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El Estado, padre y traidor

Ausarbeitung 2018 80 Seiten

Politik - Internationale Politik - Allgemeines und Theorien

Leseprobe

Indice

Introducción

Reflexiones históricas y filosóficas

La corrupción

La confiscación y la evasión fiscal

Las plazas financieras al margen del fisco

La guerra fiscal entre los Estados

El mercado de pasaportes y de residencias fiscales

Las revelaciones recientes de la Sra. Karen Huds

La represión financiera del Estado

La desigualdad económica y el capitalismo del Estado

La manipulación del dinero

Las faltas de neutralidad ideológica del Estado

Factores de hecho que conforman a una nación

Organizaciones supranacionales

Rasgos tiránicos del estado y de la Unión Europea

El populismo político en Latinoamérica

El Islam

Viva el capitalismo

Introducción

Peter Kopa nació en 1944 en Praga. En 1947 su familia sufrió una emigración forzosa que le obligó mudarse al Paraguay. A fines del 1969 retornó a Europa, donde terminó sus estudios de posgrado como abogado, en Roma y en Pamplona, España. Desde mediados de 1973 se estableció en Zúrich, donde comenzó su carrera profesional en el sector empresarial y financiero, viajando mucho por el mundo. En 1991 se mudó a Praga. Habla seis idiomas, ha publicado varias novelas y actualmente, en sus setenta y más años de edad, cuando el quehacer profesional declina, quisiera decir algo sobre la convivencia política, en un estilo que pretende ser periodístico, dejando correr su pensamiento como si estuviera en una reunión de amigos.

Este ensayo quiere hacer reflexionar al lector sobre el Estado y la Democracia, sobre su modo de actuar, al ser algo que incide hondamente en la vida del hombre, para que se difunda el convencimiento de que los ciudadanos pueden y deben ocuparse más de las cuestiones del Estado. Sus ideas, opiniones y visiones sobre lo bueno y lo malo tienen un fondo optimista, aunque meta el bisturí hasta el fondo, para sacar a la luz hechos, que, relacionados entre sí, revelan una trama que podría ser una posible explicación a lo que está pasando hoy en la economía y en la política. El autor prefirió no buscar una secuencia sistemática entre los capítulos, por lo que se pueden leer separadamente uno del otro. Además de las citas de fuentes, muchas de ellas se mencionan en el texto mismo y adicionalmente el autor ofrece ampliaciones en una serie de enlaces a videos al final de la bibliografía.

Su formación filosófica le permite hilar sus pensamientos sobre el trasfondo de la verdad de las cosas, aunque el tema sea difícil. Ante el espectáculo de la Historia de los últimos 100 años, que transmutó profundamente al Occidente y a todo el mundo, busca las causas de tantas catástrofes, que fueron orquestadas precisamente por los Estado y sus gobernantes.

Los pensamientos del autor son a menudo audaces y hasta ´políticamente incorrectos´ para personas que se dejan influir inconscientemente por el ´mainstream´ de opiniones, que quizás fueron a su vez puestos en escena desde vértices de poder comprometidos con una mentalidad ideologizada. Al autor no lo podemos tildar ni de derecha, ni de centro, ni de izquierda. Igual denuncia la culpa del ciudadano, por no interesarse por la política, como arremete contra las cúpulas del poder político y económico, mostrando, que, en el fondo, el problema del Estado es el problema del hombre enfrentado ante el bien y el mal, ante la verdad y el error.

El autor agradece a todos los que han intercambiado con él su manera de ver las cosas, a todos los que han leído las primeras versiones y han dado sugerencias para mejorarlo y a los que les han facilitado el acceso a las fuentes de información.

Praga, abril 2016

Reflexiones históricas y filosóficas

Hoy se habla mucho de la crisis de la democracia. Winston Churchill dijo una vez que ´ es la mejor alternativa entre las malas formas de gobiernoˇ. Al mismo tiempo, las personas en los países emergentes están como hipnotizados, mirando a la democracia como la panacea que ha de curar todos sus males. Pero al poco tiempo se revela, que todo gobierno democrático sólo es tan bueno como los gobernantes que ejercen el poder. En su momento, también en Europa la democracia ha fascinado, teniendo por delante el ejemplo de Abraham Lincoln en los USA, y mucho más cerca a Suiza, la democracia más antigua del mundo.

Aunque se piense que Locke, Rousseau y Montesquieu (1) fueron los precursores de la democracia, en realidad esta forma de gobierno se nutre de una cultura judeo-cristiana acunada durante casi cuatro milenios, porque para su buen funcionamiento tiene que apoyarse en personas de gran integridad moral, tal como lo formuló un personaje inglés: ´Democracy is only for gentleman´ (la democracia es sólo para honrados caballeros) que son conscientes de la dignidad del hombre.

A pesar de los grandes desastres que tuvieron lugar en el mundo, incoados por abusos de poder que inicialmente fueron legitimados democráticamente, hay que reconocer que el mundo nunca ha progresado tanto –y no sólo materialmente- como en los últimos cien años.

Desde que hay hombres sobre la tierra siempre hubo una autoridad en un grupo social, que comenzó siendo nómada, luego una tribu. Hubo caciques, brujos, sabios o viejos, que por la razón de su alta edad se consideraban capaces de gobernar y juzgar. Cuando se produjo el paso de la vida nómada al asentamiento agrícola, comenzaron a surgir pequeñas poblaciones con mayor calidad de vida y con más personas, lo cual dio lugar a sistemas de autoridad más estables. Lo interesante en este desarrollo es el hecho, de que siempre se había dado por supuesto un código ético mínimo, que surgía del sentido común racional: no robar, no matar ni dañar a otro injustamente, respetar las cosas (derecho de propiedad) y la mujer de otro etc. Las transgresiones contra estos principios tenían sanciones mucho más severas que las del presente. La venganza era una de las formas de sanción, que muchas veces se extralimitaba, creando un ambiente de lucha continua que tanto frenó el progreso civilizatorio durante siglos. La imaginación de Hollywood intenta mostrarnos en tantísimas películas cómo vivían en este sentido los hunos, espartanos, los persas, los egipcios, los indios en América etc.

Desde los albores de la vida del hombre sobre la tierra pasaron muchos siglos con un adelanto mínimo en ciencias y tecnología (2). Recién con el advenimiento del pueblo de Israel aparece una rica codificación ética basada en el monoteísmo, que culmina luego con el advenimiento de la era cristiana, que instaura la Ley divina revelada, que confirma y perfecciona las leyes morales anteriores. Gracias a estas enseñanzas, el Occidente judeo- cristiano pudo tener un desarrollo muy superior a los demás pueblos de América y Asia.

Y así, gracias a que en Occidente se tenía una noción más diáfana de lo que es el bien y el mal moral, poco a poco, gracias a la labor de la Iglesia y a sus instituciones educativas (3) se fue abriendo paso una forma de vida superior basada, en última instancia, en la libertad y en el amor a Dios y al prójimo. Todavía hoy, estos principios resultan un impacto positivo para tantos pueblos no cristianos en África y Asia. La concepción judeo-cristiana de la familia es lo que más contribuyó al progreso de Occidente, porque permitió la educación óptima de los hijos, desencadenando un ´círculo virtuoso´ con enormes consecuencias positivas para las ciencias y la tecnología modernas, que tienen sus raíces precisamente en la cultura judeo-cristiana.

Sus principios han inspirado profundamente las leyes en el Occidente, que parten del hecho de que el hombre, como ser racional, es libre, por lo que, para lograr el bien, lo tienen que querer y poner los medios para lograrlo, superando así las tendencias al mal (por ejemplo, robar, ser infiel, mentir, hacer sufrir a otros injustamente etc.). Por tanto, el hombre es responsable de sus actos, y merece sanción de la autoridad pública cuando su comportamiento daña los derechos de los demás.

Inicialmente, el origen del poder político se derivaba de la descendencia dinástica o de otro principio muy distinto que la democracia. Recién hace unos pocos siglos este poder lo comienzan a adjudicarlo un consejo o el pueblo, mediante decisiones de todos o de los que se consideran sus representantes. Pero Ya en Grecia, y luego en Roma y en la Edad Media y Moderna, el César o el Rey no tenían siempre poderes absolutos.

La democracia, tal como la conocemos hoy, es relativamente reciente. La Revolución Francesa, que explotó en el año 1789, no inventó la libertad, la igualdad y la fraternidad, sino que estos principios fueron tomados de las enseñanzas filosóficas de inspiración cristiana y fueron empuñados como armas arrojadizas contra el así llamado ´ancienn regime´ (régimen antiguo de corte político-dinástico). ¿No es prueba de ello que el remedio pretendido por esta revolución resultó peor que la enfermedad que pretendía curar, matando a millones en guerras y levantamientos callejeros, persiguiendo a la iglesia y a todo lo que se le oponía? Creo que es un ejemplo, como tantos en la historia de los hombres, de que el bien no puede imponerse sin ser uno mismo bueno. Esto mismo pasa también hoy bajo otras formas.

Ahora recuerdo haber leído hace poco la biografía de Beethoven. Políticamente eran un gran romántico. Con gran ingenuidad pensaba en Viena, que la incursión de Napoleón en Austria supondría por fin la liberación del yugo dinástico y monárquico, pero pronto se llevó una enorme decepción, cuando vio que Napoleón se portaba aún peor que la nobleza anterior. Nuestro tiempo y nuestro mundo de los últimos cien años presenta una situación nueva, porque la Ley se va desvinculando paulatinamente de los principios y de la vida cristiana que la sustenta. Veamos unos ejemplos:

Hitler subió al poder gracias a elecciones democráticas, en las que recibió un apoyo decisivo sobre todo en los sectores protestantes del electorado. Y en Checoeslovaquia, poco después de la finalización de la segunda guerra mundial, el partido comunista obtuvo, también democráticamente, una mayoría relativa suficiente para nombrar al jefe del gobierno. En ambos casos, las consecuencias fueran catastróficas, significando en el caso de Alemania 54 millones de muertes en la II guerra mundial, y en el caso de Checoeslovaquia, la opresión comunista de un pueblo de 15 millones de habitantes, hasta la Revolución de Terciopelo en 1989.

¿Qué había pasado? ¿Por qué fracasó la democracia? Porque el pueblo elector se había fiado de que los líderes electos defenderían sus derechos. Aunque el pueblo elector estaba ofuscado por el momento dramático en que tuvieron lugar ambas elecciones (la humillación de los alemanes después de la primera guerra mundial, y el sentimiento de que los rusos comunistas habían liberado a Checoeslovaquia del protectorado alemán), los electores no pudieron sino querer para sí lo bueno, la justicia y la fraternidad. Y en cambio tuvieron que sufrir todo lo contrario, porque habían caído en la típica trampa electoral, cuya carnada son las ilusiones de los electores, quienes, con su voto, su trabajo y sus impuestos, dan fuerza y poder de mando a quienes luego los van a llevar al precipicio.

A lo largo de estas páginas iremos viendo que casi siempre, las injusticias y abusos del gobierno son resultado de no haberse respetado la verdad de las cosas, la razón natural y el sentido común. Y cuando el error es presentado de intento, ¿no se transforma acaso en una mentira que tiene como objeto manipular al electorado o justificar lo injustificable? Ciertamente, en la política no puede haber verdades como en las ciencias, sino sólo opiniones que llevan a decisiones prudenciales, que a su vez llevan a un buen resultado, si se ha buscado sinceramente el bien para todos, lo cual presupone el respeto de la Ley Natural y de los Derechos humanos, que han de ser siempre las premisas de las que hay que partir.

Pero otra cosa muy distinta es la deformación intencionada de la verdad para lograr un fin ajeno al bien común. Por tanto, la verdad en la política sí que existe y debe ser exigida en cuanto a la intención recta del gobernante y, sobre todo, en el entendimiento según la verdad de los problemas y en la forma de remediarlos. Aquí el criterio de verdad lo da las exigencias de la justicia y el criterio de proporcionalidad entre las medidas a aplicarse y sus efectos. Por ejemplo: Hitler y su ideología en torno a la superioridad de la raza aria-germánica ha llevado a efectos desastrosos. En el otro extremo encontramos el buen gobierno de un Adenauer, que ha buscado la verdad en las exigencias de justicia que halló en la encíclica ´Rerum Novarum´ (4). Dejo en el tintero muchos otros ejemplos de buen gobierno, cuya exigencia mínima es la intención recta del gobernante, aunque luego se hubieran equivocado en algunas cosas, como es el caso de Charles De Gaulle, Ronald Reagan y otros.

En nuestros días, aunque los problemas económico-políticos tienen una gran complejidad, nunca debería cesar, por parte del ciudadano, la vigilancia sobre las medidas que aplica el Estado para resolverlos, para evitar, en su caso, la tendencia al egoísmo de sus gobernantes, que les inclina a no vivir para su gente, sino para sí mismo, intentando someterlo todo a su control. Ante esta tendencia ¿no sería lógico que los mandatarios políticos asuman una responsabilidad personal por sus gestiones de gobierno (´political accountability´)? Por tanto, hay que ver siempre quiénes y cómo han echado a rodar – en algún caso- una bola de nieve que daña al pueblo. Por lo general, la culpa la tenemos también los ciudadanos, porque no vigilamos continuamente la gestión del gobierno, invocando los Derechos Constitucionales, que lastimosamente pocos los conocen detalladamente.

Estos abusos de la democracia se repiten hoy una y otra vez en tantos países. ¿Como superar este círculo vicioso? ¿Cuáles serían por tantos las medidas que permitan superarlo, o al menos mitigarlo?

En primer lugar, como acabo de decir, parte de la culpa la tienen los ciudadanos, en la medida en que ellos mismos no viven según los dictados de su conciencia. Si esta no fue bien formada en la propia familia, el hombre difícilmente puede tener la sensibilidad de preocuparse por los asuntos políticos. ¿Tales personas no elegirán más bien la lista de un partido político, sin conocer las personas a las que dan su voto, sin preguntar por su ideario, por sus visiones? Este tipo de ciudadanos es más probable que se dejen seducir demasiado por las satisfacciones que permiten el consumo y la vida relativamente fácil, gracias a la alta productividad económica, basada en tecnologías cada vez más avanzadas. Por ejemplo, en USA, la media de tiempo que se emplea en ver televisión es de cuatro horas y media. En Europa es algo menor.

Luego está la sobrealimentación, el alcohol, el deporte, el turismo etc., que asegura una buena vida material, nunca habida hasta ahora en la historia de la humanidad. Incluso lo que era el pobre tercer mundo, hace treinta años, hoy son países emergentes donde se ha reducido notablemente el hambre y la pobreza extrema. Pero toda esta satisfacción material bien puede adormecer el interés por los asuntos del gobierno político, que a la hora de las elecciones tiende a elevar al pedestal de mando a personas de perfil insuficiente para administrar con competencia, honradez y justicia el bien común.

Finalmente está la culpa del gobernante elegido, que tantas veces no tiene el perfil moral necesario para su cargo. Aquí hay que tener en cuenta de que no basta una persona honrada, bien considerada, porque en el ejercicio del mando político la persona elegida se va a encontrar con un poder que exige no sólo la decencia y honradez, sino que tiene que haber además una profunda decisión de seguir siendo uno mismo moralmente intachable. Pregunto al lector: ¿Cómo encontrar tales personas, que exige un conocimiento previo hasta de la vida particular de los individuos que aspiran a llegar al mando político? Por ejemplo, en USA, un candidato a presidente no tiene chance de ser elegido si no se presenta con su esposa y sus hijos. Un gobernante que engaña a su esposa, o que lleva una vida inmoral en otros órdenes, acabará también traicionado a su pueblo.

En cuanto a la competencia profesional del gobernante, ¿no habría que lograr una preparación análoga como la que tiene un arquitecto, un médico etc.? Es interesante considerar que, en todos los países, la Ley regula especialmente aquellas profesiones cuyo ejercicio expone al ciudadano a un riesgo en su integridad física y psíquica, exigiendo unos estudios superiores y una preparación técnica definida oficialmente, que luego permitirá el ejercicio de la Medicina, Arquitectura, del Derecho etc. Además, el ciudadano que solicite tales servicios profesionales, se apoya además en la recomendación de un tercero de confianza.

Sin embargo, el acceso a la función política exige sólo el ser elegido. Aquí no se exigen ningún estudio ni preparación previa, debido al principio dogmático de que todo ciudadano tiene el sacrosanto derecho político activo y pasivo: esto es, la facultad de votar y ser votado. Y esta situación se complica todavía más, cuando no se eligen personas sino partidos, que bien pueden ser antros de todo tipo de mangoneo de elementos que nunca tenían que haber subido al poder. Winston Churchill dijo una vez, que lo mejor es elegir mandatarios políticos ricos, porque estarían menos inclinados a robar al ciudadano y se cuidarían más de su honra.

El dogma de que todo ciudadano tiene todos los derechos políticos activos y pasivos ha sido acunado por el pensamiento racionalista ilustrado de Locke, Monsquieu y otros, luego reivindicado en revoluciones y finalmente impuesto en la opinión pública como una especie de verdad de fe religiosa. ¿No será que este concepto jurídico de igualdad, sin condiciones previas de debida preparación, se basa en el prejuicio racionalista volteriano de que todo hombre es bueno por naturaleza y sólo las malas influencias lo pueden degenerar? Si se hubiese partido siempre del hecho de que todo hombre está inclinado también al mal, probablemente se hubiesen podido ahorrar muchísimas catástrofes.

Una forma de solucionar este enorme problema podría ser un principio constitucional que exija una carrera universitaria como condición necesaria para el acceso a cargos de gobierno. De esta manera se podrían crear instituciones con el fin de capacitar al candidato en el aspecto moral y profesional para el buen desempeño del mando político. Francia, por ejemplo, tiene su Escuela de Administración Pública. Otros países de vanguardia forman sus cuadros políticos en ciertas universidades, al igual como las empresas multinacionales prefieren los que han estudiado en Harvard. Otras formas de preparación y conocimiento de la persona es la carrera política. Al mismo tiempo no deberían faltar nunca leyes que impidan lo más posible la corrupción, el despilfarro y una administración pública opuesta a la tecnología digital para racionalizar y agilizar sus gestiones. Sobre todo, es importante una buena Ley contra la corrupción, sin compromiso alguno que supongan dejar una puerta abierta para la manipulación, por ejemplo, en la adjudicación de obras públicas. Un ejemplo concreto, negativo, lo ofrece una Ley anticorrupción en un país centroeuropeo: dispone que toda obra pública debe ser sometida a licitación pública, excepto en casos de suma urgencia. Y por esta fisura se cuelan continuamente proyectos que no tienen que supeditarse a una licitación abierta.

La cuestión es: qué puede hacer el ciudadano para mejorar la gestión del gobierno político. Sugiero al lector algunas ideas:

1. Leer la Constitución, para tomar conciencia de sus derechos de petición hacia el funcionario público.
2. Formar una asociación o grupo para formular peticiones o reclamaciones al gobierno. El internet permite crear un blog o una página web desde la cual se pueden motivar y mover a miles y a millones, como puede verse en los USA y en otros países. Lo deseable sería que estos grupos de acción estén por encima de las facciones políticas de partido, con la ventaja de poder nuclear así a más ciudadanos. La estrategia sería realizar el ´management´ del descontento ciudadano, en la forma de notas firmadas por internet, o impresas y enviadas al Gobierno. ¿No escuchamos acaso tantas quejas justificadas, de tantos amigos y conocidos, que no tienen efecto alguno porque no llegan al conocimiento de los dignatarios políticos? La experiencia de la ´Tea Party´ en los USA, por ejemplo, indica que una fracción del electorado es escuchada y tomada en serio. Al mismo tiempo, con este empeño se facilita la formación política del ciudadano.
3. Por tanto, nosotros tenemos que convencernos profundamente de que no basta acudir a las urnas electorales, sino que luego tenemos que ejercitar nuestro derecho constitucional de vigilar la gestión del Gobierno, que se concretará en lo dicho anteriormente o en otras tantas iniciativas que se nos podrán ocurrir en nuestra situación política concreta, sin excluir la manifestación pública en la calle.

En este sentido, durante mi estancia de 18 años en Suiza pude admirar cómo funciona el derecho al referéndum, anclado en la constitución helvética: si se entregan cien mil peticiones ciudadanas al Gobierno Federal en Berna, éste tiene la obligación de convocar la votación del asunto planteado, pagando del erario público todos los gastos. Recuerdo que hace más de veinte años, el Gobierno Federal Suizo estaba decidido a solicitar la entrada en la Unión Europea, cosa que fue impedida precisamente por un referéndum, el cual se repitió después de muchos años, con el mismo resultado denegatorio.

¿No será que el referéndum es tan rechazado por la mayoría de los gobernantes, porque limita sus poderes y les obliga a fijarse más en qué es lo que quiere la ciudadanía, al votarse no a personas sino los asuntos mismos de gobierno ? Es interesante constatar, que no lo tienen los países más importantes como USA y Alemania, siendo hoy su realización muy fácil mediante el internet. Es una pena que los gobiernos mantengan la distancia hacia sus representados, quienes les dan de comer mediante los altos impuestos. Escuchan poco a su gente con el prejuicio de que la ciudadanía realmente no sabe lo que quiere, o que es demasiado ignorante o indigna. Síntomas de esta actitud arrogante no faltan en ningún país, lastimosamente. Un ejemplo positivo, en este sentido, es quizás Helmut Schmidt y Ángela Merkel, en Alemania y el buen gobierno en Suiza.

4. Promover el conocimiento personal del Jefe de Gobierno, del presidente, ministros, Jueces etc. (5) ¿No es llamativo que en este punto la iniciativa la suelen tomar más bien los dignatarios políticos o la TV, pero no las plataformas de acción ciudadana? Puede ser ilustrativo en este sentido poner en Google el concepto ´Redes sociales políticas´ o ´acciones políticas en internet´ para darse cuenta que el internet puede revolucionar la intervención política del ciudadano porque es accesible a todos a costo casi cero. Para ello basta superar la propia comodidad recortando el tiempo que se dedica a mirar la TV.

Finalmente, no se puede olvidar la enorme importancia y la realidad del Estado de Derecho (6), cuyas instituciones han permitido siempre una serie de garantías eficaces en favor del ciudadano. El cuerpo jurídico de leyes, que tienen como cabeza la Constitución, se ha revelado muy positiva, sobre todo mediante la introducción del principio de la división de los tres poderes: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Pero al mismo tiempo hay que decir, que sólo el Derecho no hace un buen gobierno. Hace falta, como decíamos arriba, buenos gobernantes, que entiendan su trabajo como una vocación de servicio.

A pesar de todos los defectos de la democracia, es precisamente y sobre todo el Estado de Derecho el que ha permitido un gran progreso en todo el mundo. Es interesante constatar que los países más ricos son los que más en serio cultivan un Estado de Derecho, aunque la función democrática tenga siempre grandes defectos y sea objeto de todo tipo de abusos. Tantas veces ha sucedido que un país ha ido bien durante un periodo de malos gobernantes, sobre todo gracias al Estado de Derecho y a sus instituciones.

En conclusión, la democracia ¿acaso no es más que una técnica formal de elección de los gobernantes, de forma directa o indirecta, sin garantía alguna de que éstos lo harán bien en sus cargos? Las promesas preelectorales y los idearios políticos cara al futuro suelen tener como fin sólo la captación de votos. Es muy probable que un rey hoy, si es buena persona y se ha sabido rodear de un buen equipo, lo haría mejor que un gobierno democrático que no esté a la altura de sus funciones desde el punto de vista ético o técnico.

Otra alternativa podría ser la elección de un grupo de ciudadanos de reconocida solvencia moral y profesional, para confiarle toda la gestión del poder ejecutivo, que a su vez podría ser confiada en parte a una empresa auditora internacional que esté en condiciones de administrar el bien común de forma análoga a cómo se dirige una gran empresa, según criterios tecnocráticos, buscando la máxima eficacia con el mínimo de costos. El régimen del Estado de Derecho marcaría sus funciones, facultades y límites. El control de su gestión podría estar vigilado por un poder ejecutivo y por el judicial, especialmente preparado para esta función. Así, el pueblo tendría que elegir sólo a los miembros de las cámaras legislativas, que a su vez podrían nombrar al presidente –poder ejecutivo- y a los miembros del poder judicial. Este sistema sería muy austero, lo cual a su vez permitiría reducir los impuestos e impulsar la actividad económica. La gran ventaja de los servicios de una auditoría extranjera, como brazo ejecutor del poder ejecutivo, estaría en la anulación de favoritismos y en la racionalización máxima de la administración pública, que así resultaría mucho menos costosa.

Un Estado cuyos gobernantes no reconocen de hecho los Derechos Humanos ni la dignidad del hombre, ¿serán capaces de promulgar Leyes justas? Igualmente, un Estado que no respeta a la Iglesia y a las demás agrupaciones religiosas, probablemente no podrá contar con ciudadanos bien formados en su conciencia, lo cual tendrá consecuencias nefastas en todos los órdenes de la convivencia social.

Un Gobierno que no proteja a la familia no aseguraría la buena educación afectiva y moral de los hijos. Además, tiene que respetar el principio de subsidiariedad en virtud del cual, el poder constituido debe dar siempre preferencia a las iniciativas de los ciudadanos, en materias donde el Estado puede y debe fomentar la intervención a los grupos intermedios, en sectores tales como la de educación, la protección de la familia, los asuntos laborales, el deporte, la salud, el transporte público etc. Este respeto a la iniciativa ciudadana tiene que ir unido a una función reguladora de condiciones mínimas y a una política de subvención, que al final al Estado le resultará menos costosa que hacerlo todo él mismo, sin contar con la base.

Es decir, el Gobierno y todo el aparato estatal tiene que tener, como único fin, promover el bien común del pueblo. Esto parece que no lo tiene muy claro el Estado actual en algunos países, porque se observa una clara tendencia a querer hacerlo todo él mismo, considerando a los ciudadanos como una especie de ganado que cada año se tiene que dejar esquilmar fiscalmente, absorbiendo mediante los impuestos hasta el 50% de los ingresos de sus súbditos (individuos y corporaciones). Además, esta actitud del Gobierno frena la iniciativa individual en sectores que no tienen un fin inmediato de lucro (apoyo a la familia, educación, salud, deporte, cultura etc.), cercenando en parte la libertad individual y la de los grupos intermedios.

La corrupción (7)

La organización ´Transparency International´ publica regularmente el rango de corrupción de casi todos los países del mundo. Excepto Suiza y países nórdicos, donde es muy baja, ningún país se salva de esta lacra, que adquiere perfiles catastróficos en África, Asia, América Latina y no pocos países europeos. No se salva ni USA ni Alemania. Cuanto más rico y culto es el país, su corrupción -aunque sea menor- es más sutil y sofisticada: en vez de robarse dinero mediante porcentajes sobre la adjudicación de compras del Estado, la corrupción ´soft ´ puede consistir en el juego de influencias para lograr cargos académicos o en las empresas autárquicas del Estado, en el tráfico de información privilegiada, en favoritismos encubiertos etc.

Al final de la lista negra de los 176 países de ´Transparency International´ figura Afganistán, Corea del Norte y Somalia. Suiza está muy arriba, en el sexto rango, Alemania en el décimo tercero, USA en el decimonoveno y Francia en el rango 22. Luego está Italia en el rango 42, España y Portugal en el ´campo medio´, por encima de los países del Europa del Este. Muy abajo está Colombia y Grecia. Las formas de corrupción llegan en algunos Estados hasta la conspiración criminal, por ejemplo, en el tráfico de drogas y en la compra de jueces. Una forma de corrupción es no querer verla, que es lo que quizás pasa en la Unión Europea, en relación al reparto de las subvenciones que otorga a los Estados más necesitados de ayuda. ¿Podría ser verdad lo que piensan algunos, que confiar grandes fondos al Estado para su reparto, es el modo cómo la UE compra la anuencia de los gobernantes, para que apoyen siempre sus iniciativas y decisiones?

Lo que más indigna al ciudadano es que en vez de cortarse la corrupción, el Estado se empeña en imponer continuamente nuevos impuestos para poder reponer, en primer lugar, lo que se lleva el robo del dinero de todos, y sólo después se destinan la recaudación fiscal a prestaciones para los ciudadanos. Así, el Estado se degenera hacia una burocracia formalmente democrática que se aparta cada vez más del afán de servir a los ciudadanos y se convierte en fin para sí mismo. Cuando además este degeneramiento se apoya en una ideología –como la del Nacismo o la del Comunismo-, el Estado se convierte en un monstruo que termina por matar mucha gente, persiguiendo fines absurdos y sojuzgantes de la libertad y de los derechos humanos.

En este punto ¿no tendríamos que preguntarnos si acaso también nosotros, en el 2015 en Europa, no tenemos lavado el cerebro en clave materialista, porque perseguimos sobre todo el placer y la exaltación del propio ego? Hay que tener en cuenta de que estamos sumergidos en un mundo que presenta, representa y exalta el ego, el sexo, el placer, la salud y la fuerza física en una forma como casi nunca se ha visto antes. Los mass media lo difunden y potencian esta exaltación de valores falsos, hasta que el final, el hombre que viva sólo para su familia y sus hijos resulta para muchos un extraterrestre. Menos mal que quedan todavía muchísimo ´raros´ de este tipo, que son los que sostienen la buena marcha de todo y, sobre todo, aseguran el nacimiento de personas equilibradas, que a la larga son los que se impondrán y liderarán una sociedad en la que van aumentando los casos sociales permanentes (drogadictos, alcohólicos, holgazanes profundos, psicópatas y amargados), debido a la poca estabilidad de la familia, ocasionando enormes gastos sociales al Estado.

Recuerdo a este propósito lo que ocurrió en un supermercado en Zúrich, en donde la esposa de un amigo mío estaba de compras con un montón de hijos. Una señora mayor le echó una mirada despectiva diciéndole que eso era una irresponsabilidad social. La madre se plantó delante de ella y le dijo en voz alta, como para que todos lo oigan: ´Señora, cuando Ud. sea muy viejo, mis hijos le darán de comer´. A esto todo el mundo miró al otro lado como si nada hubiese oído.

Pero volvamos a nuestro tema. La excesiva burocracia favorece la corrupción. Un buen ejemplo de gran aparato burocrático es España, donde las funciones públicas están organizadas a nivel nacional, regional y comunal. Y al lado de su enorme costo, está el problema del despilfarro. Todas las autoridades científicas en la materia coinciden en que cualquier asunto que hace el Estado resulta siempre más caro que si lo hiciese el sector privado. Esto está dando lugar, sobre todo en USA e Inglaterra, a privatizaciones de funciones que por su propia naturaleza no tiene porqué llevarlas directamente el Estado, como cárceles, colegios, escuelas, ferrocarriles, líneas aéreas, energía y gas, atención a la salud, fondo de pensiones, recogida de basuras etc. Al concesionar estos sectores a empresas privadas, el Estado sólo tiene que exigir unas condiciones y garantías mínimas.

Se dice que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Ciertamente, esto suena cruel e injusto, pero en el fondo tiene algo de verdad, porque al fin de cuentas los funcionarios públicos se portan éticamente como todos los demás ciudadanos, con la diferencia de estar en ocasión fácil y tentadora de enriquecerse injustamente. Para comprender la corrupción hay que admitir que en todos los hombres hay una tendencia al mal. En virtud de su alta perfección como ser racional y libre, se abre ante él el camino de la virtud y del bien, o el de los vicios y del mal. Algunos animales matan para comer, pero sólo lo suficiente para saciar su hambre. Ningún animal es capaz de acopiar en este sentido reservas, porque el vicio de la codicia sólo es posible en el hombre. De lo contrario no habría ese maravilloso equilibrio en la naturaleza, porque todo se hundiría, hasta que al final, ni el león, ni el tiburón podrían sobrevivir porque no habría reproducción y nueva vida. Pero el hombre tantas veces no se contenta con lo que tiene.

Por tanto, pregunto a los lectores: ¿De dónde viene ese ´chip´ o inclinación al mal en el hombre? , que suele tener más fuerza que la inclinación al bien, si el individuo no ha recibido una formación de su conciencia. ¿Por qué ninguna ciencia ha sabido explicar esto racionalmente? Este problema no deja de ofrecer rasgos misteriosos. Casi todas las religiones tienen todo tipo de prácticas y ritos purificatorios del mal en el hombre. Parece que la revelación judeo-cristiana es la que más acertadamente ha identificado y explicado el origen de esta inclinación al mal, como consecuencia del pecado original.

Las formas de corrupción son muy variadas. Recuerdo que en los años sesenta, durante mi carrera de Derecho en Asunción, Paraguay, trabajaba como el secretario personal de un alto funcionario alemán, que tenía la misión de adjudicar a empresarios una ayuda del Estado Alemán a la pequeña y mediana industria. Una vez vino a verme un interesado en obtener una financiación importante. Tenía el prejuicio de que tenía que sobornarme con todo tipo de ofertas como viajes en su avión, fiestas, dinero etc. Ante mi negativa se me acercó y me dijo casi al oído: ´ Pero Sr. Kopa, ¿acaso todos no tenemos nuestro precio? ¿Cuál es el suyo? ´

Las formas más burdas de corrupción, como las hay todavía en no pocos países menos avanzados, es meter la mano en la caja del Gobierno para repartir entre unos pocos, que luego lo sacan del país. Esta forma corresponde a una mentalidad de cacique, que se considera dueño absoluto de vida y hacienda de sus súbditos. Por ejemplo, en Nigeria, desde 1960 hasta 1999 han desaparecido del Estado Nigeriano 400 mil millones de USD. Y una investigación de la Universidad de Massachusetts ha descubierto que entre el año 1970 y 1996, la fuga de capitales en los países subsaharianos – los más pobres del mundo- ha sido de 187 mil millones de USD. En ambos casos era el dinero procedente de la venta de petróleo o de otras riquezas naturales.

Durante décadas, en los medios se culpaba a los países ricos de la pobreza de los países en África, Asia e Hispanoamérica, debido a su colonialismo económico. Pero la causa principal de esa pobreza ha sido siempre la corrupción del propio gobierno, dejando en la miseria a la propia gente, no queriendo crear condiciones legales estables para atraer la inversión extranjera. Recuerdo cómo en el Paraguay, donde viví desde mis tres hasta mis veinticinco años de edad, nunca había dinero del Estado para asegurar un desarrollo mínimo del país debido a la gran corrupción de los gobernantes. Pero últimamente esto ha cambiado para mejor.

En los últimos anos estamos viendo, horrorizados, cómo la incapacidad de gobiernos del Oriente Medio y de África lleva a cientos de miles a emigrar en barcas miserables a tierras y países donde esperan un futuro mejor. Y los gánsteres que organizan la travesía cobran a cada uno miles de dólares, con el agravante de que tantas veces hacen que la barca no pueda llegar a su destino, lo cual está suponiendo una siembra de cadáveres en el mar y un crimen que clama al cielo.

Toda corrupción es a su vez corrompedora, porque provoca y exige la complicidad del silencio de otros funcionarios públicos. Y la ley no escrita que ´regula´ estas maniobras es la de hoy tú, mañana yo. En mi vida profesional conocí casos en que personas honradas, incorruptibles, que en vez de ser estimadas por no querer cooperar en el mal fueron destituidas de su cargo público. En esta situación, no pocas veces el hombre honrado pasa a ser el indeseable, el tonto entre los gánsteres políticos, quien, al no tener tantas veces apoyo en la ciudadanía, es un gran valor humano y político que se expulsa de las funciones públicas.

¿Cómo cobra el gobernante corrupto? En Chequia, en los últimos anos la Policía cogió a varios ´con las manos en la masa´. Pero lo ´prudente´ es recibir el dinero en una cuenta bancaria fuera del país, o, en casos de menor cuantía, la corrupción puede consistir en el pago de unas vacaciones caras, o en la compra de una casa muy por debajo de su precio de mercado etc. Menos mal que el Gobierno en Chequia está combatiendo la lacra de la corrupción. La gente de la calle le sabe sacar a esto una punta humorística diciendo que el kilómetro de autopista checa cuesta el doble que en Alemania y dura la mitad.

Finalmente hay que decir, que el empresario que sufre pasivamente la corrupción, aceptando a pagar su precio, no cometería un acto moralmente reprobable si de otra manera no pudiese mantener a flote su empresa ni el trabajo de sus empleados. Además, cuando se sabe que una parte importante de los competidores están también dispuestos a pagar, o incluso han cometido la barrabasada de tomar la iniciativa para comprar de antemano una decisión del funcionario público, la cosa se complica aún más. Aquí sólo cabe hacer un juicio ante el caso concreto.

La confiscación y la evasión fiscal

El promedio de la carga fiscal global en los países de la OCDE, incluyendo los impuestos indirectos, se sitúa en el 48% (8), lo cual significa que prácticamente la mitad del año, todo empleado y todo empresario trabaja casi la media parte del ano para mantener al Estado, del cual revierten, lógicamente, prestaciones, que son sin embargo desproporcionadas al sacrificio que hace el ciudadano. Y en esta carga fiscal personal y corporativa no se incluyen las tasas –que son prestaciones del Estado pagadas-. ¿Tiene alguien noticia de que esta carga fiscal creciente haya sido alguna vez llevada a votación? Excepto Suiza y otros pocos sitios, donde este tema pasa por el filtro del referéndum, que yo sepa los grandes países han ido apretando el torniquete fiscal, sintiéndose legitimados a ello por su mandato político, siendo en la mayoría de los casos el poder ejecutivo el que aumenta los impuestos, sin apoyatura directa alguna en la voluntad del pueblo elector. Pregunto al lector: ¿Por qué será que el referéndum es rechazado por los políticos como el agua bendita por los demonios? ¿No será porque los gobernantes temen la participación directa del pueblo en los asuntos fiscales? La mayoría de los pensadores académicos en este sector sostienen que una carga fiscal excesiva se convierte de hecho en una confiscación. Las diferencias entre los diversos expertos sólo están en el porcentaje desde el cual se puede hablar de confiscación: algunos desde el 30%, otros a partir de algo más, según las prestaciones del estado y otros factores.

Este nivel confiscatorio deja al ciudadano un margen de libertad muy estrecho para que él mismo, como miembro activo de los grupos intermedios (fundaciones, asociaciones, thinktanks etc.), mantenga además con su dinero iniciativas en el sector educativo u otros, que el estado no cubre con su propia gestión, que es siempre más cara y, sobre todo, no puede tener en cuenta el deseo del ciudadano ni respetar óptimamente sus opciones religiosas o culturales. ¿No es injusto que, en este punto, la política de subvenciones de las iniciativas ciudadanas suela tener la fuerte impronta del interés del gobierno, que quiere controlarlo todo? ¿No es esto una clara reliquia del estado absolutista, que lo creíamos totalmente superado?

Donde más se manifiesta esta tendencia abusiva es en el sector educativo, porque la mejor forma de tener ciudadanos-corderos, que ciegamente sean obedientes al ´gran hermano´, es mediante el currículo de materias en el ciclo primario y secundario. En este sentido, una extraña ideología que viene impuesta desde la UE, se manifiesta en el enorme ´pressing´ por introducir la iniciación sexual ya en la escuela primaria, a niños y niñas desde los 9 años de edad, sin consulta previa a los padres, quienes son la única y máxima instancia respecto a la educación de sus hijos. ¿No resulta en este contexto muy indicativo el que los regímenes totalitarios, de tristísima memoria, hayan pretendido monopolizar totalmente la educación de los niños mediante guarderías estatales y un currículo escolar que tenía como fin distanciar al niño de sus padres para formarlo como un instrumento útil para los intereses políticos del estado, ensenándoles incluso a delatar a sus padres?

Lo ideal sería que una institución pagada por los ciudadanos se dedicase a auditar jurídicamente la legitimidad de los miles y miles de reglamentos que emanan las diversas reparticiones del Estado, no sólo en lo que toca a los impuestos. En ciertas constituciones se prohíbe al estado aumentar la carga fiscal sin una autorización del soberano, es decir, del pueblo elector. El resultado de este control sería que el estado tendría que restituir todos aquellos impuestos y contribuciones que no tuviesen fundamento directo o indirecto en la voluntad del pueblo.

En Suiza se distinguen dos conceptos: la ´Steuerumgehung´ es evitar impuestos dentro del marco legal, lo cual sería la elusión fiscal. En cambio, la ´Steuerhinterziehung´ es la evasión fiscal que sólo es punible cuando se basa en declaraciones fiscales falsas con ánimo de engañar. Cuando no se dan tales condiciones, que tiene que demostrar el Fisco, sólo cabe aplicar una multa, porque el hecho se considera ´Kavaliersdelikt´, o delito de caballeros.

Hace dos mil años, los impuestos se cobraban más bien a los extranjeros en las regiones conquistadas y sometidas a la propia autoridad. En la Edad Media se exigía el diezmo, es decir el 10% de la cosecha o de la cría de ganado. La revolución industrial desde principios del s. XIX dio lugar a la aparición de las empresas y del empresario capitalista. La mecanización de la agricultura dejó sin trabajo a la gente del campo, que no tuvo más remedio que afluir a las ciudades y trabajar a sueldo en las fábricas. Al mismo tiempo se perfilaba el Estado moderno como organización jurídica de una o varias naciones. Desde entonces el Estado comenzó a construir vías públicas, puentes, ferrocarriles (ya entonces este sector era excepcionalmente privado, como en los USA) y a tener un ejército de mayores proporciones.

El progreso tecnológico hizo que el Estado asumiera cada vez más y más funciones (sanidad, fondo de pensiones, educación pública obligatoria), requiriendo una contribución fiscal cada vez mayor al ciudadano. En el siglo XIX había grandes injusticias sociales, que fueron poco a poco mitigadas gracias también a las encíclicas sociales ´Rerum Novarum´ y, cuarenta nos después la ˇQuadragesimo Anno´, en la que se inspiró directamente Adenauer, el presidente del Gobierno Alemán de la postguerra, para organizar el aparato público de prevención social, al inicio de los años cincuenta. A su vez, este sistema fue luego fuente de inspiración para muchos otros países.

Hoy, como se dijo anteriormente, el promedio de carga fiscal total de los países de la OCDE está llegando ya al 48% sobre los ingresos individuales y corporativos. Esta carga incluye los impuestos directos e indirectos, pero no las tasas. Hace años que los ciudadanos rechazan este altísimo nivel, protestando de hecho a través de la economía sumergida y la elusión o evasión fiscal legal e ilegal. Las corporaciones aprovechan todas las posibilidades legales para de evitar parte de los impuestos mediante estrategias de estructuración de la empresa. Una buena parte de los 6 millones de abogados en los USA se dedican a la así llamada ˇtax shelter industry´ o industria de protección contra los impuestos. Esta oposición a los impuestos está fuertemente incentivada por la corrupción, el despilfarro y por las prestaciones relativamente pobres del Estado. Pregunto al lector: ¿No resulta confiscatorio un impuesto del 48 por ciento en Europa? ¿Nos devuelve realmente el Estado estos impuestos con prestaciones a las que tenemos derecho?

La realidad es que encima de esta carga fiscal, la administración pública no desaprovecha ninguna ocasión de encuentro con el ciudadano para cobrar: por aparcar el coche, por utilizar una autopista, por dar validez a ciertos documentos y registros, por utilizar medios públicos de transporte, por estudiar en universidades estatales, por respirar etc. ¿No será que una gran parte de los ciudadanos nos hemos ido acostumbrando a que el más mínimo servicio del Estado sea por pago in situ? ¿Entonces, en que se gasta ese 48% de carga fiscal? ¿No será que todo se va en el mantenimiento del aparato burocrático? Lo cierto es que al Estado le gusta cobrar doblemente en virtud de reglamentos y ordenanzas, que nunca hubiesen sido aprobadas en un referéndum u otra forma de aprobación directa del ciudadano. Y capítulo aparte son en este sentido las empresas autárquicas del Estado, que trato más adelante.

Es un fenómeno relativamente nuevo el que los Estados formen alianzas de todo tipo con los otros Estados. Las organizaciones más conocidas, en este sentido son la Unión Europea, la OCDE, la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) y el Fondo Monetario Internacional. En el plano fiscal, los cientos de Estados tienen tratados bilaterales unos con otros, que tienen como fin principal evitar que sus contribuyentes paguen doble impuesto por el beneficio obtenido en sus inversiones fuera de su propio país. Pero a estos tratados se han agregado, en los últimos anos, medidas y condiciones de intercambio automático de informaciones de relevancia fiscal, con el fin de atrapar al ciudadano que no hubiese declarado el dinero que tiene fuera del país, como si fuese siempre un crimen.

La OCDE está exigiendo este intercambio sobre todo a los grandes centros financieros como Londres, Zúrich-Ginebra, la zona del Caribe, Luxemburgo, Singapur etc., so pretexto de combatir el crimen organizado y el terrorismo. Pero ¿no será que el motivo principal es raspar los ingresos que generan los trillones de Euros que se mueven fuera del alcance del fisco? Así, mediante amnistías fiscales, hasta finales del 2013, algunos países europeos como España han conseguido cobrar impuestos adicionales por 307,84 millones, Alemania 551.50 millones y los demás países de la EU 203 millones de Euros. Tales amnistías no hacen más que enseñar el garrote de la prisión al ciudadano que no declara los activos que tiene fuera de su país. A pesar de esta amenaza, hay países donde la mayoría de sus ciudadanos con dinero fuera no se han acogido a las amnistías, por diversas razones como la falta de confianza en el fisco, o el temor a quedar fichados como evasores y tener que sufrir ciertas consecuencias toda la vida.

Una vez, un periodista suizo había abierto cuentas bancarias en varios bancos alemanes, diciendo que así quería esconder su dinero ante el fisco suizo. Gran sorpresa: los bancos alemanes les acogieron con los brazos abiertos, aclarándole que no es asunto del banco preocuparse por su situación fiscal. Además, le aseguraron que el fisco alemán tampoco se interesa por tales casos. Sin embargo, esta actitud contrasta con la campaña del fisco alemán contra Suiza para que ésta le dé información sobre las cuentas de alemanes en bancos helvéticos.

Algo análogo pasa con USA, que es el adalid del ´pressing´ contra los demás países para que en sus bancos se aplique la ley americana, que obliga a los sujetos americanos a declarar todos sus activos fuera de los Estados Unidos. Esta presión es especialmente dramática sobre Suiza y algunos de sus bancos, que han tenido que ir pagando multas billonarias, que fueron exigidas una y otra vez, para la cancelación de procesos judiciales en USA. Pero también han tenido que sangrar grandes bancos americanos y algunos europeos, siempre debido al supuesto delito de cooperación a la evasión fiscal de sus clientes de USA.

La moral fiscal de doble fondo la vemos también en USA, donde los Estados de Wyoming, Nevada y sobre todo Delaware tienen leyes que amparan el secreto bancario y profesional hasta tal punto, que en estos tres Estados se han registrado hasta ahora unas 800.000 sociedades off-shore genuinamente americanas, que operan en todo el mundo primordialmente en el sector bancario y financiero. Al igual que una sociedad en las islas Caimán o en Panamá, no pagan impuestos en los USA sobre sus beneficios, si el titular no es una persona obligada a pagar sus impuestos en USA, si los directores no son americanos y si los negocios se hacen fuera del territorio de los USA. Pero lo que más flagrantemente se opone al puritanismo fiscal americano, es que en esos Estados a veces ni siquiera hace falta declarar al titular físico de una corporación. Basta declarar que no es americano o que es una sociedad off shore. Además, esos tres Estados americanos nunca darán información fiscal a Estado alguno.

Como se puede ver a propósito de Alemania y USA, hay una doble moral fiscal que los iniciados en el mundo financiero lo saben aprovechar en su favor. En realidad, en los USA hay dos regímenes legales autónomos: el federal y el estadual, y este último no puede ser cambiado sin más por el Gobierno Federal. Y en Delaware son legión los abogados y demás profesionales que viven muy bien manteniendo y dando servicios a esas 800.000 sociedades que bien pueden tener muchos trillones de USD de patrimonio, invertidos en USA y en todo el mundo, desde los bancos de esos tres estados, que hoy por hoy son el refugio más seguro para dineros que buscan discreción y buen servicio.

Las medidas drásticas de reducción de la evasión fiscal se están convirtiendo en una especia de ˇpersecución de la bruja´, tratándose al ciudadano presuntamente evasor como a un criminal de la peor especie. Lógicamente que entre los evasores ilegales hay criminales, como las ovejas negras que nunca faltan en cualquier área de la actividad humana. Pero el ciudadano que tiene unos ahorros para su familia, que se los ha ganado honradamente, tiene derecho al buen trato, equitativo, que supone entrar en su piel y comprender su situación. Pero como esta delicadeza no puede esperarse de los funcionarios públicos; la mayoría se siente tratada injustamente, sobre el trasfondo de la corrupción y del despilfarro del Estado. El que alguno tenga más de medio millón de Euros ya de por sí es algo sospechoso, según el juicio de muchos periodistas que se las dan de predicadores de un nuevo orden social. Que los medios de producción estén en manos no estatales es precisamente la quintaesencia de un sistema democrático de economía libre y abierta.

¿Es por tanto pensable una democracia sin la libertad de trabajo y de sacar el propio dinero fuera del propio país sin pedir permiso al Estado, o retenerlo en el extranjero, sin la libertad de tener proyectos empresariales? Ciertamente, los impuestos hay que pagarlos y obligan a todos por igual. Pero a la vez hay que tener en cuenta que el dinero que sale de un país ya ha pagado sus impuestos, en la mayoría de los casos, y sigue invertido en bien de la economía global, buscando precisamente un empleo lo más racional posible en bien de todos. Algún día la globalización cambiará la forma de pensar de los funcionarios fiscales, cuando se den cuenta, de que, si el Estado combate en serio la corrupción y la devaluación de su moneda, promoviendo a la vez una política estable de impuestos razonables, el dinero que ha salido vuelve sólo, primero el de los propios ciudadanos y al mismo tiempo vendrá también el dinero de los inversores extranjeros. Ahí tenemos el ejemplo de Eslovaquia, de Suiza, Chequia etc. etc. Incluso podría mencionar aquí a Grecia, que tiene bien aprendida la lección de adónde lleva la corrupción y el despilfarro.

Realmente, desde el 2008, la crisis económica está dando lecciones a todos los países, de una u otra manera. Los países líderes del norte de Europa están digiriendo el problema del endeudamiento excesivo de los bancos y del Estado. Sobre este punto diré algo más adelante. En cualquier caso, nunca como hoy toda la economía mundial se parece a un laboratorio donde se hacen diversos experimentos, que lleva de tanto en tanto a explosiones, humaredas y estremecimientos. Casi todo lo que se tenía como firme en las teorías y enseñanzas sobre el Estado y la Economía se está tambaleando, surgiendo así nuevos pensadores y nuevas soluciones. La dialéctica entre Hayek y Keynes (10) todavía nos va a entretener un buen rato, mientras que la vida sigue su delicioso curso en un mundo bien abastecido, donde no faltan los pequeños lujos que todos se pueden permitir y que ayudan a esperar tiempos mejores, que quizás nunca llegarán.

La gran mayoría de los ciudadanos condenan en Europa la carga fiscal excesiva, ante la cual – pregunto al lector- ¿no es comprensible que opongan una resistencia pasiva mediante la evasión y elusión fiscal, que en la conciencia del ciudadano se legitima por el sentido común y por la ley natural? Ante impuestos excesivos, al ciudadano se le ofrece una única opción totalmente legal y limpia de no pagarlos: la del traslado a otro domicilio fiscal más ventajoso. Así, cientos de miles de empresarios europeos –sobre todo alemanes-, generalmente personas profesionalmente muy cualificadas, en los últimos treinta años se han ido a vivir a España, al Caribe o a cualquier otro sitio de alta calidad de vida. El caso más claro que tengo delante es el de mi hermano, quien después de su jubilación como médico de prestigio, en el 2012 vendió su casa de campo en Baviera, metió su Mercedes y sus cosas en dos contenedores de 46 m3 y se mudó definitivamente a un pueblito sobre la laguna de Chapala, en Méjico. Lo que ha hecho es desmarcarse fiscalmente en Alemania, tomando residencia permanente en su nuevo país, donde me dice que un Euro tiene una capacidad de compra tres veces superior que en Alemania y a la vez no está obligado allí a pagar impuestos sobre su pensión de jubilación. Aquella zona de Méjico está llena de norteamericanos, canadienses y europeos.

De esta sangría de capital humano no se habla ni se escribe mucho. En Alemania el Fisco ha llegado al colmo –como acabo de decir- de gravar fiscalmente las pensiones de la vejez. En Hungría hace no mucho todos los fondos de pensiones pasaron a manos del Estado, en virtud de una Ley ad hoc. Estos dineros son nada menos que el producto del ahorro forzoso a que fue sometido el ciudadano muchos años atrás, también en virtud de una Ley. Y no sigo con otros países donde también han tocado el ahorro de los ciudadanos para la vejez. Y a esto se suma la devaluación monetaria que, al final, podría dejar a los pensionistas en una situación de injusta pobreza.

¿No es otra forma de protesta, contra la horca caudina del fisco, la economía sumergida? De no haber una importante economía gris en España, que se estima en un 25% de su PIB, los españoles ya estarían pegando tiros en la calle: esta es la opinión de muchos españoles que en el 2014 llegaron a una desocupación del 25%, con el agravante de que éste índice se situaba en el 50% en relación a la gente joven, tantas veces con un título universitario. Y una buena parte de la culpa de todo esto la tienen los gobernantes responsables de dirigir la economía, porque no han sabido reconocer a tiempo las consecuencias de la burbuja inmobiliaria. Y también siempre, una buena parte de la culpa recae sobre la codicia los propios ciudadanos, que se han querido enriquecer gracias a la inexplicable largueza con que los bancos les daban dinero para comprar inmuebles, en parte sin exigir contrapartida propia.

Las grandes empresas tienen también sus defensas ante el Fisco, que son mayores que las de las empresas pequeñas, siempre conforme a la Ley. Algunas de esas defensas son el ´outsourcing´ de la producción a otro país con menos costo laboral y menos impuestos. Un ejemplo típico en este sentido son las empresas que han abierto sucursales en la República Checa, en la China o en cualquier otro país con costos e impuestos menores. Luego está el ´outsourcing´ del know how, de servicios, de compras etc. que permite alocar una parte importante de los beneficios empresariales en países con fiscalidad menor. Así, por ejemplo, una multinacional alemana ha logrado en 2013 reducir su carga fiscal al 9%, en lo que se refiere al impuesto directo sobre el beneficio, ahorrándose casi dos tercios de lo que teóricamente tendría que haber pagado.

Sin embargo, el ´outsourcing´a la China van declinando e incluso se está produciendo el fenómeno inverso del ´reshoring´, que significa el retorno de la producción descentralizada a su país de origen, o a otro país que ofrece costos más bajos que la China, como por ejemplo Vietnam o la India. Hay todavía otra forma de ´outsourcing´o descentralización, que permiten las comunicaciones por internet; se trata de trabajos que pueden ser hechos en casa delante de la pantalla. Esto da lugar a la generación de servicios que en parte se pagan sin facturas, con dinero efectivo o mediante abono a una cuenta bancaria en un tercer país (es un caso típico de economía sumergida).

Otra forma de drenaje legal de beneficios de las empresas, a veces, es el pago de altos intereses por financiaciones obtenidas de un banco propio residente en un paraíso fiscal. Y lo que llama la atención es que el Estado no puede ponerse duro con una tal empresa porque mantiene miles de puestos de trabajo, y porque el traslado de su residencia fiscal podría también suponer no sólo una pérdida fiscal importante sino incluso dejar en la calle a muchos trabajadores. Por tanto, ante las grandes empresas, el Fisco no tiene más remedio que hacer la vista gorda, al menos hasta cierto punto. Si una empresa grande no emplease todos los medios para reducir legalmente su carga fiscal, no podría afrontar la presión de sus competidores, y por tanto se hundiría, dejando en la calle a miles de empleados.

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Details

Seiten
80
Jahr
2018
ISBN (eBook)
9783668803138
ISBN (Buch)
9783668803145
Sprache
Spanisch
Katalognummer
v437483
Note
Schlagworte
publica estado

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Titel: Res Publica