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Categorías a la calidad de la gestión de la Universidad o discriminación social solapada. Un problema latente en el Ecuador

Diskussionsbeitrag / Streitschrift 2020 13 Seiten

Leseprobe

Resumen

En el presente artículo focalizamos preponderantemente una problemática latente en la plataforma psicológica, sociológica, ética y política de nuestras universidades, a saber, el hecho de la categorización de la gestión de la calidad universitaria, traducidas en las letras D, C, B y A, por las cuales se ha de entender, consecuentemente, el status social que la casa de altos estudios ocupa en la sociedad ecuatoriana producto de su gestión profesional en el sentido de la academia, la investigación y la vinculación, pero que consciente o inconscientemente, solapado o explícito, propugna determinados enfoques de carácter discriminatorio en la comunidad profesional y estudiantil de aquellas.

De ahí que pongamos de relieve la contradicción inexorable que florece entre la tendencia de nuestra sociedad a la inclusión, en todas sus facetas posibles, y la discriminación que a ella subyace, pero que pugna por ser desterrada de nuestra visión general como grupo social que progresa a formas superiores de convivencia e igualdad.

Palabras clave : acreditación, categorización, discriminación social universitaria, exclusión, integración, universidad

Title: "Categories to the quality of university management or social discrimination undermined? A latent problem in Ecuador "

Abstract

In the present article, we focus predominantly on a latent problem in the psychological, sociological, ethical and political platform of our universities, namely, the categorization of university quality management, translated in the letters D, C, B and A, by which it is necessary to understand, consequently, the social status that the houses of high studies occupy in the Ecuadorian society product of its professional management in the sense of the academy, the investigation and the bondage, but that consciously or unconsciously, overlapping or explicit, advocates certain approaches of a discriminatory nature in the professional and student community of those.

Hence we highlight the inexorable contradiction that flourishes between the tendency of our society to inclusion, in all its possible facets, and the discrimination that underlies it, but which strives to be banished from our general vision as a social group that progresses to higher forms of coexistence and equality.

Key words: accreditation, categorization, social discrimination, exclusion, integration, university

Introducción

Para nadie debe resultar un secreto que los aires de fraternidad, libertad e igualdad, proclamada por la fallida Revolución francesa de 1789, es un hecho que deja aún sus ecos latiendo y abraza a todos con clemencia en aras del progreso humano. Y es que la humanidad, encubierta o explícitamente, no cesa en sus ansias de alcanzar la dignidad plena del hombre y su igualdad moral.

Las formas de conciencia social, preponderantemente la religiosa –o atea--, la política –o apolítica-- y la ciencia –o lo empírico--, han abocado al ser humano, durante la civilización, como estadio contemporáneo de su desarrollo, a múltiples hechos que no tienen parangón en su historia, sobre todo, a lo que a ética o moral atañe. La conciencia, atributo solo inherente al ser humano, espolea sin ambages cualquier posición de partido que las personas en su arduo y cotidiano bregar asumen y que, en consecuencia, defienden, a veces a ultranza, llegando a entregar lo más valioso que como ser humano poseen: la vida. No resulta ocioso que muchos nos preguntemos entonces, ¿es la conciencia el mejor de los atributos que como personas poseemos? Asimismo, la conciencia no tiene otro canal de expresión que no sea el lenguaje hablado o escrito, pero que sin lugar a duda puede trasmutar y trocar una idea relevante en proyectos de vida quiméricos y simulados. La verdad solo se revela a través del método, pero este es, por antonomasia, una forma de existencia de la conciencia instrumental. De tal suerte que nuestros actos de sesgo moral se ven sostenidos y apoyados, en última instancia, por ese tipo de conciencia, que nos impele a la acción tras objetivos también conscientemente formulados.

No desearíamos equivocarnos al considerar la idea, con arreglo a la cual todos nuestros pensamientos son discriminatorios. En efecto, la selección de un objeto o de una persona dentro de un grupo de relación, resulta incuestionablemente discriminatorio. Y eso se debe a una de las funciones privativas de la conciencia: la selectividad. Por otra parte, la conciencia no solo selecciona, sino que valora. Y esas dos funciones la conciencia las cumple incansablemente, momento tras momento de nuestra vida en vigilia. Si la necesidad de organizarlo todo la añadimos a las funciones mencionadas y la discriminamos como primera, entonces ellas tres hacen de la conciencia un fenómeno psíquico completa y definitivamente implicado con nuestra vida moral. No cabe duda.

Todo esto trae a colación el hecho de la categorización de las universidades en el Ecuador y su relación con determinadas formas de discriminación que aquella indudablemente genera, pensamos. En este sentido, no resultan ociosas preguntas de rigor, tales como: ¿qué entender por discriminación?, ¿qué formas de discriminación existen?, ¿cuáles son las formas de discriminación social?, ¿es necesario categorizarlo todo?, ¿cuál es la razón suficiente que impele a los órganos de poder a categorizar a las universidades en nuestro país?, ¿moda o exigencias de la Educación Superior?, ¿qué beneficios reporta la problemática de la categorización de las universidades como consecuencia?, ¿qué problemas sociales podría enmascarar dicho proceso?, ¿cuál es la relación de la categorización de la Universidad ecuatoriana con la problemática de la inclusión y la integración a la casa de altos estudios?, ¿a qué posición psicológica se aboca el estudiante que intenta ingresar en los estudios de tercer nivel? Sobre el particular, nos detenemos en el presente artículo.

Desarrollo

Antecedentes de la problemática. El acceso y admisión a la Universidad: una posición elitista y, por ende, discriminatoria

No se hace difícil advertir que los cuestionamientos arriba formulados no datan de la contemporaneidad, sino que son expresión de una pléyade social que arrastra desde otras épocas la misma connotación de selectividad, haciendo florecer, por antonomasia y sin ambages, el hecho de la discriminación social que, sutil o explícitamente, danza al ritmo de cada época.

Este hecho de extremo valor social es referido por investigaciones científicas recientes, en las que se pone de manifiesto que el proceso discriminatorio en el salón de clases universitario comienza ya desde los procesos de acceso y admisión a la Universidad. Así, Stoner (2016) afirma …el acceso y la admisión a la universidad tienen sus antecedentes de [ sic ] la época colonial, en la que existía una gran carga de discriminación social [las cursivas son añadidas], racial y de corte religioso. El Seminario de San Luis es uno de los precursores de las universidades ecuatorianas, donde se emiten reglamentos segregacionistas [las cursivas son añadidas] implantando [ sic ] y adaptando estándares que orientaban el futuro de la nobleza criolla de la época. (p.6)

Considera la investigadora que en su Constitución se registraba como requisito de admisión a la Universidad, primeramente, el de “…ser cristianos viejos, limpios de toda raza de moros, judíos y penitenciados por el Santo Oficio y de legítimo matrimonio…” (Espinosa, 2008; citado en Storner, 2016, p.171).

En efecto, es imposible solapar u ocultar el extremo gravamen discriminatorio que primaba en ese período, correspondiendo con la concepción definitivamente elitista de la educación propia de la época. Ello se corrobora en la cita que extraemos del texto Historia General de la República del Ecuador en 1901, cuando expresa que En el Seminario, por una ley especial, estaba prohibido recibir a los hijos de los artesanos; y los que pretendían ser admitidos como alumnos habían de acreditar primero, mediante una prolija investigación judicial, su limpieza de sangre, para lo cual era necesario probar que ninguno de sus mayores había ejercido oficio alguno; pues, según las preocupaciones coloniales, el trabajo era deshonroso y la holganza muy honorable. (Espinosa, 2008; citado en Storner, 2016, p.171)

Los antecedentes citados brevemente permiten inferir que la historia de la Universidad ecuatoriana no ha estado exenta de procesos discriminatorios desde su nacimiento, pulsados por los conflictos que generaba –y genera-- el acceso irrestricto o selectividad para el ingreso a la Educación Superior. No debe olvidarse, como lo señala Iturralde (1983), el asesinato de seis jóvenes estudiantes por parte de la policía nacional y los militares que, en señal de protesta, ocupaban la Casona de la Universidad de Guayaquil, pidiendo la abolición de los exámenes de ingreso. Fueron estos los hechos que se constituyeron en presión sobre el acceso irrestricto a la Universidad.

A estas alturas, se hace necesario focalizar, primero, las definiciones que sobre el concepto de discriminación se han elaborado en la plataforma teórica y la tipología que sobre aquel se ha generalizado en la literatura especializada, con el objetivo de someter a estricto análisis las causas que pudieran servir de base al proceso de categorización de las universidades en el Ecuador, sin ánimo de agotar definitivamente una investigación de esta naturaleza.

El término discriminación proviene del latín discriminare, cuyo significado podría ser superpuesto a las formas verbales de separar, distinguir, diferenciar. De manera que todo lo existente puede ser igualmente discriminado cuando se esgrime un criterio de selección –de discriminación. Querámoslo o no, el enfoque dialéctico, inherente a la existencia y dinámica del Universo, impone con creces esa verdad como el santasanctórum bíblico de lo sempiterno. No nos llamemos a engaño; el proceso discriminatorio es, sin temor al equivoco, una conditio sine qua non de la sucesión de todo lo existente, incluyendo al propio ser humano.

La selectividad de la conciencia, como función inherente a ella, trae aparejado la posibilidad –y necesidad— de diferenciarlo todo, con el firme propósito de adaptarnos lo mejor posible a los medios natural y social en el que vivimos. En su clásico bregar, el ser humano selecciona, por ende, clasifica y, en consecuencia, categoriza. Sin ello, la indispensable jerarquía estructural de los sistemas no existiría y la vida sería irremediablemente caótica. Para lograr orientarnos con la mayor precisión posible en el mundo de los objetos y sujetos en el que nos insertamos, necesitamos diferenciar lo uno de lo otro y, consecuentemente, soslayar determinadas cosas en aras de conseguir los objetivos propuestos.

Ahora bien, lo normal se torna agresivo, cuando se diferencia una cosa en detrimento, menoscabo y quebranto de otra. Y eso es también generado por la conciencia, por la conciencia social. La política, la religión y la ciencia son formas explícitas de la conciencia social, escudo tras el cual flamean todos los aciertos y desvaríos de la sociedad en vigilia. En el proceso de interacción social cotidiano, las personas se aproximan a muchas cosas, evitando necesariamente otras. Son congruentes con la idea anterior, las palabras del filósofo inglés William James, cuando aborda los problemas de la atención y la conciencia en el ser humano, al señalar que “…la atención selecciona y suprime: la atención es al mismo tiempo un agente reforzador e inhibidor. Si se elige una línea de pensamiento, necesariamente se rechazan otras. Si se recuerda un episodio, no se están recordando otros episodios” (James, 1907; citado en Miller, 2016, p.91). Y eso no solo es dictado por la selectividad de la conciencia, sino también por la parcialidad de lo psíquico. No es únicamente el ser humano quien se parcializa no hacia algo, sino también múltiples especies de animales lo hacen, tratando de sobrevivir en su contexto vital. Aves que migran, por la discriminación de las condiciones climáticas cambiantes; manadas que se enfrentan por la obtención del alimento; animales que mueven su cola ante el amo, mientras otros rechazan a los transeúntes de ocasión. Y todo ello está en relación directa con las posibilidades de discriminación. Pero lo cierto es que, en el hombre, esas posibilidades discriminatorias muchas veces están enfocadas al trato desfavorable e injusto contra un grupo humano determinado.

La exclusión, el menosprecio, la negación o privanza hecha por determinada persona, grupo o institución, asumiendo como criterio el color, la raza, el sexo, la religión, su origen étnico, la edad, su posición social, orientación sexual, o cualquier rasgo semejante que invalide o perjudique el reconocimiento, goce o ejercicio en condiciones de igualdad de los derechos humanos y las libertades fundamentales tanto en las esferas política, social, económica, cultural y otras, son expresiones de discriminación social.

El ejercicio discriminatorio trae como resultado el cataclismo o incumplimiento de los derechos fundamentales del hombre, perjudicando a la persona en su totalidad, en su espectro holístico individual y grupal. Quienes discriminan, destinan un trato diferencial, generalmente inferior, a los derechos y los comedimientos sociales de las personas, organizaciones y estados. Esta diferencia crea una visión distorsionada de la esencia humana y se atribuyen virtudes que los ubican en un nivel más elevado que los grupos restantes. El prejuicio a cierto tipo de comunidad hace que las personas pertenecientes a aquellas sean juzgadas a priori y rechazadas. La intolerancia, el rechazo y la ignorancia, en la mayoría de los casos, son determinantes para el surgimiento de comportamientos discriminatorios.

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Details

Seiten
13
Jahr
2020
ISBN (eBook)
9783346285089
ISBN (Buch)
9783346285096
Sprache
Spanisch
Erscheinungsdatum
2020 (Oktober)
Schlagworte
categorías universidad ecuador

Autor

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