado con sus principales representantes y contradicciones entre una psicología importada y la manera en que lo autóctono moduló lo allegadizo, al mismo tiempo en que se revela la esencia que es propia no solo del saber psicológico, además de todo el pensamiento social cubano que resulta electivo por su naturaleza e historia. Finalmente se realiza una valoración desde la actualidad del significado histórico del electivismo crítico y su impronta en la práctica psicológica.

-Acerca del devenir del pensamiento psicológico cubano

Colonia y República

En Cuba, el período de gestación del conocimiento psicológico (Segura 2003) se extiende por toda la época colonial hasta la década del setenta del siglo XIX. En el contexto de esta etapa el desarrollo económico se caracterizó por ser lento, predominando las relaciones de producción precapitalistas en la elaboración del azúcar, así como en otros renglones de la economía, donde prevalecía el esclavismo de plantación.

Para entonces el abordaje a las ideas psicológicas se realizaba en la Universidad de La Habana (fundada en 1728) a través del Curso de Filosofía Moral; en los Institutos de Segunda Enseñanza con las materias de Psicología, Lógica y Filosofía Moral y en los Seminarios Religiosos. La enseñanza de las ideas psicológicas en estos centros, estaba permeada por la condición colonial de la Isla, en la que la Iglesia Católica sometía la cultura a sus dogmas religiosos, por lo que predominaba una filosofía escolástica. En cambio, en el Seminario de San Carlos y en los colegios privados de enseñanza secundaria, la Psicología formaba parte del Curso de Filosofía y reflejaba los supuestos de la filosofía de la ilustración, que se pronunciaba como crítica de las instituciones tradicionales y por la difusión del saber.

Al mismo tiempo existían ideas psicológicas como producto de prácticas no solo pedagógicas, sino además médicas, mágico-religiosas, jurídicas, políticas, etc. Factores y condiciones históricas constituyentes de la cultura y nación cubana desarrolladas en diferentes ramas de la vida, cuya naturaleza se derivaba de creencias y tradiciones que le fueron dando sentido a la composición de identidades no solo de la población, además de la ciencia. Existían en el siglo XIX en Cuba ideas psicológicas como estado cabal de los sentidos, para describir al hombre en determinados procedimientos como responsable de sus actos y decisiones: “…bajo su inteligencia dijo…”, “…y en su inteligencia dijo…”, “…cuando de mi espontánea y libre voluntad…”(AHPSC: Fondo Juzgados de Primera Instancia de Santiago de Cuba, Materia Juzgados, leg. 500, año 1840, No. 2.).

Además el uso de términos que funcionaban como clasificaciones psicopatológicas de los enfermos mentales registradas en un expediente donde aparecían los síntomas, diagnóstico y conducta a seguir: “…el delirio más grande de su demencia es el de pedir papel blanco para expedir Reales Ordenes”, “…afectado de lo que se llama facultativamente monomanía, o locura parcial…” (AHSMC: Fondo Gobierno Municipal Santiago de Cuba (Colonia), Materia Sanidad (Dementes), leg. 178, año 1851, folio 12. 26). Así se les ponía “…en libertad por haber acreditado con certificación del facultativo hallarse en estado normal de (…) la enajenación mental a que estuvo sujeto…” (Fondo Gobierno Municipal Santiago de Cuba (Colonia) Materia Sanidad (Dementes), leg.178, año 1850, folio 17).

Un precursor del pensamiento psicológico cubano (Dueñas, 1998) fue Félix Varela y Morales (1788-1853), destacado pensador de la época y profesor del Curso de Filosofía en el Seminario de San Carlos. Sus ideas psicológicas aparecían formando parte de su obra pedagógica, filosófica y política. En ellas partía de la tesis de que son la experiencia y la razón los verdaderos fundamentos del saber y por tanto, el conocimiento procede del encuentro de los sentidos con la realidad. En su sensualismo y empirismo, desecha el supuesto de las ideas innatas.

Se comparte la idea de James (2007) al vincular el filosofar cubano con lo cotidiano. Ello implica la tesis de que no existía un paralelismo entre una “alta psicología”, producida por filósofos e intelectuales y una “baja psicología”, construida y reproducida en la vida cotidiana:

en Cuba hay filosofía, hubo filosofía y habrá filosofía presente en la cotidianidad del cubano común y corriente, en sus sistemas mágico-religiosos, en sus maneras de actuar y de relacionarse entre sí (…) Félix Varela planteó que la validez radicaba en todas las escuelas y ninguna escuela, estaba enunciando un principio de (…) tolerancia que importaba para su época y para su condición de sacerdote, una gran apertura hacia el mundo de las ideas, cualesquiera que fueran estas (p. 74-75).

En esta misma dirección se inscribe el pensamiento de José de la Luz y Caballero (1800-1862), filósofo y educador en el Colegio Salvador. En su obra se aprecia también una postura sensualista y con tendencia al materialismo. Al igual que Varela, abordó categorías como sensación, percepción, razonamiento, imaginación, entre otras, que coadyuvaron a romper con la teología en la ciencia, cimentando las bases para los conocimientos científicos contemporáneos. Ambos pensadores tenían una visión holística del ser humano, sin hacer escisión entre alma y cuerpo. Asimismo, fueron precursores de una enseñanza creadora de autonomía en los estudiantes.

Un hecho significativo que involucra a Luz y Caballero y que tuvo un significado histórico relevante en el pensamiento psicológico cubano, jugando su papel las ideas psicológicas en la comprensión y definición del ser humano, entrelazadas en una ética con ideales de liberación, fue la Polémica filosófica de 1838 a 1848 entre los seguidores de Félix Varela y VictorCousin (Conde, 2009; Guevara, 1984; Ibarra, 2008; Luz, González & León, 2000; Segura, 2003; Pruna, 2006). Los cousinianos querían instituir en Cuba el eclecticismo, los valerianos romper con la escolástica.

El eclecticismo exponía una escuela filosófica en específico, renacida en el siglo XIX con Victor Cousin, y el electivismo en tanto actitud y método como singularidad cubana, se concentró en cuestiones vinculadas a la praxis de un estrato social en desarrollo (Pérez, 2012). El “reformismo electivo” (Monal, 1985) encontró aplicación en la pedagogía y en una ideología que trataba de desprenderse de la escolástica. Así se reconoce la tesis del método electivo dentro de la tradición cultural cubana (Hart, 2006, 2010) que implica todos los métodos y ningún método, todas las escuelas y ninguna escuela.

Al decir de Torres (2006) lo primordial del pensamiento cubano es su naturaleza electiva. La capacidad de elaborar un método propio para “…interpretar nuestra realidad a partir de nuestra propia realidad” (p. 339). El pensamiento cubano ha tenido un “…sentido integrador; selectivo y crítico de las manifestaciones socioculturales universales y autóctonas en un amplio y flexible cuerpo axiológico que se expresa intelectualmente a través de su contenido creativo” (Torres, 2006, p. 3). Lo crítico-electivo es una manera de expresarse y constituirse las elaboraciones psicológicas.

A través de medio milenio la isla ha constituido un espacio de llegada, un lugar al cual han arribado y estacionado diferentes grupos humanos con diferentes historias y culturas. Esto otorga la posibilidad de reflejar las contradicciones más universales. Se ha estado abierto y a favor de todo tipo de llegadas y movimientos (James, 2001), pero siempre tamizándolos en la criba que coloca lo allegadizo de cara a las necesidades reales y sus contradicciones posibles, convirtiendo lo foráneo en propio, autóctono.

Volviendo el discurrir del pensamiento psicológico, luego de la muerte de José de la Luz en 1862, se produce en Cuba un silencio en la actividad científica y filosófica, aunándose todos los esfuerzos para la guerra (Guevara, 1984). Sin embargo, ya en la última veintena del siglo XIX comienza a surgir la Psicología como ciencia en Cuba(Segura, 2003) , momento en que también lo hacía internacionalmente.

En esta etapa se destaca la figura de José Martí (1853-1895), quien en sus elaboraciones pedagógicas, filosóficas, periodísticas y políticas, expresa tácitamente, ideas psicológicas que continúan la trascendencia del pensar científico de de la primera mitad de ese siglo. El Apóstol precisó a la Psicología como una ciencia del espíritu”, abordó conceptos como el de sensación, memoria, representación, pensamiento, inteligencia, afecto, sentimiento y voluntad; además de establecer un nexo entre los afectos y el conocimiento (Segura, 2003). En la obra martiana también fueron tratadas características psicológicas del cubano, la relación de la educación y el desarrollo de la personalidad. Al igual que Varela y Luz sus ideas psicológicas respondían al sensualismo, el empirismo y el humanismo.

En lo concerniente a las teorías o corrientes psicológicas que se introdujeron en nuestro país para los finales del siglo XIX, podemos decir que Enrique José Varona y Manuel Valdés Rodríguez fueron los encargados de propagarlas en el territorio nacional. Entre estas teorías se encontraban el estructuralismo, el funcionalismo y la psicología experimental. Varona constituye el pensador que destaca en la época con sus Conferencias Filosóficas (Varona, 1888) y su Curso de Psicología (Varona, 1921) donde defendía la necesidad de independencia de la Psicología de los argumentos explicativos de la Biología.

Finalizada la guerra de liberación nacional iniciada en 1868 con la intervención militar norteamericana (1899-1902), nace La República. El desarrollo económico, político, ideológico, cultural y científico ahora dependía de las relaciones neocoloniales. Es en la primera treintena del siglo XX en que se establece la ciencia psicológica en Cuba (Segura, 2003), al igual que a finales del siglo XIX continúa imperando el positivismo en la ciencia y sus principales precursores seguían siendo Varona y Valdés Rodríguez. Este fue el momento en que se propagó una psicología académica y se produjeron textos con el fin de dar a conocer el saber psicológico universal.

En lo tocante a las prácticas psicológicas de enseñanza en la Universidad, se impartían dos asignaturas: Psicología General, que se adscribía a la Cátedra de Filosofía Moral, Sociología y Psicología en la escuela de Filosofía y Letras y Psicología Pedagógica, adscrita la Cátedra Psicología Pedagógica, Historia de la Pedagogía e Higiene Escolar en la escuela de Educación. Entre los académicos que se dedicaron a enseñarla se destacaron Enrique José Varona y Roberto Agramonte y Pichardo.

Agramonte fue seguidor del Conductismo clásico de Watson, por lo que como es de suponer, privilegió el estudio de la conducta mediante métodos objetivos como la observación y el experimento, abordó categorías como el aprendizaje y los hábitos. Fundó en 1934 el primer Laboratorio de Psicología Experimental que fue nombrado Félix Varela.

Si bien Agramonte se inclinó hacia el Conductismo, reconoce cuando hace un valoración de la “Historia y Sistemas en Psicología” que a pesar de ser duramente criticado “…el psicoanálisis constituye (…) uno de los sistemas más importantes de la Psicología y uno de los descubrimientos que marcan una época eminente en el conocimiento de la naturaleza y la motivación de la conducta del ser humano” (Agramonte, 1949, p. 489). Es necesario destacar además el análisis epistemológico e histórico que realiza en sus obras al comprender la psicología (desde el enfoque comprensivo de Dilthey) como ciencia natural y del espíritu.

Agramonte declara que su Psicología es “general experimental” y “pluridimensional” recorriendo “…las grandes vías del pensamiento psicológico actual (…) a través del Behaviorism (...) de la Gestalt Psychologie (…) del Psicoanálisis (…) de Freud…”. Considera los aportes de Adler y Kretschmer, Pavlov y Beckterew; “…seleccionando y coordinando, en función del postulado céntrico de la conducta, los fecundos aportes de cada ismo psicológico” (Agramonte, 1938, p. 6). Es la conducta el principio integrador pero sin resultar “…conductista radical, a lo Watson, (…), en el sentido de prescindir de casi todos los rótulos capitulares de la psicología clásica…” (p. 6). Para él la reacción no se queda en la definición reflexológica, lo utiliza para “…explicar los más complejos y ariscos procesos mentales y de la personalidad” (Agramonte, 1938, p. 6).

Tales declaraciones muestran el apego, desde su práctica pedagógica, a la tradición crítico-electiva del pensamiento social cubano, aspirando a que su hacer psicológico mantenga “…la continuidad histórica de tradición cultural, legada a nuestra naciente sociedad por José de la Luz y Caballero, por el Padre Varela y por Enrique José Varona…” (Agramonte, 1938, p. 6). La “Philosophia Electiva como Filosofía Libre” de Caballero, Varela, Luz y Varona, es “…directiva, en cuanto que dirigir y no meramente contemplar es función primaria del espíritu” (Agramonte, 1952, p. 222). Hay un historicismo diltheyano en Agramonte implicado en una ética emancipadora: “…el hombre se empieza a mirar, en nuestra sojuzgada Isla, no como sustancia inmutable, sino como ser que cambia, como ser histórico, como un ente que está hecho de tiempo” (Agramonte, 1952, p. 229).

Ya en las décadas del 40 y el 50 del siglo pasado la penetración norteamericana toma más fuerza, remarcándose la hegemonía político-económica y con ello, la dependencia de nuestro país. Se produjo un estancamiento en la industria azucarera, la dependencia del comercio exterior se agudizó y aumentaron las inversiones norteamericanas. Todo ello condicionó un amplio desarrollo de movimientos revolucionarios en busca de mejorías, protagonizados principalmente por la Federación Estudiantil Universitaria y los movimientos obreros.

Durante este período comienza el desarrollo de la psicología como ciencia y profesión (Segura, 2003). En 1946 un grupo de católicos norteamericanos fundan la Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva donde se estrenó la carrera de Psicología en Cuba. Esta institución no respondía directamente a los intereses del país y se pronunciaba en contra de la enseñanza laica de la Universidad de La Habana. En este mismo perfil se encontraba también la Universidad Masónica José Martí.

Por estos años, el desarrollo de la ciencia psicológica se inició como práctica profesional en las áreas de la pedagogía, de lo social, en la clínica, en la publicidad y en la orientación psicológica. En el año 1943 se funda el Instituto Cubano de Opinión Pública y Psicología Aplicada (ICOPPA), orientado a investigar la opinión pública. Cuatro años más tarde queda aprobada la fundación de la Oficina de Psicometría y Orientación del Ministerio de Educación con la finalidad de realizar investigaciones pedagógicas del escolar cubano. En 1954 se creó la Escuela de Publicidad de la Asociación Nacional de Profesionales Publicitarios ante la demanda de trabajos propagandísticos. En este mismo año, se constituyó el Centro de Orientación Psiquiátrica Infantil con un enfoque clínico. A su cargo se encontraban psicólogos, psiquiatras, psicometristas y trabajadores sociales. Dos años más tarde aparece el Instituto Nacional de Psicología Aplicada (INPA), organización científica que prestaba asistencia en la educación, la investigación social y la industria. Ofrecía además cursos para orientar y desarrollar los miembros de las organizaciones industriales y docentes (Segura, 2003).

La práctica interventiva en la clínica, por su parte, estuvo permeada por el psicoanálisis y detrás del telón de la Psiquiatría. Los profesionales de la psicología como auxiliares de los psiquiatras, se podían calificar como “testólogos”, pues se dedicaban casi exclusivamente a la aplicación de instrumentos psicodiagnósticos, que evaluaban principalmente la inteligencia y la personalidad. Entre los que investigaban la personalidad había preferencia por el Psicodiagnóstico de Rorschach y el Test de Apercepción Temática.

El tercer descubridor de Cuba, Fernando Ortiz (1975), cuyo pensamiento psicológico es muestra de un electivismo crítico se oponía al énfasis que se ponía en el uso de los test. Declaraba que para ser “…aceptados como base psicológica de la inteligencia habría que distinguir en el análisis de los factores codeterminantes de los resultados, aquellas variantes motivadas por las respectivas y múltiples idiosincrasias permanentes o transitorias de los individuos y por los factores educativos…”. Para el polígrafo cubano era “…injusto medir la inteligencia de gentes de lenguajes extranjeros con test articulados en idioma inglés (…) especialmente si relacionados con prácticas propias de un dado tipo de cultura; (…) los motivos de las respuestas son diversos según el ambiente social del sujeto examinado, etc.”(p. 258-268).

En la República predominó la psicología de academia y se inició su desarrollo como profesión en las áreas antes mencionadas. Los profesionales que se dedicaron al estudio y aplicación de esta ciencia no eran psicólogos de formación y, sin embargo, esparcieron las ideas psicológicas más universales en el territorio nacional y propiciaron la interdisciplinariedad con ciencias como la pedagogía, la medicina y la sociología.

Revolución en el poder

Recién triunfada la Revolución el primero de enero de 1959 el país se vio envuelto en una serie de transformaciones en todos los ámbitos sociales y culturales. A partir de este momento a las ciencias sociales y entre ellas a la Psicología, se le dio el encargo de contribuir en la construcción de la nueva sociedad, abriéndose a la realidad social en un servicio social gratuito. A ello contribuyó la aparición de las dos primeras carreras para formar psicólogos en la Universidad de las Villas (1961) y de La Habana (1962).

Las escuelas de psicología se definieron en un marcado compromiso con la transformación social (Rodríguez, 1990) relacionado con una década de constante tensión y fervor revolucionario. La invasión por la Bahía de Cochinos en 1961, la crisis de los misiles de 1962, la implantación del bloqueo, los atentados y acciones terroristas, motivó a los cubanos en tareas que implicaban defender la revolución. Así se definió un rol de desempeño marcado por la investigación e intervención psicosocial en los profesionales de la psicología. Profesores y estudiantes de la recién estrenada carrera no quedaron a la zaga (Casaña, Fuentes, Sorín & Ojalvo, 1984; De la Torre, 2009; González, 1995; Rodríguez, 1990; Tovar, 1993).

En las décadas siguientes (del setenta hasta los años ochenta), la ciencia psicológica cubana estuvo bajo el influjo de los cambios que ocurrieron al relacionarse la nación cubana con la Unión Soviética. El referente teórico que inauguró esta nueva Psicología sobre todo a partir de los años setenta fue el socio-histórico que habían defendido en la antigua Unión Soviética autores como Vygotski, Luria, Leontiev y Rubinstein. Fueron dos lustros en que los psicólogos cubanos se afianzaron de una denominada “Psicología marxista” que era congruente con la ideología revolucionaria.

Recién comenzada la tercera década de la etapa revolucionaria, Cuba tenía una estabilidad económica que le permitió a la Psicología abrirse espacios para la intervención y la investigación. De esta forma a la ciencia y la praxis psicológica se le dio mayor importancia y reconocimiento social. A esto tributó la cantidad de eventos científicos realizados, postgrados, publicaciones, textos para la docencia y graduaciones de un número importante de profesionales que sobrepasaban la cantidad de las décadas anteriores. Fue esta un período de “ciencia normal” para la Psicología cubana, tanto en lo teórico-académico, investigativo como en las prácticas de intervención en diferentes áreas de actuación.

Ya arribados los años noventa con la caída del campo socialista, el país se vio envuelto en una crisis. Se perdía la principal relación comercial que era para ese momento la establecida con la Unión Soviética. Esto tuvo un impacto económico y político importante y en consecuencia en todas las esferas de la realidad social y ante ello, la Psicología debió repensarse frente a una situación compleja llena de carencias. En este contexto la práctica psicológica se enfrentó a unas condiciones difíciles y para ello debió producir en la medida que intervenía, formaba e investigaba, nuevos referentes. Por otra parte los profesionales de la Psicología no estuvieron al margen de la crisis económica denominada “Período Especial”, de aquí que muchos abandonaran sus puestos buscando alternativas en otros espacios profesionales (De la Torre, 2009). Empero, la misma exigencia de la vida cotidiana trajo como resultado el desarrollo de la creatividad profesional y la implementación de teorías y enfoques que la realidad anterior a los noventa no habían demandado.

A pesar de la crisis la Psicología no se estancó, ejemplo de ello es la fundación de la carrera de Psicología en la Universidad de Oriente en el año 1991 en la provincia Santiago de Cuba, institución donde existía una importante tradición de enseñanza de la Psicología antes de 1959, con la existencia de un laboratorio de Psicología creado en 1952.

Al arribar el nuevo milenio, un hecho que se convirtió en influjo para la ciencia psicológica fue el secuestro del niño Elián González. En los medios de comunicación la psicología fue protagonista en el proceso de demostrar lo justo y necesario para la devolución del infante. Todo el batallar por su regreso se tornó en enorme movilización de masas y en una serie de transformaciones en forma de proyectos sociales, vinculándose algunos de forma directa a la psicología como ciencia y profesión. Se pueden mencionar el Programa de Formación de Trabajadores Sociales, el de Superación de los trabajadores Sociales y Graduados en Cursos Emergentes en las Universidades, el de Atención a los Niños y Adolescentes de cero a quince años y el de Atención al Adulto Mayor (Silva, 2008), entre otros.

Estos programas derivaron en un importante esfuerzo para la psicología. La formación de trabajadores sociales fue uno de los espacios, el otro, la enseñanza de las carreras universitarias como continuidad de estudios. En la formación de psicólogos se destacó una considerable matrícula para la universalización de la enseñanza en las sedes universitarias a lo largo del país que demandó no solo la producción de libros para esta modalidad, sino también la incorporación de profesores encargados de llevar a cabo tal empresa.

De conjunto con los sucesos que exigían a la psicología modos de actuación diversos, más al interno de lo disciplinar se había instaurado, desde entrada la anterior década, una discusión epistemológica que se incorporó al repertorio compartido en términos formativos e investigativos. Este debate se ha dado para la crítica teórica y sobre todo alrededor del método y la metodología, alcanzando un auge el distingo entre los llamados enfoques cualitativos y cuantitativos, cuestión que no tardó en convertirse en asignaturas de pregrado y declararse en las investigaciones.

Relacionado con lo formativo ha jugado un papel significativo la Educación Superior. En este contexto desde la mitad de los noventa se habían alcanzado resultados importantes sin que quedara fuera la ciencia psicológica. Un ejemplo fue el Programa de Maestría, donde se han vinculado un número importante de psicólogos en todo el país. Se pueden mencionar la Maestría en Psicología Clínica, Educativa, Laboral-organizacional, Social y Comunitaria, de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, la de Psicología Médica y Psicopedagogía de la Facultad de Psicología de Las Villas y la de Intervención Psicosocial del Departamento de Psicología de la Universidad de Oriente.

No obstante las limitaciones y desaciertos, se puede concluir que lo acontecido en la psicología cubana durante el período revolucionario, partiendo de un análisis histórico, revela la madurez alcanzada. Las rupturas, continuidades e inflexiones por las que ha atravesado han sido propicias para tomar conciencia crítica ante la posibilidad de avizorar un posible futuro.

La búsqueda de un hacer emergente para abordar problemas sociales (años sesenta), la importación de un paradigma que propició acumulación de conocimiento a partir de una práctica estable (los setenta hasta finales de los ochenta), una crisis que abrió espacios para la crítica abierta desde la cotidianidad, poniendo a prueba lo acumulado (los noventa) y un auge en la formación profesional de conjunto con una discusión sobre las condiciones que hacen posible la construcción del conocimiento (2001 hasta la actualidad) constituyen los diferentes momentos en el devenir de la psicología revolucionaria.

Crítica electiva versus Eclecticismo: significado histórico para la práctica psicológica

En Cuba por su constante movimiento de intercambio y mestizaje que no termina, comprender cualquier proceso histórico-cultural, incluyendo la psicología, exige penetrar los avatares que la han constituido como nación. La ciencia psicológica es parte de la historia de Cuba, no un tipo de conocimiento suspendido cuyo telón de fondo es lo socio-político, lo económico. En ese sentido resulta pertinente comprender los derroteros de lo allegadizo y su encuentro con lo originario. Para significar una de las principales características del pensamiento psicológico cubano

Interesa destacar no tanto las tendencias y corrientes del pensamiento universal, sin dudas presentes en la Isla, sino el tamiz por el que estas tuvieron que pasar para ser reprocesadas e incorporadas desde y para Cuba. No estamos ante la expresión de sistemas de pensamientos europeos, considerados como clásicos y por tanto reconocidos con la validez de sistemas, sino ante un pensamiento y una producción cultural que asume lo universal desde las peculiaridades de su propio ser de sus conflictos y necesidades (López, 2010, p. 9.).

Pensamiento y producción cultural no son excluyentes ni paralelas y ello es válido para comprender la relación entre las ideas psicológicas en la Filosofía y la ideología: “La asunción creadora, la manera de procesar, de cubanizar los aportes universales…” (López, 2010, p. 8). Lo crítico-electivo es una manera de expresarse y constituirse las elaboraciones psicológicas. Ello ha sido posible en medio de la formación de la cubanía que es un “toma y daca”.

La crítica-electiva en tanto método es una de las características que se articula como una estructura en el quehacer de la psicología como ciencia-profesión cuya génesis se remonta al surgimiento de la nación. Surge desde la praxis socio-histórica insertada en la complejidad del devenir de la nacionalidad cubana.

En contraste con lo anterior existe un término no poco utilizado para calificar el quehacer de la psicología en el período revolucionario y que se opone a la tesis de la herencia del pensamiento psicológico cubano de la crítica electiva: el eclecticismo y sus variantes (Calviño, 1998; De Armas, Quevedo, Hernández, Jiménez & Hernández, 2010; Dueñas & Pardillo, 2001; Roche, 2012; Triana, 1992).

El vocablo ecléctico/ca remite a la tradición del pensamiento cubano, manteniendo una diferencia con la palabra electiva. El distingo responde históricamente a evitar confusiones entre las ideas cubanas y europeas en el período que antecede al desarrollo del pensamiento cubano decimonónico y en este último.

El significado actual del eclecticismo en psicología responde al supuesto de aglutinar arbitrariamente referentes, métodos e instrumentos opuestos para ofrecer una interpretación, explicación de la realidad o solución a determinado problema. Esto remite a un análisis del término desde y en las prácticas psicológicas en su devenir.

La diferencia que se deslinda de este proceder radica en que el acto de escoger no parte de un interés impersonal, lógico-abstracto, o se coloca en un punto de partida infalible. La elección se organiza por la exigencia práctica de una realidad demandante. Es el sujeto de la intervención, formación o investigación quien “orienta” desde su singularidad, el referente y los procedimientos a elegir.

Si existiera en Cuba una comunidad de conductistas o psicoanalistas agrupados en una tradición portadora de consenso, los objetos se constituirían apuntando a conductas o manifestaciones de lo inconsciente. En consecuencia se actuaría dentro de los marcos que impondría uno u otro referente, se “mostraría” – o más bien constituiría-, el “sujeto” de la reacción o, el sujeto del deseo.

Pero tal consenso está lejos de ser una realidad en la psicología cubana. Esto ocurre no solo en la intervención, en la investigación igual se piensan el método y la metodología desde la singularidad del caso, aún en las posturas más cercanas a lo científico-natural como es el caso de la neuropsicología. Se considera no solo la lesión como una expresión de lo biológico, sino además la historia del sujeto, apoyo familiar, entorno social, etc., variables que responden a un enfoque sociopsicológico.

Otro distingo es que lo elegido no mantiene su integridad, es filtrado, reinterpretado cuando se utiliza y se obtiene un resultado. El punto de partida para elegir no es un sistema teórico, son las prácticas abocadas hacia un sujeto en sus diferentes niveles de existencia y expresión: individual, grupal y social. No hay un seleccionar dogmático desde un solo referente, no obstante la confluencia de diversos sistemas y métodos de conocimiento.

Siguiendo estas ideas se puede plantear que en Cuba se han recibido todas las contradicciones históricas de la ciencia psicológica. En otros contextos donde las comunidades por tradición defienden determinado enfoque y tienen consenso, el sujeto es definido, comprendido y transformado en el marco que imponen las cotas de su referente. En Cuba no ha existido de forma pura Psicoanálisis, Conductismo, Humanismo o Gestalt. Lo que se ha escogido han sido intenciones, procedimientos, interpretaciones y no escuelas en estricto sentido, siempre a la luz de la crítica –con sus aciertos y desaciertos- para desde la práctica enfrentar las contradicciones propias.

Estos argumentos no tratan de hacer coincidir un término (electivo) con las ideas de pensadores que iniciaron una tradición, sino desentrañar su devenir y utilidad, sin diluir al autor en lo social o “congelar” el contexto y elaborar una apología. No se trata de imponer el juicio, es hacerlo posible (Rose, 1996) con los valores implicados en su significado histórico. Si se asume el eclecticismo para caracterizar las prácticas psicológicas se renuncia a la historia y tradición del pensamiento psicológico cubano, se entra en contradicción con su significado histórico.

En el período revolucionario resulta limitado y carente de fundamentos considerar la práctica psicológica de intervención como ecléctica. En este mismo orden la investigativa y la formativa también lo serían. Su carácter electivo y no ecléctico responde a una necesidad, una “ontología histórica” que se expresa en el aquí ahora. Las características contradictorias y siempre cambiantes de la realidad cubana aparejada a una ética humanista, se convierten en eje vertebrador que actualiza el significado y el sentido de lo electivo.

En la praxis interventiva y de investigación enfrentarse al sujeto, cuya naturaleza desborda los referentes con el que se intenta “atrapar”, hace que emerja la necesidad de elegir puntos de partida para comprender y explicar su complejidad, desde el respeto al otro como principio ético. El respeto al otro/s y su comprensión emancipa el sujeto de la tecnología de lo psicológico en el acto de ser comprendido y respetado tal cual es. Se prescribiría además una de las consecuencias éticas implicadas en el “ser ecléctico”: el “mal-trato” hacia el otro al no ser consecuentes con un solo enfoque y determinación acrítica de la tecnología de lo psicológico, suspendida del sujeto y contexto real. No se maltrata el sujeto y se violan principios éticos cuando se elige, sí cuando se es ecléctico, puesto que se escogen “a priori” los fundamentos que supuestamente cualifican o cuantifican lo humano sin pensarlo en su real entorno ecológico. No se toma “…la cola de un sistema y la adaptan a la cabeza de otro, intercalando entretanto el tronco de un tercero…” (Vygotski, 1997, p. 57).

Afirmar que las prácticas psicológicas cubanas son eclécticas remite a una crítica que deriva en la posible pretensión de ser conductistas, humanistas o psicoanalistas y “disfrutar” de la certidumbre y armonía que otorgaría el consenso de pertenecer a “escuelas puras”. Esto se afianza en la posibilidad de que existan significados compartidos que otorguen identidad, dado que la comunidad de pensamiento concedería una igualdad traducida en la congruencia entre formación, investigación e intervención.

Se obvia que la identidad en todos los ámbitos posibles del ser cubano, de la Cuba profunda (James, 2001), se constituye desde la diversidad y la contradicción, siendo lo que le concede peculiaridad. No obstante, el carácter diverso, complejo y contradictorio de las prácticas no significa que funcionen como un caos. El hecho de su gratuidad e institucionalización, instaura repertorios compartidos y compromisos mutuos en una empresa conjunta que viabiliza un accionar donde se construyen in situ los referentes a seguir. Ello hace posible la producción colectiva, pues ningún practicante trabaja de forma aislada, a pesar de la “libertad” teórico-conceptual y metodológico-instrumental.

Conclusiones.

Pensar si el pensamiento psicológico cubano debe considerarse importado, adaptado o autóctono implica asumir que una psicología en Cuba o psicología cubana no debe su carácter solo a lo introducido, además, a la creación de los psicólogos cubanos. Se debe tomar en cuenta lo que ha trascendido de ese pensamiento no solo en términos de autores destacados, filósofos, pedagogos: elaboraciones en forma de ideas psicológicas como producto de prácticas no solo pedagógicas, sino además médicas, mágico-religiosas, jurídicas, políticas, etc., factores y condiciones históricas que forman parte de la cultura y nación cubana.

De esta forma, el análisis debe comenzar por comprender el distingo y continuidad entre la historia de las ideas psicológicas de José Agustín Caballero (1762-1835), Félix Varela (1788-1853), José de Luz y Caballero (1800-1862) y José Martí (1853-1895); la Psicología académica que inició a finales del siglo XIX Enrique José Varona (1849-1933) en su Curso de Psicología (1921), la enseñada y puesta en práctica durante La República y el carácter eminentemente práctico e institucional que adquirió en el período revolucionario.

Siguiendo este planteamiento y en relación a las ideas psicológicas de prácticas no académicas, se puede plantear que más que hablar de una historia de la psicología en Cuba o una historia de la psicología cubana, habría que comprender y construir una historia cubana de la psicología. Se asume el significado de la expresión desde lo que James (2001) define como “la Cuba profunda”, entendida desde una “…dimensión de lo profundo, (…) como develamiento de las honduras de la naturaleza humana en todas sus caóticas y a veces contradictorias manifestaciones posibles, (…) de la Historia de Cuba…”, implicando a Cuba en lo social y lo cultural. El término refiere una “…Cuba en su expresión más auténtica y más preñada por ello de posibilidades de engendramiento, de capacidad de dar de sí. De crear…” (p. 184).

Referencias Bibliográficas.

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-Aguirre, C. A. (2011). La historiografía en el siglo XX. Historia e historiadores entre 1848 y ¿2025? La Habana. Cuba: Ediciones ICAIC.

- Brock, A., Mueller, C., Schrott R., Kappelhoff, H., Mar, R. &Goldberg, A. (2012). Towards a history of the indigenisation movement in psychology. International Journal of Psychology, Special Issue: XXX International Congress of Psychology, 47, (1). Recuperado de http://www.onlinelibrary.wiley.com

-Calviño, M. (1998b. Premuras y corduras en psicoterapia. Revista Cubana de Psicología. Edición digital, 15 (1), 4245-4274.

-Carpintero, H. (2012). Making an indigenous psychology in the United States, 1926–1966. International Journal of Psychology, Special Issue: XXX International Congress of Psychology, 47, (1). Recuperado de http://www.onlinelibrary.wiley.com

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Details

Seiten
237
Jahr
2017
ISBN (eBook)
9783668505643
ISBN (Buch)
9783668505650
Dateigröße
1.4 MB
Sprache
Spanisch
Katalognummer
v372153
Institution / Hochschule
Universidad de Oriente in Santiago de Cuba – Universidad de Oriente
Note
10
Schlagworte
herramientas intervención psicosocial desarrollo humano oriente cubano perspectiva integradora

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Titel: Herramientas para la Intervención Psicosocial en el Desarrollo Humano en el Oriente Cubano, desde una Perspectiva Integradora